Díaz-Canel habla de guerra psicológica pero no cuenta de la persecución contra activistas y periodistas

Díaz-Canel denuncia una “guerra psicológica” mientras en Cuba se persigue a quienes cuentan la realidad de la isla

El discurso de Miguel Díaz -Canel vuelve a apuntar al “enemigo externo”

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a colocar en el centro de su discurso político la existencia de una supuesta “guerra psicológica” contra Cuba, durante su intervención en el 24.º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, celebrado en La Habana del 7 al 9 de agosto.

El encuentro, organizado bajo el lema de defender el legado de la mal llamada Revolución Cubana y profundizar la solidaridad con la Cuba socialista, reunió a organizaciones comunistas y obreras internacionales en un momento particularmente complejo para el régimen de La Habana.

En su intervención, Díaz-Canel aseguró que Cuba enfrenta una “guerra no convencional de alta intensidad” y señaló como componentes de esa supuesta ofensiva la “subversión digital”, el financiamiento de “mercenarios internos”, las campañas de descrédito mediático y las denominadas redes de influencia.

El gobernante también vinculó estas acusaciones con informaciones difundidas recientemente por medios estadounidenses sobre un supuesto incremento de operaciones de inteligencia relacionadas con Cuba.

Según Díaz-Canel, esas informaciones formarían parte de un plan deliberado de “guerra psicológica” contra la isla.

Sin embargo, sus declaraciones chocan con una realidad que resulta cada vez más difícil de ocultar: mientras el régimen denuncia una supuesta guerra mediática extranjera, dentro de Cuba continúan las restricciones contra periodistas independientes, activistas, opositores y ciudadanos que expresan públicamente sus críticas.

 

 

Del “enemigo externo” a los periodistas independientes

Uno de los aspectos más polémicos del discurso de Díaz-Canel es la manera en que coloca dentro de una misma narrativa a las operaciones de inteligencia extranjeras, los medios independientes, las redes sociales y las opiniones críticas de ciudadanos cubanos.

Durante décadas, el Estado cubano mantuvo prácticamente el monopolio de la información pública. La aparición de internet, las redes sociales y los medios independientes alteró considerablemente ese escenario.

Hoy, un ciudadano puede grabar un apagón, denunciar la falta de alimentos, mostrar el deterioro de un hospital o contar un abuso policial y publicar ese contenido sin pasar previamente por los medios oficiales.

Ese cambio tecnológico ha reducido la capacidad del Gobierno para controlar completamente el relato sobre la realidad nacional.

Precisamente por eso, la batalla por la información se ha convertido en uno de los principales frentes políticos del régimen.

La propia CiberCuba señala que organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado detenciones arbitrarias, interrogatorios, amenazas, restricciones de movimiento, confiscación de equipos y otras formas de hostigamiento contra periodistas y voces críticas.

La palabra “mercenario” adquiere una dimensión especialmente preocupante

La utilización del término “mercenarios internos” por parte de Díaz-Canel tampoco es un detalle menor.

El Código Penal cubano contempla el delito de mercenarismo, pero la existencia de esa figura jurídica no significa que un periodista que trabaje para un medio extranjero pueda ser automáticamente considerado mercenario.

Sin embargo, periodistas independientes han denunciado durante años amenazas de la Seguridad del Estado relacionadas precisamente con esa acusación.

El problema se vuelve todavía más delicado porque el Código Penal cubano contiene otras figuras que pueden utilizarse contra personas consideradas críticas por las autoridades.

El artículo 143, por ejemplo, contempla penas de prisión para determinadas conductas relacionadas con la recepción o utilización de fondos que las autoridades consideren destinados a actividades contrarias al Estado y al orden constitucional.

También existen figuras como propaganda contra el orden constitucional, instigación a delinquir, desacato, desórdenes públicos, resistencia o atentado.

En este contexto, las palabras pronunciadas desde la máxima dirección política del país pueden adquirir consecuencias mucho más concretas para quienes ejercen el periodismo o el activismo.

La represión no es una acusación aislada

La preocupación por la persecución de las voces críticas no procede únicamente de medios independientes.

Amnistía Internacional ha documentado durante 2026 la persistencia de un patrón de represión contra activistas, periodistas, artistas, opositores y defensores de derechos humanos en Cuba.

La organización señala que las autoridades han utilizado detenciones arbitrarias, vigilancia, hostigamiento, criminalización, violencia física y psicológica y otras prácticas para silenciar voces críticas. También ha documentado miles de acciones represivas y cientos de detenciones arbitrarias registradas durante 2025.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también condenó en febrero de 2026 una nueva ola represiva contra periodistas y ciudadanos que ejercían sus derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica.

La organización advirtió sobre prácticas destinadas a establecer un cerco informativo sobre la situación del país.

Por tanto, el problema no consiste solamente en una disputa entre el Gobierno cubano y determinados medios de comunicación. Se trata de un conflicto más amplio sobre el derecho de los ciudadanos a informarse, expresarse y cuestionar públicamente a quienes ejercen el poder.

La contradicción: “guerra psicológica” mientras crece la crisis interna

El discurso oficial llega además en medio de una profunda crisis económica y social.

La isla enfrenta graves problemas energéticos, apagones prolongados, escasez de alimentos y medicamentos y un deterioro de servicios esenciales. Amnistía Internacional ha señalado que los apagones han afectado derechos vinculados con la salud y la educación, mientras continúa deteriorándose el acceso a productos básicos.

Ese contexto explica por qué para muchos cubanos el concepto de “guerra psicológica” utilizado por Díaz-Canel tiene una lectura muy diferente.

Para quienes pasan horas sin electricidad, enfrentan dificultades para conseguir alimentos o medicamentos o ven deteriorarse sus condiciones de vida, la principal preocupación no necesariamente es la supuesta campaña mediática extranjera, sino cómo resolver los problemas cotidianos.

Testimonios de cubanos han descrito los apagones como una experiencia de agotamiento psicológico permanente, con jornadas de hasta 20 horas sin electricidad y una sensación de vivir pendientes de cuándo regresará el servicio.

Las redes sociales se convierten en un termómetro del descontento

Las redes sociales constituyen precisamente uno de los espacios donde se manifiesta con mayor claridad la distancia entre el discurso oficial y una parte del sentir ciudadano.

Las publicaciones de Díaz-Canel han recibido en ocasiones respuestas cargadas de ironía, indignación y reclamos de renuncia. En mayo, por ejemplo, una publicación del gobernante provocó una avalancha de comentarios de cubanos que utilizaron expresiones como “Tic tac”, “Dimite ya” y “El problema de Cuba son ustedes”.

Días antes, otra publicación oficial había generado comentarios similares, con ciudadanos que hablaban de cansancio, crisis económica y falta de perspectivas. Algunos recurrieron al humor y la ironía; otros describieron directamente el desgaste que experimentan quienes viven dentro de la isla.

Ese fenómeno resulta políticamente significativo. El humor, la sátira y los memes se han convertido en herramientas mediante las cuales muchos cubanos expresan críticas que difícilmente podrían formularse en los medios oficiales.

Las redes permiten además que esas expresiones trasciendan las fronteras de Cuba y sean vistas por familiares, periodistas y usuarios de la diáspora.

“La guerra” que los cubanos ven es otra

Mientras Díaz-Canel habla de una guerra psicológica, muchos cubanos parecen estar librando otra batalla: la de sobrevivir a una crisis que se prolonga y que ha reducido considerablemente las expectativas de millones de personas.

Para una parte de la población, la discusión sobre Washington, la CIA, las sanciones y las campañas internacionales pierde fuerza frente a problemas inmediatos como la electricidad, los salarios, el transporte, la alimentación, la vivienda y el acceso a medicamentos.

Esto no significa que las acusaciones del Gobierno cubano sobre acciones de inteligencia extranjera deban descartarse automáticamente. Cualquier Estado tiene derecho a investigar operaciones ilegales y presentar pruebas.

El problema surge cuando esa narrativa termina colocando bajo sospecha a periodistas, activistas o ciudadanos simplemente porque cuestionan al Gobierno.

El dilema para el régimen: controlar el relato o responder a las críticas

La gran pregunta que deja el discurso de Díaz-Canel es si el Gobierno cubano pretende responder a sus críticos con argumentos o continuar enfrentándolos mediante etiquetas políticas.

Si un periodista publica una información falsa, el Gobierno podría presentar documentos que la desmientan. Si un medio manipula una noticia, podría demostrar la manipulación. Si existe financiamiento ilegal de una organización extranjera, las autoridades podrían presentar pruebas ante la sociedad.

Pero convertir la discrepancia política en una sospecha permanente de “subversión” tiene un efecto diferente: genera un entorno donde el ciudadano puede terminar autocensurándose por miedo a las consecuencias.

La libertad de expresión no consiste únicamente en permitir que alguien publique una opinión favorable al Gobierno. También implica permitir que otros ciudadanos puedan cuestionarlo.

Una batalla por el control de la información

El discurso pronunciado por Díaz-Canel en el encuentro de partidos comunistas evidencia que la disputa por el control de la información continúa siendo una prioridad política para el régimen cubano.

El Gobierno habla de “hegemonía cultural”, “guerra psicológica” y “subversión digital”. Sus críticos hablan de censura, persecución y criminalización de la discrepancia.

En medio de ambos relatos existe una realidad que no puede resolverse únicamente con propaganda: la de una población que enfrenta una crisis económica y social cada vez más profunda y que, gracias a las redes sociales, dispone hoy de más herramientas para mostrar al mundo lo que ocurre dentro de la isla.

La paradoja es evidente. Mientras Díaz-Canel denuncia que Cuba está siendo sometida a una guerra mediática, cada vez resulta más difícil controlar las imágenes, testimonios y denuncias que salen diariamente de la propia sociedad cubana.

Y mientras el Gobierno identifica enemigos externos, una pregunta continúa flotando sobre la isla: ¿qué ocurriría si las voces críticas pudieran expresarse libremente, sin temor a ser calificadas de mercenarias, subversivas o enemigas?

Quizás ese sea precisamente el verdadero desafío político que enfrenta el régimen: no la existencia de una supuesta guerra psicológica, sino el fin del monopolio sobre la palabra.

Te puede interesar leer: Marco Rubio endurece el cerco contra Cuba: “No habrá válvulas de escape” mientras Washington apuesta por el desgaste del régimen

 


Si tienes algo que reportar escríbenos a: info@conocercuba.net

Síguenos en nuestro canal de WhatsApp, Clic Aquí


Nota: Por favor comparte esta información a través de tus redes sociales y lleguemos a más personas, rompamos el cerco de censura de los medios tradicionalistas.

DONACION:

Conocer Cuba Noticias es un medio de noticias independiente, no respondemos a ningún gobierno u organización, solo nos mantenemos a través de los anuncios de Google y de donaciones de nuestros lectores, por lo que si decides hacer una donación nos estarías ayudando a mantener esta plataforma de noticias.



Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Enable Notifications OK No thanks