Cuba: una bolsa de pan para recoger los desechos y el drama de los pacientes con colostomía
Cuba y la falta de bolsas de colostomía: una necesidad médica convertida en emergencia
Cuba vuelve a quedar bajo la mirada pública a raíz de una denuncia difundida en Facebook por la usuaria Mary Belkis Enriquez, quien publicó una fotografía y relató el caso de un paciente que, según la denuncia, se ha visto obligado a utilizar una bolsa de pan para recoger sus excrementos debido a la falta de una bolsa de colostomía.
La publicación describe la imagen como una situación que debería «sacudir conciencias» y cuestiona que una persona sometida a una colostomía tenga que improvisar con materiales domésticos para resolver una necesidad básica de higiene y cuidado médico.
La denuncia no permite, por sí sola, verificar de manera independiente la identidad del paciente ni las circunstancias exactas en las que fue tomada la fotografía.
Sin embargo, el problema al que hace referencia sí aparece documentado en numerosos casos anteriores y recientes de pacientes cubanos que han denunciado dificultades para conseguir estos dispositivos médicos.
Y ahí está precisamente la dimensión más preocupante del caso: la fotografía difundida en redes sociales parece formar parte de un problema que lleva años apareciendo en testimonios de pacientes y familiares.
¿Qué significa vivir con una colostomía?
Una colostomía es una intervención quirúrgica mediante la cual se crea una abertura en el abdomen, denominada estoma, para permitir que las heces salgan del organismo hacia una bolsa recolectora colocada externamente.
La bolsa no constituye un artículo de comodidad. Forma parte del sistema utilizado para recoger las heces y, junto con la barrera adhesiva, ayuda a proteger la piel alrededor del estómago.
La Mayo Clinic advierte que cuando las heces permanecen en contacto con la piel durante períodos prolongados pueden producirse lesiones, irritación y deterioro de la piel. También señala que las fugas y un sistema de bolsa que no ajuste adecuadamente pueden provocar irritación o infección.
Por eso, sustituir una bolsa diseñada específicamente para una colostomía por una bolsa de pan, una jaba, una botella o cualquier otro recipiente improvisado no constituye simplemente un cambio de envase. Puede representar un problema de higiene, comodidad, seguridad y calidad de vida.
No sería el primer cubano obligado a improvisar
La denuncia de Mary Belkis Enriquez encuentra antecedentes documentados, quien aparece en su perfil como doctora en Public health.
En agosto de 2023, el caso de Humberto Valdés Pedroso, un cubano de 65 años, trascendió después de que se denunciara que utilizaba un recipiente plástico para recoger sus desechos debido a la falta de bolsas de colostomía. El hombre, además, tenía una pierna amputada y vivía en condiciones precarias.
Ese mismo año, otros testimonios mostraron que la escasez afectaba también a pacientes de diferentes edades.
Una madre cubana pidió ayuda para conseguir bolsas para su hijo de apenas cuatro años, quien tenía una colostomía pendiente de cierre. Según el testimonio difundido entonces, las bolsas entregadas por la farmacia no eran suficientes y el niño había sufrido episodios de infección urinaria.
También fue denunciado el caso de una niña de cinco años en Holguín que necesitaba bolsas de colostomía para poder llevar una vida escolar más normal. La denuncia señalaba que, ante la falta de bolsas infantiles, la familia tenía que recurrir incluso a tallas destinadas a adultos.
Una paciente oncológica llegó a reciclar su única bolsa
Otro caso particularmente revelador fue el de Dinorah García Hernández, una paciente cubana que en 2023 pidió ayuda públicamente porque no conseguía bolsas de colostomía ni en la farmacia ni en el hospital.
Según su testimonio, después de someterse a tratamientos oncológicos y posteriormente a una colostomía, se encontró con que no podía conseguir regularmente los dispositivos que necesitaba.
La situación llegó al extremo de tener que reciclar una única bolsa que ya se encontraba deteriorada.
El caso fue difundido ampliamente en redes sociales y medios independientes. ADN Cuba informó entonces que la publicación había superado los 600 comentarios y que varias personas se ofrecieron a ayudarla.
El testimonio también apareció en otros medios cubanos independientes, donde se recogieron comentarios de personas que aseguraban encontrarse en situaciones similares o tener familiares con colostomías que tampoco recibían regularmente estos insumos.
De bolsas de plástico a botellas y recipientes improvisados
Los testimonios publicados durante los últimos años muestran una variedad de soluciones improvisadas.
En otro caso documentado en 2023, una anciana cubana identificada como María Elena Martínez Luacez denunció que llevaba meses buscando bolsas de colostomía y que, cuando no las conseguía, tenía que utilizar apósitos, trapos y otros materiales disponibles.
La mujer explicó que acudía regularmente a la farmacia y al hospital sin conseguir el dispositivo que necesitaba.
En julio de 2024 apareció otro testimonio de una mujer de 77 años de Pinar del Río que dijo haberse visto obligada a utilizar jabas de plástico como sustituto de las bolsas de colostomía después de pasar semanas sin conseguirlas.
Estos casos permiten entender por qué la fotografía denunciada ahora por Mary Belkis Enriquez ha provocado indignación: la utilización de una bolsa de pan no aparece en un vacío, sino dentro de una sucesión de testimonios de pacientes que han tenido que buscar soluciones improvisadas.
La escasez no parece haber desaparecido en 2026
La evidencia más reciente resulta especialmente significativa. En junio de 2026, las autoridades aduaneras de Ecuador informaron de la incautación de 1.230 bolsas de colostomía procedentes de Cuba que un viajero transportaba en su equipaje sin declararlas.
El caso demuestra, al menos, que estos dispositivos siguen siendo objeto de movimiento informal entre Cuba y otros países.
Pero existe además un dato todavía más relevante. Un reportaje publicado por The New York Times en septiembre de 2026 recogió declaraciones de Valia Rodríguez, médica cubana radicada en Reino Unido y vinculada a una organización humanitaria.
Según su testimonio, un contenedor con suministros médicos, entre ellos bolsas de colostomía, había quedado retenido fuera de Cuba en medio de dificultades logísticas para hacer llegar ayuda a la isla.
Rodríguez afirmó al medio que, ante la ausencia de estos dispositivos, algunos pacientes en Cuba estaban recurriendo a bolsas de supermercado.
Este dato es importante porque conecta las denuncias individuales que circulan en redes sociales con un problema de suministro que continúa siendo señalado en 2026.
Las redes sociales se han convertido en una farmacia de emergencia
Uno de los elementos que se repite en estos casos es el mismo: la búsqueda de ayuda comienza en Facebook.
Familiares, pacientes y activistas publican fotografías, explican las necesidades de los enfermos y solicitan a otros cubanos dentro y fuera de la isla medicamentos, bolsas de colostomía y otros suministros.
Las reacciones recopiladas en publicaciones anteriores muestran una combinación de indignación, tristeza y solidaridad.
En el caso de Dinorah García, por ejemplo, usuarios expresaron que tenían familiares con la misma necesidad y otros manifestaron su intención de ayudar.
En el caso de María Elena Martínez, también aparecieron comentarios de personas que afirmaban tener padres o familiares operados que enfrentaban dificultades similares.
La respuesta de las redes demuestra algo paradójico: mientras la falta de un insumo médico básico puede dejar a un paciente prácticamente sin solución, la comunidad digital intenta llenar ese vacío mediante donaciones particulares.
La solidaridad puede salvar una situación individual. Lo que no puede hacer es sustituir indefinidamente un sistema de suministro sanitario.
El problema no termina cuando aparece una donación
Las redes sociales pueden conseguir una caja de bolsas. Un familiar puede enviar un paquete desde el extranjero. Una organización puede intentar introducir suministros. Un ciudadano puede comprar varias unidades y entregarlas a un paciente.
Pero ninguna de esas soluciones responde por sí sola a la pregunta fundamental:
¿Qué ocurre con el siguiente paciente?
Los casos publicados desde 2023 hasta 2026 muestran que la dificultad para conseguir bolsas de colostomía no puede analizarse únicamente como una emergencia puntual de determinadas personas.
Existen múltiples testimonios separados por años, provincias y circunstancias diferentes, ancianos, pacientes oncológicos, niños, personas con discapacidades y familias que piden ayuda.
Y ahora, según la denuncia difundida por Mary Belkis Enriquez, otro paciente que habría terminado utilizando una bolsa de pan.
Una fotografía que vuelve a poner el foco sobre los pacientes más vulnerables
La publicación de Facebook comienza con una frase cargada de indignación: «Esto no es una simple fotografía».
Y efectivamente, independientemente de que las circunstancias concretas de la imagen deban ser verificadas, el problema documentado alrededor de las bolsas de colostomía es real y ha sido denunciado repetidamente por pacientes y familiares.
La cuestión central no debería ser solamente quién tomó la fotografía o quién publicó la denuncia. La pregunta es mucho más sencilla:
¿Cuántas personas con una colostomía están actualmente en Cuba sin acceso regular a las bolsas que necesitan?
No existen, en las fuentes consultadas para este artículo, cifras públicas actualizadas que permitan determinar con precisión cuántos pacientes se encuentran hoy en esa situación.
Lo que sí existe es una sucesión de testimonios, denuncias y casos documentados durante varios años, además de referencias recientes que indican que las dificultades de abastecimiento continúan.
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