Pacientes abandonados entre el hambre y la miseria: nuevas denuncias estremecen al Hospital Amalia Simoni de Camagüey
Imágenes de pacientes abandonados vuelven a poner rostro a la crisis sanitaria cubana
Una nueva denuncia difundida por el periodista independiente José Luis Tan Estrada ha colocado nuevamente bajo el escrutinio público las condiciones en que se encuentran pacientes vulnerables en el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Amalia Simoni, en Camagüey.
A través de sus redes sociales, Tan Estrada publicó imágenes que, según su denuncia, corresponden a la sala A del centro hospitalario y muestran a personas en un estado físico extremadamente deteriorado, algunas aparentemente desnutridas, desnudas, sucias o tendidas en el suelo.
El periodista sostiene que varios de estos pacientes carecen de la asistencia necesaria para alimentarse, asearse o cambiarse de ropa.
Las fotografías fueron posteriormente recogidas por medios independientes como ADN Cuba, que describió a los afectados como personas en situación de extrema vulnerabilidad. De acuerdo con esa publicación, entre ellos habría ancianos, personas con discapacidad y pacientes procedentes de instituciones psiquiátricas.
Más allá de la crudeza de las imágenes, la denuncia plantea una pregunta difícil de ignorar: ¿qué ocurre con un paciente cuando el sistema encargado de protegerlo ya no tiene capacidad —o voluntad— para garantizarle siquiera las condiciones básicas de dignidad?
Desnutrición, falta de higiene y ausencia de cuidados básicos
Según lo denunciado por Tan Estrada, el problema no se limitaría a la escasez de medicamentos o a las dificultades habituales de un hospital en crisis.
El periodista afirmó que algunos pacientes no estarían recibiendo una alimentación adecuada y que existen personas que dependen completamente de terceros para realizar actividades elementales como comer, bañarse o cambiarse de ropa.
Algunos pacientes permanecen durante horas sin ser aseados después de defecar y que otros estarían expuestos a moscas y a condiciones higiénicas extremadamente deficientes.
Las imágenes difundidas muestran cuerpos visiblemente debilitados, con signos compatibles con una pérdida importante de peso.
Las imágenes han provocado una reacción inmediata porque afectan a personas que, por su estado físico o mental, tienen una capacidad muy limitada para defenderse o reclamar por sí mismas.
El paciente más vulnerable queda atrapado en el centro de la crisis
La situación adquiere una dimensión todavía más grave cuando se trata de personas que no pueden valerse por sí mismas.
Un paciente hospitalizado depende de una cadena de cuidados: alimentación, higiene, medicamentos, supervisión, movilización y atención médica. Cuando una de esas piezas falla, su recuperación puede complicarse.
Cuando fallan varias simultáneamente, la hospitalización puede convertirse en un escenario de supervivencia.
En el caso denunciado en Camagüey, la preocupación se concentra especialmente en aquellos pacientes que no cuentan con familiares permanentemente a su lado.
Una persona encamada, con discapacidad, deterioro cognitivo o enfermedad psiquiátrica no puede simplemente levantarse y buscar comida, asearse o reclamar ante una negligencia. Su vulnerabilidad convierte al Estado y al personal sanitario en responsables todavía mayores de garantizar condiciones mínimas de cuidado.
No es la primera denuncia sobre el Amalia Simoni
Las imágenes actuales tampoco aparecen en un vacío. El Hospital Amalia Simoni ha sido escenario de denuncias anteriores relacionadas con el deterioro de sus instalaciones y las dificultades para mantener servicios esenciales.
En septiembre de 2025, un incendio provocado por una sobrecarga eléctrica afectó el sistema asociado al grupo electrógeno del hospital y obligó al traslado preventivo de pacientes críticos hacia el Hospital Provincial Manuel Ascunce Domenech. La propia dirección del centro informó entonces del traslado de tres pacientes en estado crítico.
La precariedad de la infraestructura también ha sido señalada por el propio Tan Estrada. En aquella ocasión, fuentes del hospital indicaron que los grupos electrógenos eran antiguos y presentaban problemas de funcionamiento.
La crisis tampoco se limita al Amalia Simoni. En junio de 2026 fueron difundidas denuncias sobre las condiciones sanitarias del Hospital Provincial Manuel Ascunce Domenech, también en Camagüey, con imágenes de agua estancada, deterioro estructural, tuberías expuestas, humedad y presencia de roedores.
El panorama empieza así a adquirir características sistémicas: no se trata solamente de un edificio deteriorado, sino de una red sanitaria que enfrenta problemas de infraestructura, electricidad, alimentación, medicamentos y personal.

El periodista cubano José Luis Tan Estrada expone la crisis humanitaria que viven los pacientes en hospitales de Cuba, una denuncia reiterada que pone al descubierto el poco importa del régimen comunista de Cuba
Una crisis que golpea especialmente a los pacientes psiquiátricos
La situación de las personas con trastornos mentales merece una atención particular. En 2023 ya habían circulado denuncias sobre presunto maltrato a pacientes psiquiátricos ingresados en el Amalia Simoni.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos difundió entonces imágenes que, según su denuncia, mostraban situaciones de maltrato y condiciones deplorables dentro del hospital.
Tres años después, las nuevas imágenes vuelven a situar a pacientes especialmente vulnerables en el centro del debate.
La repetición de este tipo de denuncias plantea interrogantes sobre los mecanismos de supervisión existentes dentro de las instituciones psiquiátricas cubanas y sobre quién responde cuando una persona ingresada no cuenta con familiares capaces de vigilar permanentemente su estado.
La crisis económica también llega a la cama del hospital
La situación sanitaria cubana no puede separarse de la profunda crisis económica que atraviesa la isla.
La escasez de alimentos, los apagones, la falta de combustible, el deterioro de las infraestructuras y la emigración de profesionales han incrementado la presión sobre los servicios públicos.
El propio Hospital Pediátrico de Camagüey sufrió en julio de 2026 un incendio en su principal grupo electrógeno. Según las denuncias recogidas entonces, el generador alternativo solamente podía garantizar electricidad para algunas áreas críticas, entre ellas Terapia Intensiva, Terapia Intermedia y el cuerpo de guardia.
Cuando un sistema sanitario enfrenta simultáneamente problemas de electricidad, alimentación, transporte, medicamentos y recursos humanos, las consecuencias terminan concentrándose en el lugar más delicado: el paciente.
Las redes sociales se convierten en una sala de emergencia paralela
En Cuba, las redes sociales han adquirido un papel cada vez más importante para documentar situaciones que difícilmente aparecen en los medios oficiales.
La publicación de Tan Estrada generó nuevas reacciones y fue compartida por páginas y usuarios que calificaron las imágenes de indignantes y dolorosas. Una publicación relacionada en Instagram describió la situación como un reflejo del abandono de ancianos y personas vulnerables dentro del hospital.
También aparecen comentarios que piden explicaciones y cuestionan cómo puede llegar un paciente a un estado de deterioro semejante dentro de una institución sanitaria.
En otras publicaciones relacionadas con el periodista se observan reacciones de usuarios que expresan indignación y reclaman una respuesta inmediata ante las condiciones denunciadas.
Las redes cumplen aquí una función que va más allá de la denuncia política: permiten que familiares, trabajadores y ciudadanos documenten con fotografías y videos aquello que, de otro modo, permanecería fuera del debate público.
Sin embargo, las publicaciones en redes deben ser verificadas individualmente. Una fotografía puede demostrar una condición concreta en un momento determinado, pero no necesariamente permite establecer por sí sola cuándo fue tomada, cuánto tiempo llevaba el paciente en ese estado o cuál fue la causa exacta de su deterioro.
El silencio oficial también se convierte en noticia
Uno de los elementos que alimenta la indignación pública es la ausencia, al momento de esta publicación, de una explicación pública detallada que responda a las acusaciones concretas formuladas por Tan Estrada sobre los pacientes de la sala A.
La comunicación oficial cubana suele destacar los esfuerzos de los trabajadores sanitarios y los logros del sistema de salud, pero las imágenes difundidas desde los propios hospitales plantean una realidad mucho más difícil de maquillar.
No basta con afirmar que existen médicos y enfermeros comprometidos. La verdadera prueba de un sistema sanitario está en cómo trata a quien no puede defenderse.
Un paciente desnudo, desnutrido, sucio o abandonado no representa solamente un problema administrativo. Representa una crisis de dignidad.
Cuando la propaganda choca con la realidad
Durante décadas, el sistema cubano ha utilizado la salud pública como uno de sus principales argumentos políticos y como una de sus cartas de presentación internacional.
Pero las imágenes provenientes de hospitales como el Amalia Simoni chocan frontalmente con ese discurso.
La existencia de profesionales comprometidos no elimina las deficiencias estructurales. Del mismo modo, que un hospital pueda realizar operaciones complejas no significa que todos sus pacientes estén recibiendo una atención digna.
La pregunta fundamental debería ser mucho más sencilla: ¿está el paciente recibiendo la atención que necesita?
Si la respuesta es negativa, el problema no puede ocultarse detrás de estadísticas, discursos o reconocimientos internacionales.
El rostro humano detrás de la crisis
Cada fotografía difundida desde el hospital representa a una persona. No una cifra, no un dato estadístico y tampoco un elemento de una disputa política.
Es un paciente. Puede ser un anciano, una persona con discapacidad, alguien con una enfermedad mental o simplemente un ciudadano que ingresó buscando atención médica.
Precisamente por eso, las denuncias de Camagüey deberían provocar algo más que indignación momentánea en las redes sociales.
Deberían generar una investigación independiente, una explicación de las autoridades sanitarias y, sobre todo, medidas concretas para garantizar que quienes se encuentran hospitalizados reciban alimentación, higiene, medicamentos, supervisión y atención médica adecuada.
Porque cuando una sociedad pierde la capacidad de cuidar a quienes están enfermos y no pueden cuidarse solos, la crisis deja de ser exclusivamente sanitaria. Se convierte en una crisis de humanidad.
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