Crisis en Cuba con más de 2.000 MW de déficit eléctrico mientras el régimen presume sus parques fotovoltaicos
La crisis energética vuelve a desnudar las promesas del régimen cubano
Cuba comienza este lunes 17 de agosto enfrentando una nueva crisis, con una jornada marcada por los apagones y por un déficit de generación que vuelve a superar los 2.000 megavatios (MW).
El parte de la estatal Unión Eléctrica (UNE) refleja una realidad difícil de maquillar: a las 6:00 de la mañana la disponibilidad del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) era de apenas 1.120 MW frente a una demanda de 2.860 MW, con 1.730 MW afectados por déficit de capacidad.
Para el horario de máxima demanda se pronostica una afectación de 2.210 MW, con una demanda máxima estimada en 3.300 MW y un déficit calculado de 2.180 MW.
Las cifras son demoledoras, pero para los cubanos que llevan meses —y en numerosos casos años— viviendo entre apagones, el problema no se mide solamente en megavatios.
Se mide en alimentos que se deterioran, noches sin dormir, negocios paralizados, hogares sin ventilación en medio del calor y familias que deben reorganizar prácticamente toda su vida alrededor de un servicio eléctrico cada vez más impredecible.
La crisis energética cubana vuelve así a colocar al régimen de Miguel Díaz-Canel frente a una contradicción cada vez más difícil de ocultar: mientras sus medios oficiales presentan la expansión de las energías renovables y los parques fotovoltaicos como una señal de futuro, la realidad cotidiana demuestra que esas inversiones todavía no han conseguido producir una mejora perceptible y sostenida del servicio eléctrico.
Más de 2.000 MW: una cifra que ya dejó de ser excepcional
Lo verdaderamente preocupante es que los déficits superiores a los 2.000 MW ya no constituyen un episodio aislado.
Durante agosto se han sucedido pronósticos de afectaciones extraordinariamente elevadas. El 5 de agosto, por ejemplo, la UNE pronosticó una afectación de 2.210 MW durante el horario pico. Días después, el 11 de agosto, la cifra llegó a 2.347 MW.
La situación de este lunes vuelve a confirmar la profundidad del deterioro.
El problema no es simplemente que falte una determinada cantidad de generación durante algunas horas.
El problema es que el sistema funciona permanentemente al límite, con centrales termoeléctricas envejecidas, unidades fuera de servicio, dificultades de combustible y una generación distribuida que tampoco consigue cubrir la enorme brecha entre oferta y demanda.
La propia información de la UNE ha mostrado en jornadas recientes que decenas de centrales de generación distribuida permanecen fuera de servicio por falta de combustible.
La paradoja de los parques fotovoltaicos
Y aquí aparece una de las mayores contradicciones del discurso oficial.
El régimen cubano ha convertido los parques fotovoltaicos en una de sus principales banderas propagandísticas para presentar una supuesta transformación de la matriz energética nacional. Se habla de decenas de instalaciones, de nuevos proyectos y de miles de megavatios proyectados.
Pero una pregunta sencilla se impone: ¿Dónde está esa energía cuando Cuba enfrenta un déficit superior a 2.000 MW?
La respuesta exige distinguir entre capacidad instalada, generación efectiva y disponibilidad durante el horario de máxima demanda.
Los parques solares pueden aportar una cantidad importante de energía durante las horas de mayor radiación, pero no sustituyen automáticamente la generación térmica durante la noche.
Además, su contribución depende de las condiciones solares y de la existencia de sistemas de almacenamiento capaces de trasladar esa energía hacia las horas en que el consumo alcanza su máximo.
La propia prensa independiente ha documentado esta contradicción. Un análisis de elTOQUE señala que, pese a la expansión de los parques solares, los apagones continuaron siendo cada vez más prolongados y que expertos cuestionan que esta estrategia, por sí sola, pueda resolver los problemas estructurales del SEN.
Por tanto, anunciar un nuevo parque fotovoltaico no equivale a haber solucionado la crisis eléctrica.
El problema no comenzó con los paneles solares
El régimen suele presentar la situación energética como resultado de factores externos, particularmente de las sanciones estadounidenses y las dificultades para obtener combustible.
Es cierto que las restricciones y la disponibilidad de combustibles tienen consecuencias sobre el sistema. Pero reducir toda la crisis a ese argumento permite ignorar décadas de deterioro, falta de mantenimiento, inversiones insuficientes y envejecimiento de las centrales termoeléctricas.
El resultado es visible en los propios partes oficiales: unidades averiadas, otras en mantenimiento, centrales con problemas recurrentes y generación distribuida limitada por falta de combustible.
Incluso cuando una unidad importante vuelve a incorporarse al sistema, la mejoría puede ser prácticamente imperceptible para la población.
Este lunes, por ejemplo, la reincorporación de la termoeléctrica Antonio Guiteras con unos 190 MW ha generado más escepticismo que entusiasmo entre los cubanos, según reportes que recogen las reacciones ante la persistencia de los apagones.
La propaganda no ilumina los hogares
El discurso oficial puede anunciar inversiones, proyectos, fábricas de paneles y nuevos parques solares. Pero ninguna conferencia de prensa puede cambiar una realidad que los cubanos experimentan directamente.
La electricidad llega o no llega. Ese es el indicador que importa para una familia.
Mientras la propaganda habla de avances, los números de la UNE continúan mostrando déficits gigantescos.
Mientras se presentan fotografías de instalaciones solares, numerosos cubanos siguen calculando cuándo podrán cocinar, conservar los alimentos, cargar un teléfono o dormir unas horas con ventilador.
El contraste resulta particularmente fuerte porque el propio Gobierno ha impulsado nuevas medidas para favorecer las energías renovables. Recientemente entraron en vigor normas que incluyen incentivos fiscales para importar sistemas solares fotovoltaicos y otros equipos destinados a la generación alternativa.
El problema es que una política energética seria no puede limitarse a trasladar progresivamente la responsabilidad hacia los ciudadanos.
¿Independizarse del SEN se convierte en la solución?
La promoción de sistemas solares domésticos plantea otra interrogante incómoda. Si el sistema eléctrico estatal no puede garantizar electricidad estable, ¿terminará cada familia teniendo que buscar su propia solución?
El análisis de elTOQUE sobre los kits solares describe precisamente esta tendencia: ante la obsolescencia de la generación térmica y la falta de combustible, el Gobierno promueve sistemas fotovoltaicos como alternativa para los hogares.
Pero existe un problema fundamental: ¿cuántas familias cubanas pueden pagar esos equipos?
La energía solar puede ser parte de una solución moderna y sostenible, pero convertirla en una especie de salvavidas individual mientras el sistema nacional se deteriora plantea una enorme desigualdad.
Quienes tienen recursos pueden intentar independizarse parcialmente de la red; quienes no los tienen quedan sometidos a los apagones. Eso no es una solución integral a la crisis.
Las redes sociales: entre la indignación y la burla
Como ocurre cada vez que la UNE anuncia nuevos apagones, las redes sociales se convierten en una especie de termómetro del verdadero estado de ánimo de la población.
Los comentarios de los cubanos suelen combinar indignación, cansancio y humor negro. La ironía se ha convertido en una herramienta cotidiana para enfrentar una realidad que para muchas familias resulta insoportable.
La reacción reciente a la reincorporación de la Guiteras es reveladora: algunos cubanos han respondido con burlas y escepticismo porque, pese a la entrada de la central al SEN, la electricidad continúa faltando de manera generalizada.
En otras plataformas se repite una idea cada vez más frecuente: si después de tantos anuncios de inversiones, parques solares y supuestas soluciones el déficit continúa superando los 2.000 MW, entonces algo fundamental está fallando.
Y esa percepción no puede ser eliminada mediante propaganda.
La realidad termina imponiéndose al discurso oficial
El Gobierno cubano puede atribuir la situación a factores externos. Puede anunciar nuevas instalaciones. Puede mostrar paneles solares y presentar proyectos a futuro.
Pero el parte de la UNE de este lunes contiene una verdad difícil de discutir: el SEN no tiene capacidad suficiente para satisfacer la demanda nacional.
A las 6:00 de la mañana había una diferencia de 1.740 MW entre demanda y disponibilidad, según las cifras publicadas sobre el parte oficial; para la noche, el déficit calculado asciende a 2.180 MW y la afectación pronosticada llega a 2.210 MW.
Eso es la crisis. No una consigna. No una campaña mediática. No una interpretación de la oposición. Es la diferencia entre la electricidad que el país necesita y la que su sistema es capaz de producir.
Cuba necesita soluciones, no propaganda
La energía solar puede y debe formar parte del futuro energético de Cuba. Nadie sensato cuestionaría el valor de diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles.
Lo que resulta cuestionable es presentar cada nuevo proyecto como si fuera la solución definitiva mientras el sistema continúa incapaz de garantizar un servicio básico.
Un país no sale de una crisis energética simplemente inaugurando parques fotovoltaicos. Necesita mantenimiento, inversión, combustible, redes modernas, almacenamiento energético, transparencia, planificación y una política económica capaz de sostener todo ese proceso.
Y sobre todo necesita dejar de confundir propaganda con resultados.
Porque al final del día, los cubanos no encienden la televisión para comprobar si el régimen dice que la electricidad está mejorando. Intentan encender la luz.
Y cuando la luz no llega, ninguna cifra propagandística puede convencerlos de lo contrario.
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