Díaz-Canel y su retorica del Bloqueo

Díaz-Canel y el triunfalismo ante una Cuba que sigue esperando soluciones

El dictador Miguel Díaz-Canel asegura que Cuba puede hacer “mucho” mientras el país enfrenta una crisis que no desaparece

El dictador cubano Miguel Díaz-Canel volvió a presentar una visión optimista sobre la capacidad del Gobierno cubano para enfrentar los desastres naturales, afirmando que incluso “en las peores condiciones de limitaciones” la isla puede lograr mucho en materia de reducción de riesgos.

Las declaraciones fueron realizadas durante un encuentro con Kamal Kishore, representante especial de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, quien se encuentra de visita en Cuba para conocer la experiencia del país en áreas como alerta temprana, prevención y acción anticipatoria frente a fenómenos como la sequía y el cambio climático.

Sobre el papel, nadie podría cuestionar la importancia de prepararse ante huracanes, inundaciones, sequías y otros fenómenos naturales.

El problema aparece cuando el discurso oficial sobre prevención contrasta con una realidad que miles de cubanos conocen demasiado bien: familias que han perdido sus viviendas, comunidades que llevan años esperando soluciones y un deterioro generalizado de la infraestructura nacional.

El discurso de Díaz-Canel frente a una realidad mucho más incómoda

El Gobierno cubano insiste en que las limitaciones económicas condicionan su capacidad para responder a los desastres.

En su encuentro con Kishore, Díaz-Canel volvió a señalar directamente al Gobierno de Estados Unidos y al llamado “recrudecimiento del bloqueo” como factores que afectan la capacidad de Cuba para reducir los riesgos de desastres.

EFE reportó que el mandatario afirmó que las medidas estadounidenses tienen impacto en prácticamente todas las esferas de la vida económica y social del país.

 

 

Ese argumento forma parte habitual del discurso oficial cubano. Pero existe una pregunta que resulta inevitable:

¿Hasta dónde puede atribuirse al embargo estadounidense el deterioro acumulado durante décadas de viviendas, infraestructura, servicios públicos y capacidad de respuesta estatal?

La respuesta exige mirar más allá del conflicto entre Washington y La Habana.

Una crisis habitacional que no comenzó con el último huracán

La situación de las viviendas constituye uno de los ejemplos más evidentes.

Un reportaje publicado por EFE en julio de 2026 señaló que el déficit habitacional cubano supera las 800.000 viviendas, según cifras oficiales, y que el problema se ha agravado durante décadas por el deterioro del fondo habitacional, los eventos climatológicos y las limitaciones materiales.

El mismo reportaje describió edificios habaneros con más de un siglo de antigüedad, algunos con derrumbes parciales o en riesgo de colapso, donde todavía permanecen personas.

La respuesta oficial más reciente incluye incluso la adaptación de 3.500 contenedores marítimos como viviendas.

Que una nación tenga que convertir contenedores en hogares no es necesariamente una condena política por sí misma: puede ser una medida de emergencia ante una situación extraordinaria.

La cuestión es otra: ¿Por qué una solución temporal termina convirtiéndose en parte de la respuesta a un problema estructural que lleva décadas sin resolverse?

Los cubanos que siguen esperando una vivienda

Detrás de las estadísticas existen familias concretas.

Cubanos que perdieron sus casas debido a huracanes, inundaciones, derrumbes u otros desastres han pasado largos períodos en instalaciones destinadas inicialmente a ser refugios temporales.

La propia normativa cubana contempla la existencia de instalaciones para albergar a personas que no puedan regresar a sus viviendas después de un desastre.

El problema aparece cuando lo provisional se prolonga durante años.

Un albergue concebido como solución de emergencia deja de ser realmente una solución cuando una familia pasa allí una parte importante de su vida sin recuperar una vivienda permanente.

Y esa es precisamente la contradicción que el discurso triunfalista sobre la “reducción del riesgo” no puede esconder.

Prevenir un desastre no es solamente evacuar antes del huracán

Cuba tiene una larga experiencia en evacuaciones y sistemas de alerta ante ciclones tropicales.

Pero reducir el riesgo de desastres no termina cuando una población es evacuada correctamente.

También implica tener viviendas resistentes, infraestructura eléctrica funcional, sistemas hidráulicos mantenidos, carreteras transitables, hospitales operativos y capacidad económica para reconstruir después de la emergencia.

Aquí aparece una de las grandes paradojas de la Cuba actual.

Mientras Díaz-Canel habla de aumentar la capacidad de prevención, Naciones Unidas ha expresado preocupación por el impacto de la crisis energética cubana sobre servicios esenciales, incluidos equipos médicos críticos y programas de vacunación.

La prevención necesita infraestructura. Y la infraestructura necesita inversión, mantenimiento y recursos.

El argumento del embargo: una parte del problema, pero no toda la explicación

Sería incorrecto negar que las sanciones estadounidenses pueden afectar la capacidad de Cuba para importar determinados bienes, obtener financiamiento o realizar determinadas operaciones comerciales.

EFE reportó recientemente que las autoridades cubanas atribuyen al endurecimiento de las medidas estadounidenses consecuencias importantes para sectores como el energético, hidráulico y sanitario.

Pero reconocer ese impacto no obliga a aceptar que el embargo explique por sí solo todos los problemas de Cuba. Hay decisiones internas que también deben ser examinadas.

Durante décadas, el Estado cubano ha mantenido un sistema económico altamente centralizado; ha administrado prácticamente todo el parque estatal de viviendas; ha controlado sectores estratégicos de la economía y ha establecido prioridades de inversión.

Por eso, cuando una vivienda se deteriora durante años, cuando una infraestructura no recibe mantenimiento suficiente o cuando un edificio llega al punto del colapso, también resulta legítimo preguntar qué decisiones internas contribuyeron a esa situación.

La crítica no consiste en negar el efecto de las sanciones estadounidenses. Consiste en cuestionar que puedan convertirse en una explicación universal para cada fracaso administrativo, económico o estructural.

Mientras tanto, Cuba enfrenta apagones, falta de agua y deterioro de infraestructura

La discusión adquiere todavía más relevancia cuando se observa el resto del panorama nacional. En agosto, el propio Díaz-Canel reconoció públicamente la situación crítica del suministro de agua en La Habana.

EFE informó entonces que alrededor de 2,7 millones de cubanos tenían dificultades agravadas con el suministro de agua y que el deterioro de la infraestructura hidráulica se combinaba con los problemas energéticos.

El Gobierno cubano atribuye buena parte de estas dificultades al llamado bloqueo energético estadounidense.

Pero el propio reporte también recoge un elemento fundamental: la infraestructura hidráulica cubana sufre averías y necesita inversiones y mantenimiento.

Es decir, existe una combinación de factores externos e internos. Presentar solamente uno de ellos deja fuera una parte importante de la historia.

Las redes sociales cuestionan el contraste entre discurso y realidad

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios donde los cubanos contrastan las declaraciones oficiales con su experiencia cotidiana.

Las publicaciones oficiales sobre las visitas de Díaz-Canel y los mensajes gubernamentales suelen mostrar reuniones, recorridos y anuncios de estrategias para enfrentar las dificultades.

En paralelo, las redes están llenas de testimonios de ciudadanos que muestran apagones, problemas de agua, deterioro de viviendas, escasez y dificultades para reparar sus hogares.

La reacción digital suele concentrarse en una pregunta sencilla: ¿Cómo puede hablarse de avances significativos mientras tantas necesidades básicas permanecen sin solución?

Debe aclararse que las publicaciones y comentarios en redes sociales no constituyen por sí mismos una encuesta científica sobre la opinión de los cubanos. Sí permiten observar, sin embargo, la existencia de un debate público intenso alrededor de la distancia entre el discurso gubernamental y las experiencias compartidas por ciudadanos.

El contraste que más incomoda

La visita del representante de Naciones Unidas tiene una particularidad importante.

Kamal Kishore afirmó que Naciones Unidas conoce los efectos del embargo estadounidense y las dificultades que atraviesa Cuba, y manifestó que su oficina continuará trabajando con la isla para apoyar al pueblo cubano.

Ese reconocimiento permite entender que la situación cubana no puede analizarse ignorando las presiones externas.

Pero tampoco significa que todas las responsabilidades desaparezcan dentro de esas presiones.

Una cosa es reconocer las consecuencias de las sanciones. Otra muy distinta es utilizar esas consecuencias para explicar cada problema acumulado durante décadas.

¿Quién responde por los cubanos que todavía esperan?

Esta es quizá la pregunta más difícil. Cuando ocurre un huracán, la naturaleza puede ser responsable del desastre.

Pero cuando una familia permanece años esperando recuperar una vivienda, cuando un edificio se deteriora durante décadas o cuando una infraestructura esencial llega al límite de su vida útil, aparece una dimensión adicional: la responsabilidad de quienes administran los recursos públicos y toman las decisiones de inversión.

La prevención de desastres no debería medirse solamente por cuántas personas son evacuadas antes de un ciclón. También debería medirse por cuántas familias consiguen reconstruir sus vidas después.

Díaz-Canel y el reto de pasar del discurso a los resultados

El Gobierno cubano puede presentar programas de prevención, sistemas de alerta y estrategias de reducción de riesgos.

Y esas medidas pueden ser útiles. Pero la verdadera prueba no está en el discurso, está en los resultados, está en la familia que vuelve a tener una vivienda digna, en el edificio que es reparado antes de derrumbarse, en el hospital que mantiene funcionando sus equipos, en la comunidad que dispone de agua y electricidad.

De igual forma está en el ciudadano que no necesita pasar años esperando una solución después de perderlo todo.

Mientras esas respuestas continúen siendo insuficientes, las declaraciones triunfalistas de Díaz-Canel seguirán enfrentándose a una realidad mucho más difícil de maquillar: una Cuba donde demasiadas soluciones de emergencia terminan convirtiéndose en situaciones permanentes.

Una última pregunta para Cuba

La reducción del riesgo de desastres es necesaria. La cooperación internacional también. Y las sanciones externas deben formar parte del análisis.

Pero una política responsable exige mirar el problema completo.

Porque proteger a los cubanos de un huracán significa mucho más que sacarlos de una zona de peligro. También significa garantizar que puedan regresar algún día a una vivienda digna.

Y para miles de familias cubanas, esa espera todavía no ha terminado.

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