Doctora de Matanzas denuncia que lleva tres meses sin electricidad

Casi tres meses a oscuras: la denuncia de una doctora de Matanzas que expone el drama detrás de los apagones en Cuba

Una doctora de Matanzas denuncia que tiene casi tres meses sin electricidad mientras su mamá esta encamada

La crisis eléctrica cubana suele medirse en megavatios, horas de apagón, centrales averiadas y déficit de generación. Pero detrás de cada cifra existen familias que deben reorganizar completamente sus vidas para sobrevivir sin un servicio básico.

La denuncia difundida por la periodista Yunielis Moliner Isasi, conocida como Yuni Moliner, pone precisamente uno de esos rostros sobre la mesa: el de una doctora de Matanzas identificada como Griselda, quien asegura llevar casi tres meses con su vivienda sin electricidad mientras cuida a su madre, una mujer encamada y con graves limitaciones de movilidad.

El caso resulta especialmente doloroso porque no se trata simplemente de una familia que enfrenta un apagón más prolongado de lo habitual.

Según el testimonio publicado por Moliner, la vivienda permanece sin servicio eléctrico desde el 11 de junio, pese a múltiples llamadas, reclamaciones, visitas de trabajadores y gestiones ante diferentes niveles de la administración.

Y lo más preocupante es que, según la denuncia, el problema parece haber sido identificado técnicamente, pero la solución definitiva continúa sin llegar.

Una tragedia familiar que comenzó antes de que se fuera la electricidad

La historia de esta doctora comienza mucho antes de la avería eléctrica. Hace ocho meses falleció su padre.

Tres días después, su madre, Nereida Granja Alfonso, sufrió una caída que le provocó dos fracturas de pelvis. Desde entonces permanece encamada y presenta otros problemas ortopédicos que le impiden incorporarse y desarrollar una vida normal.

Griselda es médica, pero tuvo que abandonar temporalmente su trabajo porque se convirtió en la única persona encargada de cuidar a su madre.

La familia ya enfrentaba una situación emocional, económica y física extremadamente complicada. Entonces llegó otro problema: la electricidad. Y esta vez, según la denuncia, tampoco apareció una solución.

11 de junio: comienza una avería que todavía no termina

De acuerdo con el relato difundido por Yuni Moliner, el problema comenzó el 11 de junio, cuando unos cables de la calle hicieron contacto y afectaron a dos manzanas. Durante aproximadamente diez días, los vecinos permanecieron sin electricidad.

El 21 de junio finalmente acudió un vehículo de la empresa eléctrica después de numerosas gestiones. Sin embargo, en ese momento la zona ya no tenía corriente y los trabajadores no pudieron comprobar la avería.

Cuando el servicio fue restablecido para la mayoría de los vecinos, quedaron cuatro viviendas sin electricidad: dos en planta baja y dos en altos. Entre ellas estaba la vivienda de Griselda y su madre.

Lo que inicialmente podía parecer una avería puntual comenzó entonces a transformarse en una odisea burocrática.

 

 

Llamadas, funcionarios y reclamaciones: pero la solución nunca llega

La familia asegura haber realizado numerosas gestiones ante la Organización Básica Eléctrica (OBE). También habría contactado con funcionarios y directivos de la entidad e incluso acudido personalmente a las oficinas.

Para hacerlo, Griselda tuvo que dejar a su madre al cuidado de otra persona, algo especialmente complicado debido a la situación económica de la familia.

Desde el Gobierno municipal le comunicaron que el número de la queja sería trasladado al director de la OBE. Posteriormente contactó con quien entonces ocupaba el cargo de vicedirector técnico. La respuesta, según el testimonio, volvía a ser prácticamente la misma:

Se tomaría nota del problema, pero el problema continua y la electricidad tampoco termina de llegar a su casa.

Cuando una reclamación aparece como “resuelta” sin estar resuelta

Uno de los detalles más llamativos de la denuncia es la referencia al servicio telefónico 188888. La familia también recurrió a ese mecanismo para reportar la avería.

Sin embargo, en una ocasión descubrieron que la reclamación aparecía registrada como resuelta, pese a que la vivienda continuaba completamente sin electricidad. Este tipo de situación plantea una pregunta inevitable:

¿cómo puede cerrarse administrativamente una reclamación cuando el ciudadano continúa sufriendo exactamente el mismo problema?

La diferencia entre una estadística y una solución real puede ser enorme. Para una oficina, una incidencia puede aparecer como cerrada.

Para una familia, la realidad puede ser que durante esa misma noche una madre encamada siga a oscuras.

2 de septiembre: aparecen los ingenieros, pero tampoco llega la solución

Después de nuevas gestiones, el 2 de septiembre acudió nuevamente un vehículo de la empresa eléctrica. Dos ingenieros que previamente habían revisado la situación determinaron, aparentemente, que podía tratarse de una fase caída desde el poste que alimenta las viviendas.

La situación parecía finalmente encaminada hacia una solución. Pero ocurrió nuevamente lo mismo.

Cuando los trabajadores acudieron, no había corriente en ese momento y la avería no pudo ser comprobada en las condiciones necesarias.

La nueva reclamación quedó registrada con el número 26633, a nombre de Nereida Granja Alfonso. La familia volvió a quedar esperando.

5 de septiembre: cae otro elemento del poste y la situación empeora

El caso dio otro giro el 5 de septiembre. Según el testimonio difundido por Moliner, durante la madrugada cayó el llamado “caballito” del poste ubicado frente a la vivienda, precisamente cuando había corriente.

Los vecinos informaron posteriormente que un vehículo había acudido al lugar. Pero Griselda no pudo enterarse en ese momento. Se encontraba en el fondo de la vivienda atendiendo a su madre.

Nadie le avisó para que los trabajadores pudieran revisar también el problema específico de su casa. Al día siguiente volvió a comunicarse con el 188888.

La reclamación aparecía nuevamente como pendiente. La respuesta que continuaba recibiendo era que el caso sería informado al llamado Despacho. Mientras tanto, la electricidad seguía sin llegar.

La palabra “doctora” adquiere aquí otro significado

El caso de esta doctora tiene una dimensión que va más allá del problema eléctrico.

Porque Griselda representa una situación cada vez más frecuente en una Cuba marcada por el envejecimiento poblacional, la emigración y el deterioro de los servicios. Es una profesional de la salud que dejó de ejercer para cuidar a su madre.

Una mujer que perdió a su padre. Una hija que enfrenta prácticamente sola el cuidado de una persona encamada.

Y ahora una ciudadana que lleva meses tratando de conseguir algo tan elemental como electricidad en su propia vivienda. La paradoja resulta difícil de ignorar:

Una doctora formada por el sistema sanitario cubano no puede trabajar porque debe cuidar a su madre, mientras al mismo tiempo enfrenta durante meses la falta de un servicio indispensable para poder atenderla adecuadamente.

Sin electricidad, cuidar a una persona encamada se vuelve todavía más difícil

La gravedad del caso aumenta precisamente por las condiciones de salud de la madre. Una persona encamada necesita cuidados constantes.

La electricidad permite mantener iluminación durante la noche, cargar teléfonos y equipos, conservar determinados medicamentos cuando requieren refrigeración, utilizar ventiladores u otros equipos domésticos y mantener condiciones mínimas de confort e higiene.

En un país donde las temperaturas pueden ser elevadas, permanecer durante semanas o meses sin electricidad no representa simplemente una incomodidad.

Puede convertirse en un problema de salud y seguridad. Y cuando la persona afectada tiene movilidad extremadamente limitada, las consecuencias pueden ser todavía mayores.

Yuni Moliner: una periodista del sistema que también muestra sus grietas

El papel de Yuni Moliner en este caso resulta particularmente significativo.

Moliner es una periodista vinculada a medios estatales de Matanzas y ha desarrollado parte de su trabajo en Radio 26. También existen registros públicos de trabajos firmados por ella para ese medio y de su participación en espacios informativos provinciales.

Su perfil resulta interesante porque no es la primera vez que utiliza sus redes sociales para exponer problemas concretos que afectan a ciudadanos de Matanzas.

En julio de 2026, por ejemplo, difundió el caso de vecinos de La Cumbre, en Versalles, que permanecieron más de cuatro días sin electricidad y agua potable debido a un cable partido.

También ha publicado denuncias relacionadas con problemas de infraestructura, como el caso de un poste de ETECSA en Pueblo Nuevo que preocupaba a los vecinos por el riesgo de derrumbe.

Es decir, la denuncia sobre la doctora Griselda no aparece aislada dentro de la realidad matancera.

Forma parte de una sucesión de situaciones en las que ciudadanos recurren a las redes sociales para conseguir algo que las vías institucionales aparentemente no han logrado proporcionar: ser escuchados.

Las redes sociales se convierten en la última ventanilla

Existe un elemento común en muchas de estas historias. Primero se realiza la llamada. Después llega la reclamación.

Luego aparece el número de referencia. Posteriormente se contacta con un funcionario. Se realiza otra llamada. Se visita una oficina. Se vuelve a llamar.

Y finalmente el ciudadano publica el problema en Facebook. ¿Por qué? Porque las redes sociales pueden generar presión pública.

En Cuba, donde la capacidad de los ciudadanos para exigir respuestas institucionales es limitada, una publicación que alcanza miles de personas puede terminar siendo más efectiva que una sucesión de reclamaciones administrativas.

Paradójicamente, la denuncia pública termina convirtiéndose en una especie de última instancia.

Matanzas conoce demasiado bien el drama de los apagones

El caso ocurre además en una provincia que ha vivido repetidamente situaciones críticas relacionadas con el sistema eléctrico.

En julio de 2026, por ejemplo, residentes del barrio La Cumbre, en Versalles, denunciaron más de 104 horas consecutivas sin electricidad ni agua potable por un cable partido que, según el reporte, no había sido reparado.

La propia situación del sistema eléctrico provincial aparece reflejada en reportes sobre unidades termoeléctricas fuera de servicio y limitaciones de generación.

Por eso la historia de esta doctora no puede entenderse únicamente como un inconveniente doméstico. Es también una fotografía de un problema estructural.

El número 26633 no debería ser solamente un número

Para la administración eléctrica, la reclamación 26633 puede ser un expediente. Para esta familia representa algo completamente distinto.

  • Representa noches sin electricidad.
  • Representa una madre encamada.
  • Representa una hija que no puede trabajar.
  • Representa gestiones repetidas.
  • Representa llamadas.
  • Representa visitas.
  • Representa funcionarios que toman nota.

Y representa una pregunta que todavía no ha recibido respuesta:

¿cuándo llegará finalmente la electricidad a esa vivienda?

La diferencia entre administrar una reclamación y solucionar un problema está precisamente ahí.

Una denuncia que debería obligar a mirar más allá del apagón

La historia de Griselda también obliga a ampliar la conversación sobre la crisis cubana. No todos los afectados por los apagones tienen las mismas condiciones.

Para una persona joven, saludable y con recursos, varias horas sin electricidad pueden representar una dificultad.

Para una persona encamada, anciana o enferma, pueden convertirse en una situación mucho más peligrosa. Y para quien la cuida, pueden significar agotamiento físico y psicológico.

Por eso las autoridades deberían contar con mecanismos de priorización para hogares donde existan personas dependientes, encamadas o con necesidades especiales.

No se trata de privilegios. Se trata de reconocer que una avería eléctrica no tiene las mismas consecuencias para todas las familias.

Cuando una doctora pide ayuda para poder cuidar a su madre

El caso de esta doctora resume de manera dolorosa varias de las contradicciones de la Cuba actual. Una profesional de la salud que no puede ejercer porque cuida a su madre. Una anciana encamada que depende completamente de su hija.

Una familia que pierde al padre y, poco después, enfrenta una emergencia médica. Una avería eléctrica que debía ser temporal y se convierte en un problema de meses. Una sucesión de reclamaciones.

Y una respuesta que parece repetirse: “se informará al Despacho”. Pero la vida de una persona no puede quedar suspendida indefinidamente en una cola administrativa.

La electricidad tampoco puede ser solamente una cifra dentro de los informes de generación. Detrás de cada vivienda sin corriente hay personas.

Y algunas, como esta familia de Matanzas, necesitan la electricidad no para encender un televisor o cargar un teléfono, sino para poder cuidar dignamente a un ser querido que no puede valerse por sí mismo.

La reclamación 26633 tiene nombre y apellido. Ahora corresponde saber si también tendrá, finalmente, una solución.

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