Cubadebate acusa a Chile mientras omite la situacion de los DDHH en Cuba

Cubadebate acusa a Chile de represión mientras guarda silencio sobre los presos políticos de Cuba

Cubadebate critica la democracia chilena, pero evita mirar hacia La Habana

Cubadebate vuelve a dirigir sus críticas hacia el exterior. En un artículo publicado el 12 de septiembre, el medio oficialista cubano cuestiona al presidente chileno José Antonio Kast por su decisión de romper con décadas de conmemoración oficial del 11 de septiembre en Chile y presenta esta decisión dentro de una narrativa sobre memoria histórica, democracia y represión.

El debate sobre el pasado político de Chile es legítimo y forma parte de una sociedad democrática.

Precisamente por eso resulta llamativo que un medio controlado por el aparato comunicacional del Estado cubano utilice la situación chilena para hablar de democracia y represión mientras prácticamente nunca somete a escrutinio público las violaciones de derechos humanos que ocurren dentro de Cuba.

La pregunta inevitable es sencilla: ¿por qué Cubadebate puede cuestionar las decisiones políticas de un gobierno elegido democráticamente, pero no puede hacer lo mismo con el gobierno cubano?

Una democracia imperfecta que permite la crítica

Chile tiene una historia marcada por una dictadura, graves violaciones de derechos humanos y una profunda división política. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y sus consecuencias forman parte de una memoria histórica que continúa generando debates y posiciones enfrentadas.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental que no debería pasar inadvertida.

En Chile, un medio puede cuestionar al presidente, los ciudadanos pueden protestar, los partidos de oposición pueden organizarse y los gobiernos pueden ser reemplazados mediante elecciones competitivas.

El debate sobre cómo conmemorar el 11 de septiembre ocurre precisamente dentro de ese sistema político.

Se puede estar de acuerdo o no con las decisiones de Kast. Se puede criticar su posición sobre la memoria histórica. Se puede cuestionar su política o su ideología.

Pero eso es precisamente lo que caracteriza a una democracia: la posibilidad de disentir del poder sin que el simple hecho de hacerlo convierta automáticamente al ciudadano en enemigo del Estado.

¿Y qué ocurre cuando la mirada se dirige hacia Cuba?

Aquí aparece la contradicción central del discurso de Cubadebate.

Mientras el medio oficialista habla de democracia y represión en otros países, organizaciones independientes como Cubalex documentan periódicamente detenciones arbitrarias, hostigamiento, restricciones contra activistas, violaciones contra personas privadas de libertad y otros hechos represivos dentro de Cuba.

Los informes de Cubalex no son simplemente opiniones editoriales. La organización mantiene un seguimiento sistemático de incidentes represivos y violaciones de derechos humanos.

En junio de 2026, por ejemplo, documentó 319 eventos represivos que involucraron 608 incidentes de hostigamiento. La pregunta entonces cambia de escenario:

¿Por qué la represión es denunciada cuando ocurre en otro país, pero es minimizada, justificada o silenciada cuando ocurre en Cuba?

 

 

Cientos de cubanos siguen tras las rejas por motivos políticos

La cuestión de los presos políticos constituye uno de los mayores puntos débiles de la narrativa oficial cubana.

Durante décadas, el Gobierno cubano ha sostenido que en la Isla no existen presos políticos y que quienes son encarcelados lo son por delitos comunes.

Pero organizaciones independientes, familiares de detenidos y grupos de derechos humanos sostienen lo contrario y han documentado numerosos casos de personas encarceladas por sus opiniones, actividades opositoras, participación en protestas o expresión pública de desacuerdo con las autoridades.

El problema no desaparece porque el Gobierno decida utilizar otra denominación jurídica.

Un ciudadano que termina en prisión después de expresar una posición política contraria al poder necesitar algo mucho más importante que una etiqueta oficial: un proceso judicial independiente, garantías procesales y la posibilidad real de defender sus derechos.

Y ahí es donde el modelo cubano enfrenta algunas de sus mayores críticas.

La paradoja de hablar de represión desde un régimen que reprime

La crítica de Cubadebate adquiere una dimensión particularmente paradójica cuando utiliza conceptos como represión, democracia y derechos humanos.

No porque Chile deba estar exento de críticas. Ningún gobierno democrático debería estarlo.

La paradoja está en que esas mismas palabras parecen adquirir un significado completamente diferente cuando se aplican a Cuba.

Cuando un gobierno extranjero toma una decisión que disgusta a La Habana, el aparato mediático cubano puede dedicar titulares, análisis y editoriales a cuestionarla.

Pero cuando ciudadanos cubanos salen a protestar por los apagones, la escasez, la situación económica o las condiciones de vida, el tratamiento oficial suele cambiar radicalmente.

La protesta deja de ser presentada como una expresión legítima de descontento y puede ser interpretada como una amenaza política, una provocación o una acción impulsada desde el exterior. Ese doble estándar merece ser cuestionado.

La democracia se demuestra cuando existe oposición

Una democracia no se mide por la cantidad de veces que un Gobierno utiliza la palabra «pueblo». Tampoco por la cantidad de discursos oficiales dedicados a denunciar injusticias en otras partes del mundo.

La democracia se demuestra cuando el ciudadano puede oponerse al poder.

  • Cuando puede crear un partido político.
  • Cuando puede organizar una manifestación.
  • Cuando puede publicar una crítica.
  • Cuando puede votar para cambiar al Gobierno.
  • Cuando puede exigir responsabilidades a sus gobernantes.
  • Y, sobre todo, cuando puede hacerlo sin terminar en prisión simplemente por disentir.

Chile podrá tener problemas, contradicciones y debates intensos sobre su pasado y su presente. Pero precisamente la existencia de esos debates demuestra que existe un espacio político donde distintas posiciones pueden enfrentarse públicamente.

El espejo que Cubadebate evita

El problema de los medios oficiales de los regímenes autoritarios es que suelen convertirse en especialistas en analizar los defectos de otros mientras evitan colocar un espejo frente al sistema que los sostiene.

Cubadebate puede cuestionar a Kast. Puede cuestionar la derecha chilena. Puede cuestionar la interpretación del 11 de septiembre. Puede cuestionar las políticas de cualquier gobierno extranjero. Eso forma parte del debate político.

Pero entonces debería aceptar el mismo principio cuando las críticas se dirigen contra el Gobierno cubano.

¿Por qué no existe el mismo espacio para cuestionar públicamente al presidente cubano?

¿Por qué los ciudadanos no pueden organizar libremente partidos opositores?

¿Por qué existen personas encarceladas por motivos políticos según organizaciones independientes?

¿Por qué activistas y periodistas independientes denuncian hostigamiento?

¿Por qué las protestas ciudadanas pueden convertirse en procesos penales?

Esas son preguntas que el lector cubano también tiene derecho a formular.

Cubalex documenta la realidad que el discurso oficial intenta ocultar

La existencia de organizaciones independientes como Cubalex resulta fundamental precisamente porque permiten contrastar la versión oficial con información procedente de víctimas, familiares, activistas y defensores de derechos humanos.

Los informes de la organización muestran que la represión en Cuba no constituye un fenómeno aislado.

En sus reportes de 2026 aparecen de manera recurrente detenciones arbitrarias, hostigamiento, violaciones contra presos, restricciones contra activistas y otros mecanismos utilizados para controlar el disenso.

Esto coloca al discurso de Cubadebate ante una contradicción difícil de resolver. Si la represión es condenable en Chile, debería ser condenable también en Cuba.

Si los presos políticos son una violación de los derechos humanos en cualquier democracia, deberían serlo igualmente cuando ocurren bajo un Gobierno que se autodefine como revolucionario.

Y si la libertad de expresión es un derecho universal, no puede depender de si la opinión expresada coincide o no con la ideología del Gobierno.

El 11 de septiembre chileno y el 11 de julio cubano

Existe además una comparación histórica que resulta inevitable. Chile recuerda cada año el 11 de septiembre de 1973, una fecha asociada al golpe militar que derrocó a Salvador Allende y dio inicio a la dictadura de Augusto Pinochet.

Cuba, por su parte, todavía enfrenta las consecuencias del 11 de julio de 2021, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles en numerosas localidades de la Isla para protestar contra la situación económica, los apagones, la escasez y el sistema político.

La diferencia está en que mientras el debate chileno sobre su pasado puede desarrollarse públicamente desde múltiples posiciones políticas, muchas de las personas que participaron en las protestas cubanas terminaron encarceladas.

Por eso resulta difícil aceptar un discurso que condena la represión histórica de otros países mientras evita analizar qué ocurrió con los cubanos que ejercieron su derecho a protestar.

La democracia no puede ser selectiva

El verdadero problema no es que Cubadebate critique a José Antonio Kast. El problema es que lo haga desde una posición que pretende presentar a Cuba como autoridad moral en materia de democracia y derechos humanos mientras ignora las denuncias provenientes de organizaciones independientes.

La defensa de los derechos humanos no puede ser selectiva. No debería depender de si la víctima es de izquierda o de derecha. No debería depender de si el Gobierno responsable es aliado o enemigo político. Y mucho menos debería depender de la ideología del periodista que cuenta la historia.

Los derechos humanos son universales o dejan de ser derechos.

Cuba necesita que la mirada también apunte hacia adentro

La pregunta final debería dirigirse al propio Cubadebate y, por extensión, al aparato comunicacional del régimen cubano:

¿Cuándo comenzará a investigar y denunciar con el mismo entusiasmo los problemas de derechos humanos que ocurren dentro de Cuba?

Porque mientras La Habana observa permanentemente lo que ocurre en Washington, Santiago, Madrid o cualquier otra capital, dentro de la Isla existen ciudadanos que enfrentan prisión, hostigamiento, precariedad, censura y restricciones por expresar posiciones diferentes a las del poder.

Y mientras un medio oficial puede escribir libremente sobre la democracia chilena, muchos cubanos siguen sin disponer de algo mucho más básico: la libertad de cuestionar públicamente a su propio Gobierno sin temor a represalias.

La democracia no se demuestra señalando con el dedo los defectos ajenos. Se demuestra permitiendo que alguien pueda señalar los propios. Y ese es, probablemente, el espejo que Cubadebate menos quiere mostrar.

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