Padre Alberto Reyes arremete frontalmente contra la dictadura de Cuba

Alberto Reyes rompe el silencio: “Váyanse todos” y el contundente llamado a poner fin a la oscuridad en Cuba

El sacerdote cubano Reyes eleva el tono y reclama la salida definitiva de quienes gobiernan la Isla

El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías volvió a sacudir las redes sociales este viernes con una de sus reflexiones más contundentes desde que comenzó a publicar su conocida serie “He estado pensando…”.

En su entrega número 169, titulada “He estado pensando en hacer llover sobre mojado”, Reyes reconoce desde el comienzo que esta vez no pretende aportar nuevas ideas ni sugerir caminos alternativos.

Después de días de apagones y de una crisis que describe como una experiencia de oscuridad literal y simbólica, el sacerdote asegura que necesita “gritar”, aunque sea para repetir aquello que, según afirma, “todo el mundo sabe, desea y dice”.

Y ese grito tiene un destinatario inequívoco: quienes tienen el control político de Cuba. Su petición es directa: que abandonen el poder, se marchen de la Isla y no regresen.

La publicación representa un endurecimiento notable del discurso de Reyes y debe interpretarse dentro del deterioro económico, energético y social que atraviesa Cuba, donde los prolongados apagones se han convertido en uno de los símbolos más visibles de una crisis que afecta prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.

“Váyanse todos”: el mensaje más directo de Reyes

El núcleo de la publicación puede resumirse en una frase que difícilmente admite interpretaciones ambiguas: “váyanse, váyanse todos”.

Reyes no habla de reformas parciales, ajustes administrativos o cambios dentro del sistema existente.

Su planteamiento apunta directamente a quienes ejercen el poder y sostiene que su permanencia constituye precisamente uno de los principales obstáculos para que Cuba pueda recuperarse.

El sacerdote reconoce que una eventual salida del actual poder podría provocar inicialmente cierto desorden. Sin embargo, plantea que ese escenario sería preferible porque se trataría del “caos que precederá al orden”.

 

 

La idea es importante porque enfrenta uno de los argumentos recurrentes utilizados por los sistemas políticos autoritarios para justificar su permanencia: la advertencia de que, sin ellos, sobrevendrían el caos, la violencia o el colapso.

Reyes cuestiona precisamente esa premisa. Su argumento es que Cuba puede ser viable sin quienes actualmente la gobiernan y que, para que el país funcione y progrese, ellos deben marcharse.

La comparación con los antiguos césares romanos

Uno de los recursos más llamativos empleados por Reyes es la comparación entre los gobernantes cubanos y los antiguos emperadores romanos.

El sacerdote plantea que quienes permanecen demasiado tiempo en el poder pueden terminar desarrollando la convicción de que son indispensables para evitar que el sistema colapse.

La referencia histórica sirve para cuestionar la idea de que la continuidad de un grupo político sea equivalente a la continuidad de una nación. En otras palabras, Reyes establece una separación radical entre Cuba y quienes gobiernan Cuba.

El país —sugiere— puede sobrevivir a un cambio político. Lo que no puede continuar indefinidamente es una estructura de poder que, según su diagnóstico, ha demostrado ser incapaz de solucionar los problemas esenciales de la población.

“Estamos viviendo como bestias”: el retrato de una Cuba en crisis

La parte más dramática de la publicación aparece cuando Reyes abandona el lenguaje político y describe la vida cotidiana de los cubanos. Habla de una sociedad obligada a sobrevivir sin electricidad pese a haber sido construida para funcionar precisamente mediante ella.

Describe familias luchando diariamente por conseguir comida, medicamentos, combustible y dinero. Habla de cocinar con carbón, de acudir a hospitales sin recursos, de bancos sin dinero y de escuelas sin maestros.

La descripción tiene una función política evidente: demostrar que la crisis no puede reducirse a un problema energético. Los apagones son solamente una manifestación de una crisis mucho mayor.

La electricidad afecta el abastecimiento de agua, la conservación de alimentos, la actividad comercial, el transporte, las comunicaciones, los servicios médicos y prácticamente cualquier actividad económica.

Por eso, cuando Reyes habla de “oscuridad”, la expresión funciona simultáneamente como una descripción de los apagones y como una metáfora de la situación general del país.

Del fracaso de la Revolución al final de una etapa

Otro punto especialmente significativo es la afirmación de Reyes de que la llamada “Revolución” no solamente ha fracasado, sino que ya terminó. Se trata de una conclusión mucho más radical que la petición de reformas económicas.

Durante décadas, el discurso oficial cubano ha presentado el sistema político como un proyecto histórico en permanente construcción y ha atribuido sus dificultades a factores externos, particularmente al embargo estadounidense.

Reyes plantea una interpretación completamente diferente.

Para él, la crisis actual demuestra que el modelo ha llegado a su final y que el pueblo cubano ya no está dispuesto a esperar indefinidamente una solución procedente de quienes considera responsables de la situación.

La frase adquiere mayor fuerza cuando el sacerdote afirma que “no vamos a parar” hasta que Cuba quede libre de la oscuridad y la miseria.

Represión, militarización y control de Internet

Reyes también anticipa algunos de los mecanismos que, en su opinión, podrían utilizarse para intentar contener un eventual aumento de la protesta social. Menciona la represión, la militarización de las calles, el encarcelamiento de manifestantes, las amenazas, el control de las redes sociales y los cortes de Internet.

Su argumento es que ninguna de estas herramientas podrá resolver el problema fundamental porque, según sostiene, una parte creciente de la población ha llegado a la conclusión de que ya no tiene nada que esperar del actual sistema.

Esta parte del mensaje conecta directamente con una realidad documentada en informes recientes sobre Cuba: las restricciones a la libertad de expresión, la persecución de manifestantes y el uso de mecanismos represivos para contener el descontento ciudadano.

El sacerdote no presenta la represión simplemente como un problema de derechos humanos. La presenta también como una estrategia que, a su juicio, resulta políticamente insuficiente frente a una población que ha perdido la esperanza en las promesas del sistema.

“No queremos reformas”: el rechazo a las soluciones intermedias

Quizás la parte políticamente más importante de la reflexión aparece cuando Reyes establece aquello que, según él, los cubanos ya no quieren.

El sacerdote rechaza expresamente las reformas limitadas, el llamado “socialismo sostenible” y cualquier intento de readaptar la filosofía marxista. También rechaza la idea de intentar calmar el descontento mediante pequeñas mejoras en los servicios básicos.

No basta, según su planteamiento, con unas horas adicionales de electricidad, un poco más de agua o algo más de comida. El problema, sostiene, es estructural.

Por eso concluye que el objetivo debe ser mucho más ambicioso: terminar con la pesadilla y construir una sociedad basada en la libertad y la dignidad.

Un discurso que va más allá de la Iglesia

La influencia de Alberto Reyes dentro del debate cubano se explica, en buena medida, porque sus publicaciones han trascendido ampliamente el ámbito estrictamente religioso.

Su discurso combina una perspectiva pastoral con un diagnóstico social y político cada vez más explícito.

Reyes no habla solamente como sacerdote preocupado por el bienestar espiritual de sus feligreses. Habla también como un ciudadano que observa el deterioro de las condiciones materiales de la población y que considera que existe una relación directa entre la crisis y el sistema político.

Esta evolución explica por qué sus publicaciones generan tanta atención entre cubanos dentro y fuera de la Isla.

Las redes sociales reaccionan: respaldo y debate

La publicación ha generado especial interés entre usuarios cubanos de las redes sociales, donde las palabras del sacerdote son compartidas y comentadas por personas que se identifican con su descripción de la crisis.

Entre los mensajes de respaldo predominan expresiones de cansancio, indignación y esperanza de un cambio político. Para muchos cubanos, la referencia constante a la oscuridad tiene un significado que va mucho más allá de la falta de electricidad: representa años de deterioro económico, pérdida de expectativas y separación familiar provocada por la emigración.

Otros usuarios destacan precisamente la contundencia del sacerdote y consideran significativo que una figura religiosa que desarrolla su labor dentro de Cuba utilice un lenguaje tan directo para reclamar un cambio de sistema.

También existe debate.

Algunos consideran que una salida abrupta del poder podría generar incertidumbre y cuestionan la viabilidad del escenario posterior. Otros, por el contrario, consideran que precisamente el temor al caos ha sido utilizado durante demasiado tiempo para justificar la permanencia del poder.

En ese sentido, la publicación de Reyes no solamente expresa una posición política: abre nuevamente el debate sobre qué ocurriría después de un eventual cambio en Cuba.

El dilema del día después

La gran pregunta que surge de la reflexión de Reyes es inevitable: si quienes gobiernan se marcharan, ¿qué vendría después?

El sacerdote reconoce implícitamente que podría existir un período de desorden. Sin embargo, apuesta por la capacidad de los cubanos para reconstruir el país. Esa afirmación contiene uno de los elementos más interesantes de su mensaje.

Reyes no presenta la libertad como una solución mágica. Presenta la libertad como una condición necesaria para que los cubanos puedan comenzar a resolver sus propios problemas.

La diferencia es fundamental. No promete que el día después sería sencillo. Afirma que sería posible.

La crisis eléctrica como símbolo de una crisis nacional

La insistencia de Reyes en la oscuridad tampoco es casual. Los apagones se han convertido en uno de los principales símbolos del deterioro cubano. Cuando falta electricidad, la crisis se hace visible en cada hogar.

No hay manera de esconderla detrás de estadísticas.

Una familia sin luz durante horas experimenta directamente las consecuencias de la falta de combustible, el deterioro de las plantas generadoras, la insuficiencia de inversiones y las dificultades estructurales de la economía.

Por eso, la frase “hacer llover sobre mojado” funciona como título perfecto para la reflexión: Reyes considera que repetir una vez más las denuncias puede parecer redundante, pero la realidad ha llegado a tal extremo que guardar silencio sería todavía peor.

Reyes coloca la libertad en el centro del debate

El cierre de la publicación resume todo el pensamiento desarrollado a lo largo del texto. Reyes no pide simplemente una mejor administración, no pide una reforma energética, no pide salarios más altos, no pide únicamente alimentos o medicamentos, pide libertad.

Y vincula esa libertad con un concepto que aparece constantemente en su discurso: la dignidad.

Para el sacerdote, el problema cubano no puede solucionarse únicamente mediante medidas económicas porque considera que la crisis tiene una dimensión política y moral.

La pregunta ya no sería cómo mantener funcionando el sistema.

La pregunta sería cómo construir otro sistema capaz de garantizar que los cubanos puedan vivir con dignidad en el siglo XXI.

Un mensaje que marca un nuevo tono

La publicación número 169 de Alberto Reyes representa un punto especialmente significativo dentro de sus reflexiones. Esta vez no intenta suavizar el diagnóstico, no ofrece una nueva propuesta de reforma, no busca una fórmula intermedia.

Su mensaje es frontal: el actual poder debe marcharse y los cubanos deben recuperar la posibilidad de decidir libremente su futuro.

En una Cuba sumida en apagones, escasez, deterioro de los servicios públicos y creciente desesperanza, las palabras de Reyes encuentran un terreno fértil para el debate.

Queda por ver hasta qué punto esta clase de mensajes contribuirá a transformar el descontento social en una movilización política capaz de producir cambios reales.

Pero una cosa resulta evidente: Reyes ha dejado de limitarse a describir la oscuridad. Ahora está exigiendo públicamente que termine. Y su pregunta, en definitiva, queda flotando sobre una Cuba agotada:

¿Cuánto tiempo más puede un país sobrevivir en la oscuridad antes de decidir que ha llegado el momento de encender una nueva luz?

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