Crisis energética en Cuba, séptimo apagón en lo que va del años

Cuba en Crisis: el séptimo apagón nacional expone el colapso de su sistema eléctrico

Crisis energética: dos apagones nacionales en menos de 24 horas

Cuba vuelve a quedar a oscuras y la magnitud de la Crisis energética que atraviesa la isla alcanza un nuevo nivel de gravedad. El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió un nuevo colapso total, apenas horas después de que las autoridades comenzaran a restablecer el servicio tras otro apagón nacional.

Con este episodio, Cuba enfrenta su séptimo apagón total en lo que va de 2026 y el segundo en menos de 24 horas, una sucesión de fallas que evidencia la extrema fragilidad de una infraestructura eléctrica que lleva años funcionando al límite.

Ya no se trata únicamente de apagones programados ni de un déficit puntual de generación. La frecuencia con la que el sistema completo pierde estabilidad demuestra que la Crisis energética cubana es estructural y que las autoridades enfrentan cada vez mayores dificultades para garantizar uno de los servicios básicos de cualquier sociedad moderna.

La situación vuelve a colocar bajo los reflectores el deterioro de las centrales termoeléctricas, la falta de combustible, la escasez de piezas de repuesto, los problemas de mantenimiento y la ausencia de inversiones suficientes para modernizar una infraestructura que acumula décadas de explotación.

 

 

El segundo apagón llegó cuando el sistema todavía intentaba recuperarse

La gravedad del episodio está precisamente en su proximidad.

Cuba todavía intentaba recuperar progresivamente el servicio eléctrico cuando una nueva desconexión generalizada volvió a dejar a millones de personas sin electricidad.

La recuperación de una red nacional después de una desconexión total es un proceso técnicamente complejo. Las centrales deben sincronizarse progresivamente, estabilizarse las frecuencias y restablecerse las diferentes zonas de la red.

Cuando el sistema vuelve a colapsar durante ese proceso, la señal es particularmente preocupante.

Significa que los márgenes de seguridad son extremadamente reducidos.

La Crisis deja así de ser simplemente una cuestión de cuántas horas permanece apagada una ciudad y pasa a convertirse en una cuestión de estabilidad de la infraestructura crítica del país.

 

 

Bruno Rodríguez culpa nuevamente a Estados Unidos

En medio de la nueva emergencia, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, volvió a señalar a Estados Unidos como uno de los principales responsables de la situación energética.

A través de sus redes sociales, el ministro cubano defendió la posición oficial de La Habana, según la cual las sanciones estadounidenses dificultan la adquisición de combustible, piezas, tecnología y otros recursos necesarios para garantizar el funcionamiento del sistema eléctrico.

El argumento forma parte de la narrativa que el Gobierno cubano ha mantenido durante décadas para explicar buena parte de sus dificultades económicas.

Es indudable que las sanciones estadounidenses pueden complicar determinadas operaciones comerciales y financieras. También pueden incrementar los costos de adquisición de combustible y componentes.

 

 

Pero reducir toda la Crisis energética cubana a la política estadounidense deja fuera una pregunta fundamental:

¿Por qué después de 67 años el país continúa dependiendo de una infraestructura eléctrica envejecida y vulnerable?

67 años después de 1959, la misma infraestructura sigue al límite

La Revolución cubana llegó al poder en 1959. Han transcurrido aproximadamente 67 años desde entonces.

Durante todo ese período, el Gobierno cubano ha tenido la responsabilidad de administrar, mantener y modernizar la infraestructura energética nacional.

Sin embargo, buena parte de las principales centrales termoeléctricas de la isla acumulan décadas de explotación y presentan serios problemas de disponibilidad.

Un análisis de EFE señaló que varias de las principales termoeléctricas cubanas tienen más de cuatro décadas de funcionamiento y han sufrido un déficit crónico de inversiones. Algunas instalaciones fueron construidas durante la época soviética y continúan desempeñando un papel esencial en la generación eléctrica nacional.

La pregunta, por tanto, no es si las sanciones estadounidenses complican el mantenimiento.

La pregunta es por qué el modelo cubano no consiguió desarrollar durante décadas un programa suficientemente sólido de renovación y diversificación energética.

Una Crisis que comenzó mucho antes del último apagón

La actual Crisis no apareció de repente.

Durante años, Cuba ha experimentado apagones cada vez más prolongados. En determinadas etapas, amplias zonas del país han llegado a permanecer más de 10, 15 e incluso 20 horas diarias sin electricidad.

El deterioro se ha agravado por una combinación de factores:

  • centrales termoeléctricas envejecidas;
  • mantenimiento insuficiente o retrasado;
  • falta de piezas de repuesto;
  • escasez de combustible;
  • problemas financieros;
  • baja disponibilidad de generación;
  • redes de transmisión vulnerables;
  • insuficiente capacidad de reserva;
  • limitada diversificación de las fuentes energéticas.

Cada uno de estos elementos puede provocar problemas por separado.

Pero cuando todos aparecen simultáneamente, el resultado es una Crisis sistémica.

La termoeléctrica Antonio Guiteras: símbolo de la fragilidad

La central termoeléctrica Antonio Guiteras, ubicada en Matanzas, se ha convertido en uno de los símbolos de la Crisis energética cubana.

Construida hace más de cuatro décadas, la instalación ha sufrido numerosas averías y salidas de servicio.

Su importancia es enorme porque aporta una cantidad significativa de generación al SEN. Precisamente por ello, cuando queda fuera de funcionamiento, el sistema pierde uno de sus principales soportes.

Un sistema eléctrico moderno debe disponer de suficientes reservas y fuentes alternativas para absorber la salida temporal de una gran central.

En Cuba, la situación es diferente.

La pérdida de una sola unidad importante puede aumentar considerablemente el riesgo de un colapso generalizado.

Eso revela hasta qué punto la Crisis ha reducido el margen de maniobra del sistema.

La falta de combustible agrava el problema

El combustible constituye otro de los grandes componentes de la Crisis.

Cuba depende de las importaciones de hidrocarburos para mantener buena parte de su generación eléctrica. Cuando el suministro se reduce, las autoridades tienen que administrar cuidadosamente las reservas disponibles.

El Gobierno cubano sostiene que las restricciones estadounidenses dificultan el acceso a combustible y financiamiento.

Sin embargo, también existe un problema estructural: el país no ha logrado transformar de manera suficiente su matriz energética.

Cuba posee un importante potencial para desarrollar energía solar y otras fuentes renovables. Sin embargo, la transición hacia un sistema menos dependiente de los combustibles fósiles ha avanzado con mucha lentitud en comparación con las necesidades actuales.

La Crisis está obligando a acelerar proyectos que debieron formar parte de una estrategia energética de largo plazo décadas atrás.

La electricidad se convierte en una Crisis económica y social

Un apagón no significa solamente que una vivienda queda sin iluminación.

Cuando la electricidad desaparece durante muchas horas, se detiene buena parte de la actividad económica.

Los refrigeradores dejan de funcionar.

Los alimentos pueden deteriorarse.

Las bombas de agua dejan de operar.

Los pequeños negocios pierden jornadas laborales.

Los restaurantes y cafeterías no pueden trabajar normalmente.

Las telecomunicaciones enfrentan dificultades.

Los hospitales y otros servicios esenciales deben recurrir a sistemas de emergencia.

La Crisis energética termina transformándose en una Crisis económica y social.

En una economía ya debilitada, cada hora adicional sin electricidad representa pérdidas que posteriormente son extremadamente difíciles de recuperar.

El malestar de los cubanos crece en las redes sociales

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios para expresar el malestar generado por los apagones.

Las publicaciones de ciudadanos cubanos muestran cansancio, indignación y frustración ante una situación que para millones de personas se ha convertido en parte de la vida cotidiana.

Los testimonios hablan de noches enteras sin dormir debido al calor, alimentos que se echan a perder, dificultades para cocinar y familias que dependen de baterías, plantas eléctricas o paneles solares enviados desde el exterior.

En las plataformas digitales también aparece una crítica recurrente al discurso oficial.

Muchos usuarios cuestionan que, ante cada nuevo apagón, la explicación vuelva a centrarse fundamentalmente en Estados Unidos mientras las deficiencias internas del sistema permanecen sin solución.

La percepción expresada por numerosos cubanos puede resumirse en una frase:

La población está cansada de vivir en una Crisis permanente.

La explicación del embargo no responde todas las preguntas

Es necesario reconocer que el embargo estadounidense forma parte del contexto económico cubano.

Las restricciones financieras pueden dificultar transacciones, aumentar determinados costos y complicar el acceso a algunos productos.

Pero eso no explica por sí solo seis décadas de deterioro acumulado.

La infraestructura eléctrica cubana fue construida y administrada durante décadas por el propio Estado.

La planificación de los mantenimientos, las inversiones, la renovación tecnológica y la diversificación de la matriz energética también fueron responsabilidades del Gobierno.

Por eso, una explicación equilibrada debe reconocer ambas realidades:

las sanciones pueden agravar la Crisis, pero no explican por sí solas la Crisis estructural que enfrenta el sistema eléctrico cubano.

El verdadero problema: décadas sin una modernización suficiente

El aspecto más preocupante no es únicamente el número de apagones.

Es la ausencia de una solución estructural.

Reparar una termoeléctrica puede recuperar temporalmente cientos de megavatios.

Conseguir combustible puede reducir los apagones durante algunas semanas.

Comprar piezas puede mantener una central operativa durante determinado período.

Pero ninguna de estas medidas resuelve el problema fundamental.

Cuba necesita renovar su parque de generación, modernizar las redes de transmisión y distribución, aumentar las reservas del sistema, desarrollar almacenamiento energético y acelerar la incorporación de fuentes renovables.

Y todo eso requiere inversiones enormes.

También requiere una economía capaz de generar capital y atraer inversión extranjera bajo reglas claras y seguridad jurídica.

Una Crisis que amenaza con convertirse en Crisis de Estado

El séptimo apagón total del año representa mucho más que otro episodio de oscuridad.

Es una señal de que el sistema eléctrico cubano está perdiendo progresivamente su capacidad de absorber fallas.

Cuando una red nacional colapsa repetidamente y vuelve a hacerlo durante su propio proceso de recuperación, la situación deja de ser un problema coyuntural.

Se convierte en una Crisis de infraestructura crítica.

Y sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá del sector eléctrico.

Una economía sin electricidad estable no puede crecer.

Un sistema sanitario sin energía confiable enfrenta enormes riesgos.

Las empresas no pueden planificar.

Los trabajadores no pueden producir.

Los emprendedores no pueden operar.

Y la población pierde progresivamente la confianza en la capacidad del Estado para garantizar servicios básicos.

La Crisis eléctrica es el reflejo de una Crisis mucho mayor

Cuba enfrenta hoy una de las etapas más difíciles de su prolongada Crisis económica y energética.

El séptimo apagón nacional de 2026 y el segundo en menos de 24 horas muestran hasta qué punto se ha deteriorado el sistema.

El Gobierno cubano insiste en responsabilizar a Estados Unidos.

Washington, por su parte, mantiene su política de sanciones.

Pero entre ambas posiciones existe una realidad imposible de ocultar: millones de cubanos continúan viviendo sin electricidad durante largas horas mientras una infraestructura envejecida intenta sostener una economía que también se encuentra al límite.

Después de 67 años, la discusión ya no debería limitarse a determinar quién tiene la culpa del próximo apagón.

La verdadera pregunta es mucho más profunda:

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir Cuba sin una transformación completa de su sistema energético?

Mientras las autoridades buscan explicaciones y la población busca electricidad, agua, alimentos refrigerados y unas horas de descanso, la oscuridad se convierte en el símbolo más visible de una Crisis que lleva décadas acumulándose y que ya exige algo más que reparaciones temporales: exige una solución estructural.

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