El Necio descubre lo que millones de cubanos tienen años denunciando

El Necio “descubre” la Cuba que millones llevan años denunciando: ¿autocrítica tardía o nueva máscara?

Luego de años haciendo daño al pueblo El Necio descubre que Cuba es un estado fallido

La reciente publicación del periodista y comunicador cubano Pedro Jorge Velázquez, conocido en las redes sociales como “El Necio”, ha provocado una mezcla de sorpresa, indignación, sarcasmo y cuestionamientos entre cubanos dentro y fuera de la isla.

Después de años de utilizar sus plataformas digitales para defender la narrativa oficial del régimen cubano y desacreditar a quienes denunciaban la crisis nacional, Velázquez reapareció con un mensaje en el que reconoce una realidad que durante mucho tiempo fue minimizada por buena parte de la propaganda oficial:

“Vivir en Cuba se ha convertido en una lucha diaria por conseguir agua, conservar alimentos, enfrentar los apagones y sobrevivir a la escasez”.

La publicación que ha indignado a un gran número de cubanos, luego de años de hacer daño al pueblo con su periodismo de engaños, muestra la contradicción entre las nuevas declaraciones de Velázquez y la posición que sostuvo durante años.

El “descubrimiento” de una realidad que los cubanos conocen demasiado bien

En su publicación, Pedro Jorge Velázquez explica que se alejó durante un tiempo de las redes debido a lo que describe como lo “radicalmente difícil” que se ha vuelto vivir en Cuba.

Entre las situaciones que menciona están algunas de las necesidades más elementales de cualquier hogar: disponer de agua, mantener alimentos refrigerados y encontrar un poco de alivio frente al calor durante las noches.

 

 

El Necio asegura que ha tenido que salir a buscar agua y acudir a la casa de una amiga para hacer hielo. También reconoce que Cuba atraviesa, en sus palabras, “una crisis humanitaria severa”, mientras describe el descontento de una población que protesta y golpea calderos ante la acumulación de necesidades.

Lo llamativo no es que estas dificultades existan. Los cubanos llevan años documentándolas. Lo llamativo es quién las está reconociendo ahora.

Durante años, ciudadanos, opositores, periodistas independientes y cubanos comunes denunciaron exactamente esos problemas. Muchos de quienes levantaron la voz fueron acusados de exagerar, mentir, formar parte de campañas de desinformación o servir a intereses extranjeros.

Ahora, una figura como la de El Necio que durante mucho tiempo defendió la narrativa oficial reconoce públicamente buena parte de esa realidad. Y es ahí comienza la verdadera polémica.

De defensor del sistema a denunciante de sus consecuencias

El caso de El Necio resulta especialmente significativo porque su trayectoria pública no ha estado al margen del discurso político cubano.

En 2025, por ejemplo, Pedro Jorge Velázquez participó en espacios de comunicación vinculados a la defensa de la llamada Revolución cubana.

En una entrevista publicada por Cubainformación se presentó como parte de un proyecto de comunicación política destinado a defender el proceso revolucionario y combatir lo que calificaba como una guerra comunicacional contra Cuba.

Incluso defendió públicamente la idea de que existía mayor libertad para criticar al Gobierno cubano dentro de la isla que para defender a la Revolución en Miami.

Por eso, la nueva publicación adquiere una dimensión política mucho mayor. Porque no estamos ante un ciudadano que acaba de descubrir los apagones.

Estamos ante un comunicador que durante años tuvo una enorme capacidad para influir en la percepción que miles de personas tenían sobre la realidad cubana.

La pregunta inevitable es: ¿por qué ahora?

La crisis ya no parece una consigna: toca la puerta de todos

La situación que describe Velázquez no es un fenómeno aislado.

Según los datos citados por los medios independientes, Cuba ha experimentado apagones que pueden extenderse durante 20 y hasta más de 40 horas consecutivas.

Los testimonios de los propios cubanos señalan que el 43,3 % de los hogares recibe agua cada tres días o con menor frecuencia y que cientos de medicamentos esenciales permanecen fuera de las farmacias estatales.

La crisis energética, la escasez de alimentos, la falta de medicamentos, la inflación y el deterioro de los servicios básicos han convertido la vida cotidiana en una carrera permanente contra la precariedad.

La diferencia es que ahora la crisis parece haber alcanzado también a sectores que anteriormente tenían mayores posibilidades de amortiguar sus consecuencias.

Cuando conseguir agua deja de ser un problema “de otros” y pasa a formar parte de la rutina personal, la propaganda comienza a encontrarse con una realidad difícil de editar.

El discurso cambia, pero la responsabilidad queda pendiente

Uno de los aspectos más cuestionados de la publicación de El Necio es precisamente aquello que no aparece.

Velázquez reconoce la magnitud de la crisis, pero, según podemos analizar, no atribuye directamente al Gobierno cubano responsabilidad por la situación interna. En cambio, dirige buena parte de sus críticas hacia las sanciones estadounidenses y el embargo.

Y aquí aparece una contradicción fundamental.

Es perfectamente legítimo cuestionar las sanciones estadounidenses y discutir su impacto sobre la economía cubana. Pero reconocer ese factor no elimina la necesidad de analizar las decisiones económicas, políticas y administrativas tomadas durante décadas por las autoridades cubanas.

Una explicación seria de la crisis cubana no debería reducirse a una sola causa.

El embargo estadounidense existe y tiene consecuencias. Pero también existen décadas de centralización económica, monopolio estatal, falta de libertades económicas, deterioro de infraestructuras, emigración masiva y políticas internas cuyos resultados están hoy a la vista.

Una verdadera autocrítica tendría que mirar todas esas variables.

La palabra que cambia el tono: libertad

La aparición de un lenguaje más crítico sobre la realidad cubana resulta todavía más llamativa cuando se contrasta con anteriores declaraciones de Velázquez.

En febrero de 2026, después de que Estados Unidos anunciara restricciones de visado contra él, Velázquez afirmó que la medida constituía una violación de la libertad de prensa y defendió públicamente el ejercicio de un periodismo que calificó de independiente.

Paradójicamente, el mismo comunicador que ha denunciado restricciones contra su propia actividad periodística se encuentra ahora describiendo una realidad social en la que millones de cubanos reclaman precisamente mayores libertades y cambios profundos.

Eso plantea una pregunta incómoda:

¿Puede hablarse de libertad de prensa mientras se evita cuestionar al poder que controla prácticamente todas las estructuras fundamentales del país?

La libertad no debería funcionar como un interruptor que se enciende cuando afecta personalmente al comunicador y se apaga cuando son otros los que sufren.

La reacción en redes: entre la burla y la incredulidad

La publicación generó especial interés precisamente porque proviene de una persona identificada durante años con la defensa del discurso oficial. Las reacciones que circulan alrededor del caso se mueven fundamentalmente entre dos posiciones.

Por un lado, algunos consideran positivo que una figura con visibilidad pública reconozca finalmente la gravedad de la situación. Desde esa perspectiva, cualquier reconocimiento de la crisis puede contribuir a romper el silencio y abrir un debate que durante mucho tiempo fue condicionado por consignas políticas.

Pero otra parte de los críticos interpreta el mensaje como una rectificación incompleta y tardía.

El argumento es sencillo: si los problemas eran tan graves, ¿por qué quienes los denunciaban anteriormente eran presentados como enemigos, manipuladores o exagerados?

La controversia también se alimenta de la propia trayectoria digital de Velázquez. Su canal de Telegram se presenta como una plataforma de información y contenidos de “El Necio”, y mantiene una comunidad importante de seguidores.

Ese pasado explica por qué sus nuevas declaraciones no son recibidas como las de cualquier ciudadano. Las palabras tienen memoria. Y las redes sociales, mucha más.

¿Una verdadera transformación o una adaptación al nuevo escenario?

Es demasiado pronto para determinar si estamos ante un cambio político genuino de Pedro Jorge Velázquez. Una publicación crítica, por fuerte que sea, no constituye necesariamente una ruptura ideológica.

La verdadera prueba estará en las próximas publicaciones. ¿Hablará de la responsabilidad del Gobierno cubano? ¿Defenderá el derecho de los cubanos a protestar pacíficamente? ¿Respaldará la libertad de expresión incluso cuando se utilice para cuestionar al Partido Comunista?

O de repente El Necio ¿Hablará de los presos políticos? ¿Defenderá elecciones libres y pluralismo político? ¿Reconocerá que quienes denunciaban estos problemas antes no necesariamente estaban mintiendo?

Las respuestas a esas preguntas permitirán distinguir entre una auténtica evolución de pensamiento y una simple adaptación discursiva a una realidad que ya resulta imposible ocultar.

El problema de la doble moral

La controversia alrededor de El Necio también abre una discusión más amplia sobre la responsabilidad de quienes durante años actuaron como voceros o defensores de sistemas políticos autoritarios.

Cambiar de opinión no debería ser considerado un delito. De hecho, reconocer errores puede ser una señal de madurez. Pero cambiar de opinión también implica asumir responsabilidades.

Si un comunicador pasó años defendiendo determinadas políticas, atacando a sus críticos o minimizando determinados problemas, una verdadera autocrítica debería incluir algo más que reconocer que la situación se ha vuelto difícil.

Debería incluir una frase sencilla, pero políticamente poderosa:

“Me equivoqué”.

Y, sobre todo, explicar por qué.

Los cubanos no necesitan descubridores de su propia tragedia

Quizás la mayor ironía de toda esta historia es que los cubanos no necesitaban que El Necio descubriera su realidad.

La conocen desde hace décadas.

La viven quienes hacen colas para conseguir alimentos.

La sufren quienes pasan la noche sin electricidad.

La padecen las familias que buscan medicamentos.

La enfrentan quienes cargan cubos de agua.

La sufren los ancianos que viven solos y los padres que no saben qué podrán llevar a la mesa al día siguiente.

Y la sienten, también, los millones de cubanos que han abandonado la isla durante los últimos años.

Lo novedoso no es la crisis.

Lo novedoso es que una figura que durante años ayudó a construir el relato oficial ahora se vea obligada a describir parte de esa realidad.

El tiempo dirá si El Necio realmente cambió

La historia política está llena de antiguos defensores del poder que, cuando el sistema comienza a deteriorarse, descubren las mismas verdades que durante años negaron o minimizaron.

Algunos terminan convirtiéndose en críticos auténticos. Otros simplemente modifican el discurso para sobrevivir políticamente al cambio de época. Por eso, más que celebrar o condenar inmediatamente a Pedro Jorge Velázquez, habrá que observar sus próximos pasos.

Porque reconocer que Cuba está atravesando una crisis es apenas el primer paso.

El verdadero desafío comienza cuando hay que identificar sus causas, señalar a los responsables, defender las libertades y decidir qué tipo de país se quiere construir después de la crisis.

Y ahí es donde El Necio tendrá que demostrar si su nueva voz representa una verdadera transformación o simplemente una nueva versión del mismo discurso.

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