Cubadebate manipula utilizando niños enfermos

Cubadebate manipula a través de niños enfermos para culpar a EE.UU.

Cómo Cubadebate desata indignación al culpar al embargo mientras crecen las críticas internas

El más reciente artículo publicado por Cubadebate ha colocado nuevamente a Cubadebate en el centro del debate público.

Esta vez, no solo por los datos que expone, sino por la narrativa que construye: el uso del sufrimiento de niños enfermos para reforzar la acusación contra el embargo de Estados Unidos.

Bajo el título “Medidas de asfixia contra Cuba: Más niños con cáncer están muriendo”, el texto firmado por la doctora Mariuska Forteza Sáez señala que la tasa de supervivencia infantil en casos de cáncer ha caído del 75 % al 65 %.

Según Cubadebate, esta disminución coincide con el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, responsabilizando directamente al embargo.

Una narrativa que genera rechazo

Aunque los datos sobre la crisis sanitaria son reales y preocupantes, lo que ha provocado una reacción masiva es la forma en que Cubadebate presenta la situación.

Para muchos cubanos, no se trata de negar el impacto del embargo, sino de cuestionar que se utilice como explicación única mientras se ignoran problemas estructurales internos.

Durante años, denuncias sobre hospitales deteriorados, falta de medicamentos y muertes evitables fueron descartadas como “campañas mediáticas”.

Ahora, cuando esos problemas son imposibles de ocultar, aparecen en Cubadebate, pero bajo un enfoque que evita señalar responsabilidades internas.

Explosión en redes: los cubanos responden a Cubadebate

La publicación de Cubadebate generó una avalancha de comentarios en Facebook, donde miles de cubanos expresaron su frustración.

Un médico cubano residente en Brasil escribió:

“Lo más indignante no es la noticia, es el cinismo. Durante años se denunció todo esto y era mentira. Ahora resulta que sí era verdad, pero lo dicen porque les conviene”.

Otro comentario muy compartido cuestiona las prioridades del sistema:

“Para hoteles sí hay recursos, para patrullas también. Pero en los hospitales no hay ni lo básico. ¿Y la culpa es solo del embargo?”

También surgieron propuestas cargadas de sentido común:

“Menos combustible para la represión y más para salvar niños con cáncer. Así de simple”.

Y críticas directas a la gestión económica:

“La crisis no apareció de la nada. Es consecuencia de decisiones internas mal tomadas”.

La realidad detrás del discurso

Uno de los temas más delicados que emergen tras el artículo de Cubadebate es la desigualdad en el acceso a la salud. Cada vez más ciudadanos denuncian que ciertos servicios y medicamentos están disponibles solo para quienes tienen acceso a dólares.

Esto ha generado una percepción creciente: en Cuba sí hay atención médica… pero no para todos por igual.

Mientras el discurso oficial insiste en la gratuidad universal, la experiencia cotidiana de muchos cubanos cuenta otra historia muy distinta.

Un patrón repetido por el medio oficialista

No es la primera vez que Cubadebate adopta este enfoque. En meses recientes:

  • Se utilizó el traslado de un bebé enfermo como símbolo político.
  • Se atribuyeron problemas en hospitales a factores externos sin reconocer negligencias internas.
  • Se reforzó la idea de que los medios estatales son una “trinchera ideológica”.

Este patrón refuerza la percepción de que la información no busca solo informar, sino también sostener una narrativa específica.

Datos que contradicen el relato único

Más allá de lo que publica Cubadebate, las cifras oficiales muestran una crisis profunda:

  • Mortalidad infantil en aumento, alcanzando niveles no vistos en décadas.
  • Solo un 30 % de disponibilidad de medicamentos esenciales.
  • Más de 96,000 pacientes en lista de espera quirúrgica.
  • Un sistema de salud reconocido por sus propias autoridades como cercano al colapso.

A esto se suma una contradicción evidente: mientras hospitales enfrentan apagones, sectores turísticos mantienen estabilidad energética.

El caso de Cubadebate refleja un problema mayor: cuando la narrativa oficial intenta explicar una crisis compleja con una sola causa, pierde conexión con la realidad que vive la población.

El uso del sufrimiento infantil como argumento político ha generado una reacción emocional fuerte, pero también un cuestionamiento racional cada vez más extendido.

Porque al final, más allá de discursos y titulares, hay una verdad que no necesita propaganda: la gente está viendo lo que ocurre… y ya no se queda callada.

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