Anciana estalla tras 23 horas sin corriente en Cuba: “Los gobernantes están viviendo como les da la gana”
Anciana expresa el hartazgo de miles de cubanos ante los apagones
Una anciana cubana protagoniza un video que circula en redes sociales y que vuelve a poner rostro al profundo malestar provocado por los prolongados apagones en la isla.
En la grabación compartida en Facebook, por el usuario Juan Luis Vasallo Palomo, la anciana manifiesta visiblemente indignada su frustración después de permanecer, según su testimonio, 23 horas sin servicio eléctrico y cuestiona las condiciones en las que vive la población.
Entre las expresiones de la anciana a quien nombren como Gina, se escucha: “Los gobernantes están viviendo como les da la gana”, la anciana denunció además la falta de agua y de comida, catalogando al régimen de un engaño.
El testimonio de esta anciana no constituye por sí solo una medición estadística de la situación nacional, pero refleja un tipo de denuncia que se ha repetido durante meses en distintas comunidades cubanas: familias que pasan largas horas sin electricidad, dificultades para conseguir agua, alimentos que se deterioran por falta de refrigeración y temperaturas que hacen todavía más difícil permanecer dentro de las viviendas.
Una anciana frente a una crisis que dejó de ser excepcional
La imagen de una anciana reclamando después de casi un día sin electricidad resulta especialmente significativa porque los apagones dejaron de ser un episodio ocasional para convertirse en parte de la rutina de millones de cubanos.
En agosto, EFE informó que en determinadas zonas de Cuba los apagones llegaron a superar las 20 horas diarias en La Habana y alcanzar hasta 40 horas continuas en otras provincias.
La agencia también recogió el testimonio de otra anciana, Elena Aurora Rodríguez, de 74 años, quien calificó entonces la situación de “insoportable” debido al calor y los mosquitos.
El problema, por tanto, no consiste únicamente en que una anciana tenga que esperar varias horas para que regrese la electricidad. La interrupción del servicio afecta una cadena completa de necesidades básicas.
Sin corriente no funcionan adecuadamente los sistemas de bombeo de agua, se dificulta cocinar cuando tampoco hay gas, se pierde capacidad de refrigerar alimentos y se complican las comunicaciones y los pagos electrónicos.
23 horas sin electricidad y un mensaje que se repite
El caso de la anciana del video recuerda otros episodios registrados este mismo año.
En marzo, vecinos del barrio La Güinera, en La Habana, salieron a protestar después de permanecer aproximadamente 23 horas sin electricidad. Según Martí Noticias, los residentes realizaron cacerolazos y el servicio fue restablecido poco después de la manifestación.
En julio, residentes de La Lisa protestaron frente a una sede del Partido Comunista después de acumular más de 50 horas consecutivas sin electricidad. Los testimonios recogidos entonces describieron también problemas con el suministro de agua y la presencia de familias con niños pequeños.
En ese contexto, la indignación expresada por la anciana adquiere una dimensión que va más allá de su experiencia personal. Es la manifestación individual de un problema que ha generado protestas, cacerolazos y denuncias en distintos puntos del país.
Cuba vuelve a quedar a oscuras
La situación energética cubana ha experimentado varios episodios de colapso durante 2026.
En septiembre, la red eléctrica nacional sufrió otra desconexión total que dejó a millones de personas sin electricidad.
Reuters informó que el colapso estuvo relacionado con una falla en líneas de transmisión de alta tensión y se produjo en un contexto marcado por problemas estructurales de la infraestructura y escasez de combustible.
El Observatorio Cubano de Conflictos, por su parte, registró en septiembre la octava desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional de 2026 y documentó cientos de protestas, denuncias y expresiones críticas durante ese mes.
Así, mientras la anciana del video reclama por las condiciones que enfrenta en su hogar, los datos disponibles muestran que el problema tiene una dimensión nacional.
Los apagones también provocan protestas
La falta de electricidad ha comenzado a trasladar el malestar desde las viviendas hacia las calles.
En julio, Reuters reportó protestas en varios barrios de La Habana después de otro colapso nacional de la red eléctrica. Residentes salieron con cacerolas y reclamaron el restablecimiento del servicio mientras soportaban altas temperaturas.
También se han registrado manifestaciones en otras localidades.
En marzo, por ejemplo, Martí Noticias documentó protestas en La Güinera, Guanabacoa y varias comunidades de Santiago de Cuba. Los testimonios hablaban simultáneamente de falta de electricidad, alimentos y dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas.
Una crisis que no termina en el interruptor
El apagón es quizá la manifestación más visible de una crisis mucho más amplia. La falta de electricidad afecta directamente el suministro de agua.
En agosto, EFE recogió testimonios de familias que permanecían simultáneamente sin luz, agua y gas. Una madre entrevistada por la agencia explicó que había tenido que dormir con sus hijos en el pasillo de la vivienda durante los apagones.
La situación también alcanza los servicios de telecomunicaciones. El 5 de octubre, la empresa estatal ETECSA informó de interrupciones en servicios como Nauta y Transfermóvil debido a problemas energéticos, afectando tanto la navegación como determinados pagos electrónicos.
Es decir, cuando una anciana reclama porque lleva casi un día sin electricidad, las consecuencias pueden alcanzar mucho más que la iluminación de su vivienda.
Alimentos, agua y salud: el efecto dominó
La crisis energética se conecta con otros problemas que afectan a la población cubana.
El Observatorio Cubano de Conflictos señaló que septiembre estuvo marcado simultáneamente por apagones, dificultades en el abastecimiento de agua, problemas de saneamiento, recolección de basura y expansión de enfermedades como el dengue.
El organismo contabilizó 663 protestas, denuncias y expresiones críticas durante ese mes bajo su metodología de registro detallado. Infobae, al citar el mismo informe, describió un escenario en el que los problemas eléctricos coincidieron con dificultades en los servicios de agua, salud y recogida de basura.
En estas circunstancias, la indignación de una anciana que habla frente a una cámara puede entenderse como parte de una realidad cotidiana mucho más amplia: la acumulación de problemas que afectan a hogares enteros.
¿Por qué Cuba enfrenta tantos apagones?
La explicación de la crisis energética es objeto de una fuerte disputa política. Las autoridades cubanas han señalado reiteradamente la falta de combustible y el impacto de las sanciones estadounidenses como factores fundamentales.
EFE también ha señalado tanto factores internos —como la limitada capacidad de generación— como factores externos relacionados con las restricciones estadounidenses y la disponibilidad de combustible.
Reuters, al informar sobre el colapso eléctrico de septiembre, también describió una combinación de infraestructura deteriorada y escasez de combustible, mientras recogió las posiciones enfrentadas de Washington y La Habana respecto de las causas de la crisis.
Por ello, atribuir todos los problemas a una sola causa simplifica una situación que incluye dificultades estructurales de generación, mantenimiento, combustible y condiciones económicas, además de las sanciones y restricciones internacionales.
Ya desde los años 60s, cuba venia padeciendo de apagones, a los cuales el dictador Fidel Castro llamaba temporales, sin embargo, nunca fueron temporales y el régimen no se preocupó por la actualización del sistema.
de igual forma, año tras años vivieron de las donaciones, de la ayuda del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), sin preocuparse de construir nuevas instalaciones de generación eléctrica, hechos que hoy le pasan factura al régimen.
Cuando la protesta nace del cansancio
Una característica llamativa de las denuncias recientes es que muchas no comienzan con un discurso político. Comienzan con una necesidad básica.
Una anciana quiere encender un ventilador porque el calor es insoportable. Una familia necesita electricidad para conservar los alimentos. Un edificio necesita energía para bombear agua. Un pequeño negocio necesita electricidad para trabajar. Un enfermo puede necesitar refrigeración para determinados medicamentos.
Cuando esas necesidades se acumulan durante horas y días, la frustración puede convertirse en protesta. En julio, por ejemplo, vecinos de La Lisa llegaron a concentrarse frente a una sede del Partido Comunista después de un apagón de más de 50 horas.
“Los gobernantes están viviendo como les da la gana”
La frase pronunciada por la anciana en el video —“Los gobernantes están viviendo como les da la gana”— expresa una percepción generalizada sobre la desigualdad entre las condiciones de vida de la población y las de quienes ejercen el poder.
Esa afirmación es una realidad conocida por todos los cubanos, que han podido constatar la calidad de vida de la dirigencia comunista en la isla ante la pobreza generalizada de la población.
El hecho de que una anciana utilice esas palabras después de describir sus horas sin electricidad explica por qué este tipo de contenido genera reacciones en las redes sociales: combina una experiencia personal con una pregunta política que muchos cubanos se hacen en medio de la crisis.
La crisis llega a un punto de agotamiento social
El Observatorio Cubano de Conflictos registró cientos de expresiones de descontento durante septiembre, aunque señaló que el agotamiento de la población también puede estar influyendo en la capacidad de las personas para protestar.
Según el organismo, muchos ciudadanos deben dedicar buena parte de su tiempo a conseguir alimentos, medicinas, transporte y agua. Esta observación resulta importante.
Una anciana cansada después de 23 horas sin electricidad no representa solamente el problema de la electricidad. Representa también el desgaste producido por tener que resolver diariamente necesidades básicas en un entorno de escasez.
El problema deja de ser únicamente energético y pasa a convertirse en un problema social.
Una imagen que resume el malestar cubano
La anciana del video probablemente no pretendía convertirse en el rostro de una crisis nacional. Simplemente expresó su enojo después de soportar, según su propio relato, 23 horas sin corriente.
Pero precisamente ahí reside la fuerza de la escena. No es una conferencia, un informe técnico ni una declaración oficial. Es la voz de una anciana que habla desde su experiencia cotidiana y cuestiona públicamente las condiciones en las que vive.
Y esa voz coincide con numerosos testimonios documentados durante 2026: barrios con apagones de más de 20 horas, protestas después de interrupciones prolongadas, familias afectadas por la falta simultánea de electricidad y agua y una población que enfrenta además dificultades con alimentos, transporte, comunicaciones y servicios básicos.
La anciana que reclama frente a una cámara es, en definitiva, una pieza más de una historia mucho mayor: la de una sociedad sometida a una crisis energética prolongada y a un deterioro general de las condiciones de vida.
Mientras las autoridades cubanas y Estados Unidos mantienen posiciones enfrentadas sobre las causas y responsabilidades de la crisis, quienes viven los apagones tienen una preocupación mucho más inmediata: ¿cuándo volverá la corriente?
Y para una anciana que ya lleva 23 horas esperando, esa pregunta no es política. Es la realidad de cada día.
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