Economista cubano deja al descubierto con cifras las mentiras del Dictador Miguel Díaz-Canel
El economista Mauricio De Miranda desmonta las cifras y argumentos de una entrevista que vuelve a poner en el centro la crisis cubana
La reciente entrevista concedida por Miguel Díaz-Canel al diario brasileño Folha de S.Paulo pretendía proyectar una imagen de resistencia, soberanía y defensa del modelo socialista cubano.
Sin embargo, las declaraciones del gobernante terminaron abriendo un nuevo frente de cuestionamientos sobre la realidad económica, política y social de la Isla.
El economista cubano Mauricio De Miranda Parrondo respondió con un extenso análisis publicado en redes sociales en el que cuestionó varias de las afirmaciones realizadas por Díaz-Canel y puso el foco en algo que, a su juicio, resulta mucho más profundo que una discusión sobre cifras: la responsabilidad de la dirigencia cubana en la prolongada crisis nacional.
La entrevista, publicada el 24 de agosto de 2026, tuvo como eje la situación económica de Cuba, las relaciones con Estados Unidos, las reformas introducidas recientemente y la permanencia del modelo socialista.
El dictador miguel Díaz-Canel negó que Cuba esté al borde del colapso y atribuyó buena parte de las dificultades actuales a la política estadounidense.
Pero para De Miranda, el problema es que varias de las explicaciones ofrecidas por el mandatario no resisten una comprobación histórica o económica.
Las cifras históricas que contradicen el discurso oficial
Uno de los puntos centrales del análisis del economista cubano tiene que ver con la descripción que Díaz-Canel hizo de la Cuba anterior a 1959.
El gobernante afirmó que la Isla tenía entonces alrededor de un 40 % de analfabetismo. De Miranda contrapuso esa cifra con el Censo de Cuba de 1953, que situaba el analfabetismo en 23,6 % entre las personas de 10 años o más.
La diferencia era todavía mayor entre las zonas urbanas y rurales: 11,6 % frente a 41,7 %, respectivamente.
El economista también cuestionó la afirmación de que Cuba tenía solamente un 50 % de electrificación antes de la Revolución. De acuerdo con los datos que cita de las Naciones Unidas, el 82,9 % de las viviendas cubanas disponía de electricidad en 1958.
Más allá de la discusión histórica, De Miranda utiliza estos datos para cuestionar la utilización política del pasado como argumento para justificar la situación presente.
Y ahí aparece una de las frases más contundentes de su análisis: ¿de qué sirve presumir de una cobertura eléctrica del 100 % si los ciudadanos solamente disponen de electricidad durante una fracción del día?
La pregunta adquiere especial fuerza en un país que atraviesa una crisis energética severa y donde los apagones han llegado a prolongarse durante muchas horas.
Pobreza y desigualdad: el dato que el Gobierno no muestra
Otro de los argumentos de Díaz-Canel cuestionados por De Miranda fue la afirmación de que Cuba presenta una brecha de ingresos inferior a la de cualquier país capitalista.
El economista considera que una afirmación de semejante magnitud requiere datos verificables y cuestiona que el Gobierno cubano no facilite información suficiente para evaluar científicamente la pobreza y la desigualdad de ingresos.
En su análisis reclama, precisamente, la realización de estudios independientes que permitan conocer cuál es realmente la distribución de la riqueza en Cuba.
Para De Miranda, la realidad cotidiana constituye un indicador imposible de ignorar: una parte considerable de la población no consigue garantizar condiciones dignas de vida únicamente con los ingresos obtenidos de su trabajo.
El debate, por tanto, deja de ser solamente ideológico y se convierte en una pregunta económica elemental: ¿cómo puede medirse el éxito de un modelo si no existen estadísticas independientes y transparentes que permitan evaluar sus resultados?
Democracia: otro punto débil de la entrevista
La entrevista también generó cuestionamientos en torno a las afirmaciones de Díaz-Canel sobre los sistemas políticos de Estados Unidos y Francia.
De Miranda cuestionó la descripción realizada por el gobernante cubano sobre la selección de candidatos en Estados Unidos y recordó la existencia de procesos de primarias y caucus mediante los cuales los ciudadanos participan en la selección de los candidatos de los principales partidos.
Asimismo, criticó la comparación implícita con otros sistemas democráticos y defendió que los cubanos deberían tener la posibilidad de elegir mediante elecciones libres, universales, directas y secretas.
La discusión resulta particularmente relevante porque Díaz-Canel insistió durante la entrevista en presentar el sistema cubano como una forma de defensa de la soberanía y la justicia social, mientras evitó aceptar que exista una crisis de legitimidad política.
“El socialismo no ha podido desarrollarse”: la explicación que no convence
Uno de los argumentos recurrentes de Díaz-Canel fue que el socialismo cubano nunca ha podido desarrollarse plenamente debido a las presiones externas.
El mandatario reconoció que durante las décadas de 1960 y 1970 Cuba recibió enormes cantidades de combustible y recursos provenientes de la Unión Soviética, pero presentó aquel período como parte de la construcción socialista.
De Miranda ofrece una interpretación radicalmente diferente.
Según el economista, durante décadas Cuba contó con una especie de “tubería” de recursos provenientes de la URSS que permitió sostener un modelo económico que no consiguió generar por sí mismo las bases necesarias para un desarrollo sostenible.
Su argumento central es que el problema no puede explicarse únicamente por las sanciones estadounidenses, pues la economía cubana también arrastra consecuencias de décadas de planificación centralizada, deterioro productivo y destrucción de sectores fundamentales como la agricultura y la industria azucarera.
La cuestión, en definitiva, no sería solamente cuánto daño externo ha sufrido Cuba, sino qué decisiones internas han impedido que el país desarrolle una economía capaz de sostenerse por sí misma.
El sector privado queda expuesto a la “voluntad política”
Quizás uno de los aspectos más reveladores de la entrevista fue la explicación de Díaz-Canel sobre el crecimiento del sector privado.
El mandatario rechazó que las nuevas medidas económicas representen una transición hacia el capitalismo y definió la participación privada como parte de las “concesiones necesarias” para preservar el sistema socialista.
Para De Miranda, esta declaración debería encender las alarmas entre empresarios, inversionistas y propietarios de MiPymes.
Su razonamiento es sencillo: si la actividad privada existe como una concesión política y no como un derecho económico protegido por instituciones independientes, entonces su permanencia depende de la voluntad del poder.
La advertencia adquiere especial importancia después de las 176 medidas económicas anunciadas por el Gobierno cubano, que incluyen una mayor participación privada y cambios importantes en las reglas para las MiPymes. Otros economistas también han cuestionado la coherencia macroeconómica de ese paquete.
En otras palabras, el Gobierno parece necesitar al sector privado para generar actividad económica, pero al mismo tiempo insiste en dejar claro que esa apertura puede ser revertida.
Para un inversionista, semejante incertidumbre no es precisamente un folleto de bienvenida.
¿Crisis profunda o “colapso”?
Díaz-Canel rechazó categóricamente que Cuba esté cerca del colapso. Sin embargo, el economista cubano fue mucho más contundente: sostiene que el país ya se encuentra en una situación de colapso económico y social.
La diferencia entre ambas posiciones resume buena parte del conflicto entre el discurso oficial y la percepción de numerosos críticos del Gobierno.
Mientras el mandatario insiste en que Cuba “está en pie” y que la prioridad es resistir frente a las presiones externas, la realidad cotidiana muestra una economía marcada por apagones, escasez, inflación, deterioro de servicios y pérdida del poder adquisitivo.
El economista plantea entonces una pregunta incómoda: si el Gobierno considera que el país no está en crisis terminal, ¿qué indicadores utiliza para demostrarlo?
Las redes sociales convierten el análisis en un nuevo debate nacional
Las declaraciones de De Miranda se sumaron rápidamente a un ambiente de fuerte discusión en redes sociales alrededor de la entrevista.
Una de las reacciones más destacadas correspondió a la intelectual cubana Alina Bárbara López, quien calificó las declaraciones de Díaz-Canel como “las mismas mentiras, aunque cada vez más desfachatadas”.
Otros comentarios difundidos en redes cuestionaron especialmente el llamado del mandatario a resistir y su afirmación de que los revolucionarios estarían dispuestos a dar la vida por el sistema.
En algunos espacios digitales, las críticas se concentraron precisamente en la distancia entre ese discurso de sacrificio y la realidad de ciudadanos que enfrentan apagones prolongados, dificultades para conseguir alimentos, medicamentos y transporte.
Así, la entrevista dejó de ser solamente una conversación entre Díaz-Canel y una periodista brasileña. Se transformó en un nuevo campo de batalla discursivo entre el Gobierno y economistas, intelectuales, periodistas y ciudadanos que cuestionan la versión oficial sobre las causas y dimensiones de la crisis.
El mensaje más duro de De Miranda
La conclusión del economista es probablemente la parte más severa de todo su análisis.
De Miranda sostiene que la dirigencia cubana debería reconocer que no ha sido capaz de realizar las transformaciones que el país necesita y plantea que, cuando quienes gobiernan carecen de la capacidad o del coraje político para hacerlo, lo mejor sería apartarse.
Su recomendación directa a Díaz-Canel fue contundente: “Quédese callado, por favor. Le hará un bien al país”.
Sin embargo, detrás de esa frase existe una crítica mucho más profunda.
No se trata simplemente de pedir silencio al gobernante, sino de cuestionar la capacidad de todo el sistema para reconocer sus errores y modificar las políticas que han conducido a la actual situación.
Una entrevista que terminó abriendo más preguntas que respuestas
La entrevista de Díaz-Canel buscaba transmitir una imagen de resistencia frente a la presión estadounidense y defender la continuidad del modelo socialista. El propio mandatario reconoció que el diálogo con Washington permanece estancado y sostuvo que Cuba no está dispuesta a abandonar sus principios políticos.
Pero el análisis del economista Mauricio De Miranda Parrondo desplazó la discusión hacia otro terreno: los resultados concretos del modelo económico cubano.
La pregunta que queda sobre la mesa no es únicamente cuánto impacto tienen las sanciones estadounidenses sobre Cuba. También es cuánto de la crisis actual puede atribuirse a decisiones tomadas durante décadas por la propia dirigencia cubana.
Y esa es precisamente la discusión que el Gobierno parece tener cada vez más dificultades para evitar.
Porque cuando un economista desmonta cifras oficiales, cuestiona las bases del modelo económico, advierte a los inversionistas privados sobre la inseguridad jurídica y sostiene que el país ya está en colapso, el debate deja de ser una simple diferencia política.
Se convierte en una discusión sobre responsabilidad, resultados y futuro.
Y mientras el poder insiste en pedir resistencia, una pregunta continúa creciendo dentro y fuera de Cuba: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo que pide sacrificios mientras evita reconocer el tamaño de sus propios fracasos?
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