Las mentiras de Delcy Rodríguez

Rodríguez y el “diálogo” que no libera: promesas dilatorias mientras Venezuela sigue llena de presos políticos

La estrategia de Rodríguez busca ganar tiempo, lavar imagen internacional y ocultar el doble rasero de un poder que habla de paz con más de 700 presos políticos tras las rejas

La figura de Delcy Rodríguez vuelve a ocupar el centro del discurso oficial en Venezuela, esta vez con una propuesta de “diálogo político” que muchos califican de maniobra dilatoria.

Mientras Delcy Rodríguez llama a encuentros, mesas y programas de convivencia, más de 700 presos políticos continúan encarcelados, sin listas claras, sin transparencia y sin garantías reales.

El contraste entre el discurso y los hechos expone, una vez más, el doble rasero del poder.

 

 

Rodríguez propone diálogo… pero retiene la libertad

Durante un acto transmitido por el canal estatal VTV, Rodríguez exhortó a su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, a convocar un “verdadero diálogo político” que incluya a sectores coincidentes y divergentes.

La narrativa, cuidadosamente ensayada, insiste en la reconciliación nacional mientras el aparato represivo sigue intacto.

El propio Jorge Rodríguez respondió anunciando la activación inmediata del Consejo Nacional de Soberanía y Paz, un órgano creado en un contexto de confrontación internacional, ahora reciclado como plataforma de “diálogo”.

Para muchos venezolanos, el mensaje es claro: muchas palabras, pocos resultados.

“Diálogo venezolano” y soberanía selectiva

Delcy Rodríguez insistió en que el diálogo debe ser “venezolano”, sin órdenes externas desde Washington, Bogotá o Madrid.

Sin embargo, esa defensa de la soberanía contrasta con la dependencia política del control interno, donde se criminaliza la disidencia y se utiliza la cárcel como herramienta de negociación.

Según Rodríguez, el país exige un diálogo “por el bien común”. Pero para familiares de detenidos y organizaciones de derechos humanos, el bien común empieza por liberar a los presos políticos, no por anunciar nuevas mesas de conversación sin plazos ni compromisos verificables.

 

 

El programa de “convivencia y paz”: retórica conocida

La propuesta fue enmarcada dentro del Programa para la Convivencia y la Paz, coordinado por el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, e integrado por funcionarios, empresarios y académicos.

Un plan de 100 días que promete mapear la “violencia y el odio político”, sin aclarar cuándo comienza ni cómo se ejecutará.

La pregunta que domina el debate público es sencilla: ¿cómo hablar de paz mientras se mantiene la represión? Para amplios sectores de la sociedad, el programa no es más que otra capa de retórica en una crisis política profunda.

Rodríguez y las cifras que no cuadran

Rodríguez afirmó que 626 personas han sido excarceladas, y anunció que solicitará al Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, verificar la lista. Sin embargo, hasta hoy esas listas no han sido publicadas, y las cifras oficiales chocan frontalmente con las de ONG y familiares.

Foro Penal sostiene que faltan al menos 780 presos por liberar, mientras la Plataforma Unitaria Democrática eleva la cifra a más de 900 detenidos por razones políticas.

El Observatorio Venezolano de Prisiones ha denunciado que algunas liberaciones corresponden a casos que ni siquiera eran públicos, lo que alimenta aún más la sospecha de manipulación.

 

 

Redes sociales: escepticismo, indignación y memoria

En redes sociales, la reacción fue inmediata. Usuarios denunciaron que Rodríguez habla de diálogo con las llaves de las cárceles en la mano, mientras otros señalaron que “no hay reconciliación posible con presos políticos”.

La etiqueta de “diálogo falso” se repite en comentarios que exigen hechos, no discursos.

Familiares de detenidos han convertido plataformas digitales en espacios de denuncia permanente, recordando nombres, fechas y promesas incumplidas. El consenso es claro: Rodríguez no genera confianza, genera sospecha.

Venezuela hoy: crisis, represión y simulación

La propuesta de Rodríguez llega en un momento crítico para Venezuela: economía debilitada, fractura institucional y una comunidad internacional cada vez más escéptica.

El “diálogo” anunciado parece menos un camino a la solución y más una estrategia para ganar tiempo, reducir presión externa y dividir a la oposición.

Mientras tanto, los presos políticos siguen esperando, y el país también.

Fuentes:
https://www.elnacional.com
https://foropenal.com

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