Navidad en la oscuridad: Cuba vive sus fiestas más tristes bajo el colapso total
Entre apagones, hambre y desesperanza, los cubanos enfrentan una navidad marcada por el abandono y la corrupción del régimen
La navidad en Cuba ya no se mide en luces, abrazos ni mesas compartidas. Se mide en horas sin electricidad, en estómagos vacíos, en hospitales sin insumos y en silencios impuestos por el miedo.
Mientras el mundo se prepara para celebrar, millones de cubanos enfrentan una de las etapas más duras de su historia reciente, atrapados en un país donde la esperanza se apaga al mismo ritmo que la corriente eléctrica.
Lejos de ser una fecha de unión familiar, la Navidad en la isla se ha convertido en un recordatorio cruel del fracaso estructural de un sistema que prometió dignidad y entregó miseria.
Apagones diarios: una navidad literalmente a oscuras
En gran parte del territorio nacional, los apagones superan las 10, 15 y hasta 20 horas diarias. No hay horarios claros ni planificación efectiva. La incertidumbre es total. Familias enteras pasan la Nochebuena alumbradas por velas o linternas de celulares que apenas conservan batería.
En redes sociales, los cubanos describen una escena repetida:
“Aquí no hay árbol de navidad, hay un ventilador apagado y calor insoportable”
“Navidad sin luz, sin agua y sin comida… pero con mucha rabia”
El sistema eléctrico, obsoleto y mal administrado durante décadas, colapsa una y otra vez mientras el régimen repite excusas conocidas: falta de combustible, bloqueo externo, imprevistos técnicos.
Ninguna explicación logra ocultar la realidad: la incapacidad absoluta para garantizar un servicio básico.
La opositora y activista Yamilka Lafita, conocida en las redes sociales como Lara Crofs, publicó un mensaje a través de su perfil en Facebook, donde primero desmintió que habría salido de Cuba y segundo catalogó las navidades como la mas triste de la historia.
Hambre en diciembre: mesas vacías y colas interminables
La imagen clásica de una cena navideña es, en Cuba, casi un recuerdo arqueológico. La mayoría de las familias no puede acceder a carne, pollo, arroz suficiente o productos básicos. Las largas colas, los precios inflados y la escasez crónica dominan el día a día.
Muchos cubanos confiesan en redes que esta navidad:
- Comerán una sola vez al día
- Dependen de remesas del exterior
- No celebrarán nada, porque no hay nada que celebrar
El discurso oficial habla de “resistencia” y “sacrificio”, pero el pueblo ya no resiste: sobrevive.
Sin medicamentos y con hospitales colapsados
La crisis sanitaria agrava aún más el panorama. Hospitales sin electricidad estable, sin analgésicos, sin antibióticos, sin material quirúrgico. Pacientes crónicos abandonados a su suerte. Ancianos y niños pagando el precio más alto.
En redes sociales abundan los testimonios desgarradores:
“Mi madre necesita insulina y no aparece en ningún hospital”
“Parir en Cuba hoy es una ruleta rusa”
El sistema de salud, usado durante años como propaganda política, hoy se desmorona frente a los ojos del mundo.
Una dictadura que sí celebra… pero a puertas cerradas
Mientras el pueblo pasa la navidad en penumbras, la élite del poder no sufre apagones, ni escasez, ni colas. Funcionarios del Partido Comunista viven protegidos, con privilegios, acceso a divisas, alimentos importados y electricidad garantizada.
La desconexión entre el régimen y la realidad del país es absoluta. Para ellos hay banquetes; para el pueblo, discursos vacíos. Para ellos, poder; para los cubanos, silencio forzado.
Las redes sociales: el único árbol de navidad encendido
Ante la censura de los medios oficiales, las redes sociales se han convertido en el principal canal de denuncia. Videos, transmisiones en vivo y comentarios muestran la Cuba real: apagada, cansada, indignada.
Miles de publicaciones coinciden en un mismo mensaje: esta no es una crisis pasajera, es el resultado directo de un sistema fracasado.
La navidad, lejos de traer esperanza, amplifica el contraste entre lo que Cuba podría ser y lo que el régimen ha destruido.
Navidad sin esperanza, pero con memoria
Para muchos cubanos, esta navidad no será olvidada. No por alegría, sino por la claridad brutal con la que ha quedado expuesto el colapso total del país. Una nación rica en talento y recursos, empobrecida por una dictadura que solo ha sabido perpetuarse a costa del sufrimiento de su gente.
La navidad en Cuba ya no huele a fiesta. Huele a oscuridad, a hambre y a dignidad herida.
Y cada vela encendida no es para celebrar, sino para resistir… y recordar quiénes son los responsables.
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