Díaz-Canel y la Negativa que Condena a Cuba
Díaz-Canel rechaza que esté negociando mientras el país se hunde y Estados Unidos endurece su ofensiva final
El dictador cubano Miguel Díaz-Canel, negó a través de sus redes sociales que estuviera en conversaciones con los Estados Unidos, salvo contactos técnicos migratorios.
La historia vuelve a repetirse en Cuba, pero cada vez con consecuencias más graves. El dictador Díaz-Canel, heredero político de un sistema que ha gobernado la isla por más de seis décadas, negó públicamente cualquier contacto real con Estados Unidos, justo cuando el presidente estadounidense ha dejado claro que su administración está enfocada en poner fin a la dictadura cubana y a las redes que la sostienen.
Lejos de mostrar pragmatismo o visión de futuro, Díaz-Canel opta por la confrontación retórica, cerrando una puerta que podría aliviar el sufrimiento de millones de cubanos atrapados en una crisis sin precedentes.
Díaz-Canel dice “no” al diálogo y reafirma el inmovilismo
El gobernante cubano aseguró que “no existen conversaciones” con Washington, pese al llamado directo del presidente de Estados Unidos a alcanzar un acuerdo “antes de que sea demasiado tarde”.
Según Díaz-Canel, solo existen contactos técnicos en materia migratoria, los cuales —afirma— Cuba cumple “escrupulosamente”.
En su discurso, volvió a apelar a conceptos como soberanía, respeto mutuo y Derecho Internacional, los mismos argumentos que el régimen utiliza desde hace décadas para evadir responsabilidades internas y justificar el aislamiento político y económico del país.
Una oportunidad desperdiciada para el pueblo cubano
La negativa de Díaz-Canel no ocurre en un momento cualquiera. Cuba atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente:
- apagones de más de 20 horas diarias,
- escasez crónica de alimentos y medicinas,
- colapso del sistema productivo,
- éxodo masivo de ciudadanos desesperados.
En este contexto, rechazar una negociación sin siquiera explorarla no es un acto de dignidad, sino de irresponsabilidad histórica. La dirigencia cubana demuestra, una vez más, que su prioridad no es el bienestar del pueblo, sino la supervivencia del aparato de poder.
Estados Unidos endurece su postura contra la dictadura
El mensaje del presidente estadounidense fue claro: Cuba no recibirá más petróleo ni dinero proveniente de Venezuela. Esta advertencia golpea directamente el corazón del sistema cubano, que durante años dependió del crudo venezolano para mantenerse a flote.
Con Venezuela fuera del tablero y Estados Unidos decidido a controlar el flujo energético regional, la dictadura cubana queda expuesta como nunca antes. En lugar de adaptarse a la nueva realidad, Díaz-Canel elige el discurso ideológico, aun cuando el país carece de recursos básicos para sobrevivir.
El cinismo del régimen: “no vamos a vender el país”
El canciller Bruno Rodríguez reforzó la narrativa oficial asegurando que Cuba no va a “vender el país ni ceder ante amenazas”. Sin embargo, la contradicción es evidente: el país ya fue hipotecado durante décadas, primero a la Unión Soviética y luego a Venezuela, a cambio de subsidios que nunca se tradujeron en prosperidad para los ciudadanos.
Hablar de soberanía mientras la población vive en la miseria y sin libertades básicas resulta, como mínimo, cínico.
Crisis energética: el reflejo del fracaso del modelo
La falta de combustible, las centrales eléctricas obsoletas y la ausencia de divisas han llevado a Cuba a un colapso energético estructural.
Los apagones prolongados no son consecuencia de factores externos, sino del fracaso absoluto del modelo económico impuesto por la dictadura.
Cada hora sin electricidad es un recordatorio de que Díaz-Canel gobierna un país destruido por sus propias políticas.
Díaz-Canel y el miedo a perder el poder
Detrás del rechazo al diálogo hay una verdad incómoda: negociar implicaría cambios, y los cambios amenazan la permanencia de la cúpula gobernante. Por eso, Díaz-Canel prefiere resistir antes que reformar, aun sabiendo que esa resistencia prolonga el sufrimiento nacional.
La comunidad internacional observa un régimen que se aferra al pasado mientras el mundo avanza.
La postura de Díaz-Canel confirma que la dictadura cubana no tiene un proyecto de país, solo un proyecto de poder. Al rechazar una posible negociación con Estados Unidos, el régimen demuestra que no gobierna para Cuba, sino contra el futuro de Cuba.
La historia no suele ser amable con quienes se niegan a escuchar las señales del cambio. Y todo indica que esta vez, la factura política será imposible de esquivar.
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