Descarrilamiento en Matanzas expone el colapso del sistema ferroviario cubano
Descarrilamiento dejó tres lesionados y una línea destrozada: ¿hasta cuándo la desidia?
Matanzas, 7 de agosto de 2025 — El descarrilamiento del tren nacional Guantánamo – La Habana, ocurrido este martes a las 2:30 de la tarde cerca de las Cuevas de Bellamar, en la provincia de Matanzas, ha vuelto a poner en el centro del debate la crisis estructural del sistema ferroviario cubano.
Aunque el descarrilamiento solo dejó tres heridos leves, según informaron las autoridades cubanas, las imágenes del tren fuera de las vías han causado un fuerte impacto entre los ciudadanos y evidencian el deterioro de una infraestructura abandonada por décadas.
Una tragedia evitada por segundos
El tren descarriló cuando la locomotora y cinco vagones se salieron de la vía. Gracias a la acción del maquinista, con más de 30 años de experiencia, se evitó una catástrofe mayor.
Al detectar fallas en el trazado, activó el freno de emergencia, minimizando los daños.
Los heridos fueron dos ferromozas y una pasajera, todos trasladados y atendidos en el Hospital Faustino Pérez de Matanzas. Las autoridades declararon que se encuentran fuera de peligro.
Las vías: una ruina sobre la que aún se viaja
Aunque los medios oficialistas como Cubadebate y Granma se centraron en la rápida respuesta posterior al descarrilamiento, evitaron abordar el tema más urgente: el estado deplorable de las vías férreas.
Testimonios recogidos por usuarios en redes sociales apuntan a que la falta de mantenimiento, la obsolescencia tecnológica y la corrupción institucional son las verdaderas causas de estos eventos que se repiten con alarmante frecuencia.
En declaraciones anónimas, un exferroviario comentó a través de un foro independiente sobre el descarrilamiento:
“Lo que pasó no es un accidente, es el resultado de años sin inversiones reales. Las vías están oxidadas, con durmientes podridos, sin balasto. Algunas no se inspeccionan desde hace años.”
Reacción oficial: parche y propaganda
El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, informó que se habilitó una vía alternativa paralela para garantizar la continuidad del servicio luego del descarrilamiento.
Brigadas técnicas trabajaron durante la noche para reponer más de 300 metros de línea férrea, utilizando maquinaria pesada y materiales almacenados.
Sin embargo, muchos usuarios en redes sociales ven estas acciones como un intento de encubrir el verdadero problema: la inoperancia sistémica y el desinterés del Estado por la seguridad ciudadana.
Voces del pueblo: hartazgo y desesperanza
Los comentarios en redes sociales reflejan un sentir generalizado de frustración ante el abandono del sistema ferroviario:
- Raúl Martínez (Facebook):
“No es el primer tren que se descarrila, ni será el último. Seguimos viajando sobre escombros.” - Lilia Torres (Telegram):
“¿Cuántos accidentes más tienen que pasar para que entiendan que estas vías no sirven?” - Jesús Rafael (X/Twitter):
“En otros países se habla de trenes bala, aquí agradecemos que el tren no explote. Patético.” - Anónimo (Foro en Reddit):
“Este país está colapsado en todo. Cada riel roto es un símbolo de lo que se ha roto en Cuba.” - Nidia F. (Facebook):
“Después salen en televisión diciendo que todo está bajo control. ¿Control de qué? ¿Del desastre?”
No es un hecho aislado: es un patrón de colapso
Solo en el último año, se han reportado al menos cinco descarrilamientos en diferentes provincias. A ello se suman trenes parados por averías, incendios en locomotoras, y pasajeros varados por horas sin información ni asistencia.
Las autoridades, lejos de ofrecer soluciones integrales, siguen aplicando medidas paliativas y temporales.
Un informe de la propia Unión de Ferrocarriles de Cuba reconocía en 2024 que más del 60% de las vías nacionales están en “estado regular o malo”, y que el 80% del parque de locomotoras y coches no recibe mantenimiento periódico adecuado.
Un país al borde del descarrilamiento total
El descarrilamiento del tren Guantánamo–La Habana es una nueva advertencia de un sistema que agoniza. Los rieles doblados, los vagones descarrilados y la respuesta improvisada son el reflejo perfecto de un modelo económico y político incapaz de garantizar siquiera el transporte seguro de su gente.
Mientras tanto, el pueblo cubano continúa su trayecto —literal y metafóricamente— sobre un sistema que cruje, se rompe y, como el tren de Matanzas, se descarrila cada vez más cerca del abismo.
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