Dependencia de Cuba de China para sobrevivir

Cuba de mendigo internacional: arroz chino y una dependencia que no alimenta la dignidad

Donaciones a Cuba, generan burlas en redes y el precio político de vivir de la caridad del aliado asiático

La escena se repite con una regularidad inquietante: Cuba anuncia un nuevo donativo y el régimen lo presenta como victoria diplomática.

Esta vez, se trata de 4.800 toneladas de arroz enviadas por China, un “alivio” que confirma lo que ya es evidente para la población: la incapacidad crónica del sistema comunista para sostenerse con producción propia.

En redes sociales, la reacción fue inmediata y mordaz. Muchos cubanos calificaron al Gobierno de “mendigo internacional”, una etiqueta que duele porque describe una realidad cotidiana.

Según los medios oficialistas, el cargamento fue dividido entre La Habana y Santiago de Cuba, con distribución gratuita por territorios y cantidades ajustadas a la densidad poblacional.

Dos libras por persona aquí, una libra y media allá. La aritmética del racionamiento vuelve a ser noticia, mientras el discurso triunfalista intenta maquillar la precariedad estructural.

 

 

Redes sociales: entre la burla y el cansancio

Mientras tanto, las plataformas digitales se inundaron de comentarios críticos.

“Un país que no produce ni su arroz, pero exporta consignas”, escribió un usuario. Otro ironizó: “Gracias, China, por alimentar a un Gobierno que no nos deja trabajar”.

El sentimiento común no es gratitud, sino hartazgo: la caridad no resuelve el problema de fondo y perpetúa la dependencia.

El programa “escalonado” y la economía del salvavidas

La ministra de Comercio Interior de Cuba, Betsy Díaz Velázquez, aseguró que este envío forma parte de un programa de cooperación que alcanzaría 30 mil toneladas de arroz, con un tercer lote de 15 mil toneladas ya listo para zarpar.

Por su parte, el embajador chino lo confirmó con tono fraternal. Pero en Cuba, la pregunta es otra: ¿por qué un país agrícola depende de donaciones para alimentar a su gente?

La respuesta está en décadas de ineficiencia, control estatal y persecución a la iniciativa privada, un cóctel que ha desmantelado la producción nacional. Cada donativo tapa un agujero hoy y agranda el cráter mañana.

El costo oculto de depender de China

Nada es gratis en geopolítica. La dependencia de Cuba del régimen comunista chino tiene consecuencias claras: alineamiento político, cesión de influencia estratégica y denuncias persistentes sobre instalaciones de inteligencia en la isla.

A cambio del arroz, Pekín consolida un aliado dócil a 90 millas de Estados Unidos y fortalece su proyección en América Latina.

Así, el “salvavidas” chino mantiene a flote al régimen, pero hundiendo la soberanía económica del país. La ayuda perpetúa el modelo que genera escasez, mientras la población sigue atrapada entre el racionamiento y la propaganda.

El problema no es el arroz; es el sistema. Cuba no necesita donaciones eternas, necesita libertad económica, reglas claras y un Estado que deje producir. Mientras eso no ocurra, cada saco de arroz será un recordatorio incómodo: la caridad sostiene al poder, pero no construye nación.

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