Cuba bajo emergencia nacional: Estados Unidos declara al régimen comunista una amenaza directa a su seguridad
Trump endurece la presión contra Cuba y apunta al colapso de un sistema que durante 67 años ha empobrecido y reprimido al pueblo cubano
Washington dio un paso de enorme peso político y estratégico al declarar una emergencia nacional respecto a Cuba, calificando oficialmente al régimen comunista como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
La decisión, firmada por el presidente Donald J. Trump, no surge de la nada: es el resultado acumulado de 67 años de autoritarismo, alianzas hostiles y destrucción sistemática del país.
La orden ejecutiva identifica a Cuba como un actor desestabilizador del hemisferio occidental, alineado con potencias y organizaciones abiertamente hostiles a Washington, entre ellas Rusia, China, Irán, Hezbolá y Hamás.
Según el documento, La Habana no solo coopera con estos actores, sino que les ofrece infraestructura, refugio y capacidades de inteligencia que amenazan directamente a Estados Unidos.
Un régimen convertido en plataforma de amenazas
El texto presidencial es contundente: Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia fuera de su territorio, coopera de forma profunda con los aparatos de defensa e inteligencia chinos y permite la operación y expansión de organizaciones terroristas transnacionales en la región.
Todo ello mientras intenta evadir sanciones internacionales y sabotear los esfuerzos de Estados Unidos por garantizar la estabilidad regional.
Pero el problema no es solo geopolítico. El documento subraya que el régimen cubano persigue, tortura y reprime a su propio pueblo, niega libertades fundamentales, castiga a las familias de presos políticos y censura de forma sistemática la prensa, la religión y el acceso libre a internet.
En otras palabras: un Estado fallido hacia adentro y un actor peligroso hacia afuera.
Golpe económico indirecto: aranceles a quienes sostengan al régimen
Como respuesta, Washington habilita un sistema arancelario punitivo contra cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba, incluso de forma indirecta. La lógica es clara y directa: quien mantenga con vida al régimen, pagará un precio económico en su acceso al mercado estadounidense.
La medida busca asfixiar uno de los últimos salvavidas del castrismo: el combustible. Sin petróleo, el modelo cubano —ya colapsado— enfrenta apagones masivos, parálisis industrial y un deterioro aún mayor de la vida cotidiana, una realidad que el pueblo cubano conoce demasiado bien.
Tolerancia cero… pero respaldo al pueblo
Estados Unidos deja claro que su política es de tolerancia cero frente a las depredaciones del régimen, pero al mismo tiempo reafirma su compromiso con las aspiraciones del pueblo cubano a una sociedad libre y democrática.
El mensaje es inequívoco: el problema no es Cuba como nación, sino el sistema que la secuestró durante casi siete décadas.
La orden ejecutiva también abre la puerta a modificaciones si el régimen —o terceros países— cambian de rumbo y se alinean con principios democráticos y de respeto a los derechos humanos. Una condición que, a la luz de la historia reciente, parece más teórica que real.
Reacciones en redes: “El régimen es el verdadero bloqueo”
Las redes sociales explotaron tras conocerse el contenido del documento. Activistas cubanos dentro y fuera de la isla coincidieron en que la declaración de emergencia no crea la crisis, solo la reconoce oficialmente.
“Estados Unidos no declaró la emergencia: la emergencia la creó el régimen hace 67 años”, escribió un usuario en X. Otros señalaron que los aranceles a países que abastecen de petróleo a La Habana desmontan el relato oficial del bloqueo, dejando al desnudo que Cuba sobrevive gracias a alianzas políticas, no a eficiencia económica.
“El problema de Cuba no es Trump, es el comunismo”, resumía otro comentario viral.
Un punto de inflexión histórico
La declaración de emergencia nacional marca uno de los momentos más tensos en la relación bilateral desde la Guerra Fría. Pero también evidencia algo que ya es imposible de ocultar: Cuba es hoy un riesgo regional, un desastre humanitario y un modelo agotado, sostenido a la fuerza mientras su pueblo paga el precio.
La pregunta ya no es si el sistema cubano puede sostenerse, sino cuánto más sufrimiento intentará imponer antes de caer.
Fuentes
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