ensayo clínico en Cuba genera diferentes opiniones

Convocatoria para “ensayo clínico” en Cuba desata dudas, críticas y frustración ciudadana

Un nuevo experimento en medio de una crisis sanitaria profunda

El régimen cubano ha lanzado una nueva convocatoria para participar en un ensayo clínico del proyecto FENIK-2, un estudio que busca evaluar la seguridad y efectividad del fármaco Jusvinza en pacientes con secuelas persistentes de chikungunya.

Lejos de generar confianza, el anuncio ha desatado una ola de comentarios críticos en redes sociales, donde muchos ciudadanos denuncian que el Gobierno pretende convertirlos nuevamente en “conejillos de Indias” mientras el sistema de salud pública sigue sumido en una decadencia sin precedentes.

Hospital de Matanzas convoca a voluntarios

El llamado a participar en el ensayo clínico fue emitido a través de la página oficial del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez, en Matanzas. La institución informó que el ensayo forma parte del proyecto FENIK-2, liderado junto al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

El objetivo declarado es “evaluar la seguridad y el efecto terapéutico del Jusvinza en pacientes con secuelas crónicas de chikungunya”, según la publicación oficial.

 

 

Requisitos para participar

La convocatoria al ensayo clínico, está dirigida a personas entre 19 y 80 años que hayan padecido chikungunya y presenten síntomas persistentes por más de tres meses, como:

  • dolores articulares,
  • inflamación,
  • rigidez matutina.

Los voluntarios serán divididos en dos grupos:

  1. uno recibirá Jusvinza junto al tratamiento convencional,
  2. el otro continuará con la terapia estándar del MINSAP.

Los responsables aseguran que el estudio cuenta con un diseño “controlado, aleatorizado y con rigor metodológico”, y que todos los pacientes recibirán seguimiento médico especializado.

Reacciones en redes: esperanza, miedo y crítica abierta

La publicación ha sido un hervidero de comentarios. Algunos usuarios —agotados por las secuelas del virus— ven en la convocatoria una posible oportunidad para mejorar.

“Apenas puedo caminar, tengo artritis y chikungunya crónico. ¿Puedo ser candidata?”, preguntó una mujer entre decenas de mensajes similares.

Otros aseguran haber recibido el fármaco en fases previas y reportan mejorías significativas:

“Hemos tenido una mejoría extraordinaria, no tenemos dolores y podemos caminar”, escribió una voluntaria, calificando el medicamento como “maravilloso”.

Pero no todos celebran. Un sector de cubanos expresó un profundo escepticismo, señalando la contradicción entre impulsar un ensayo clínico y la falta absoluta de medicinas básicas en el país:

“No hay ni analgésicos en las farmacias. ¿Cómo quieren que confiemos en esto?”, comentó un usuario indignado.

Incluso se cuestionó por qué el estudio no se extiende a provincias como La Habana, donde también abundan casos de personas con secuelas de chikungunya.

Un fármaco polémico y sin respaldo internacional sólido

El Jusvinza (CIGB-258) ha sido utilizado anteriormente durante la pandemia de COVID-19 en pacientes graves con inflamación sistémica.

Sin embargo, hasta hoy no existen resultados concluyentes publicados en revistas científicas internacionales revisadas por pares.

Aun así, el director del CIGB, Dr. Eulogio Pimentel, continúa defendiendo su utilidad en enfermedades inflamatorias crónicas. El problema: la falta de transparencia y la ausencia de datos verificables alimentan las dudas de especialistas y ciudadanos.

Un ensayo clínico en un país sin medicamentos

La propuesta llega en un momento crítico. Cuba enfrenta una de las peores crisis sanitarias de su historia reciente:

  • hospitales sin recursos,
  • laboratorios sin insumos,
  • escasez de medicamentos básicos,
  • dificultades para diagnósticos elementales.

La epidemia de chikungunya —minimizada por las autoridades— ha dejado a decenas de cubanos con secuelas graves. Mientras tanto, el pueblo denuncia que ni siquiera puede comprar paracetamol.

“Estamos dispuestos a probar lo que sea, pero no hay ni paracetamol”, lamentó una internauta.

Paradójicamente, mientras el régimen empuja nuevos ensayos clínicos y proyectos biotecnológicos, la población enfrenta un desabastecimiento que revela el colapso estructural del sistema de salud.

Más incógnitas que certezas

El nuevo ensayo clínico del Jusvinza no solo pone sobre la mesa la urgencia de atender las secuelas del chikungunya, sino también la profunda desconfianza de un pueblo que ha sido sometido durante décadas a pruebas, experimentos y promesas oficiales sin resultados verificables.

La biotecnología ha sido presentada por el régimen como un “orgullo nacional”, pero hoy contrasta abiertamente con la realidad: hospitales en ruinas, falta de medicamentos, y una ciudadanía cansada de que la utilicen para tapar la incompetencia estructural del sistema.

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