26 de Julio: cuando el terror fue método y hoy se llama “heroísmo”

La violencia política del movimiento “26 de Julio”que sembró miedo en Cuba antes de 1959 y la hipocresía del régimen que hoy acusa a otros de terrorismo

Hablar del 26 de Julio en Cuba sigue siendo un terreno minado. El régimen lo presenta como un movimiento épico y libertador, pero una revisión histórica honesta revela una realidad más incómoda.

Antes de 1959, el Movimiento 26 de Julio empleó métodos que encajan plenamente en la definición de terrorismo, dejando un saldo de muertos inocentes, atentados urbanos y sabotajes que sembraron miedo entre la población civil.

Lo paradójico —y profundamente cínico— es que el mismo régimen nacido de esa violencia hoy se erige como juez moral, calificando de “terroristas” a sus opositores mientras justifica o silencia su propio pasado sangriento.

¿Qué se entiende por terrorismo?

De acuerdo con definiciones ampliamente aceptadas en estudios académicos y organismos internacionales, terrorismo es:

El uso sistemático de la violencia contra civiles o bienes no militares con fines políticos, con el objetivo de intimidar a una población o forzar decisiones de un gobierno.

Bajo esta definición, no basta con llamarse “revolucionario” para quedar exento. El criterio central es quiénes sufren la violencia y con qué propósito. Y en este punto, el 26 de Julio tiene mucho que explicar.

Sabotaje a una tienda

La imagen tomada de un periódico de la época muestra uno de los sabotajes perpetrados por el Movimiento 26 de julio a un negocio particular, que no tenia nada que ver con el régimen de Batista ni con los militares, era la forma de sembrar el terror en la población.

El 26 de Julio y la violencia urbana: hechos con fechas

Antes del triunfo revolucionario de 1959, el Movimiento 26 de Julio desarrolló una estrategia de lucha clandestina basada en sabotajes, explosivos, asesinatos selectivos y acciones urbanas que, en múltiples ocasiones, afectaron directamente a civiles.

Hechos documentados más relevantes

  • 26 de julio de 1953 – Asalto al Cuartel Moncada (Santiago de Cuba)
    Aunque fue un ataque militar, marcó el inicio de una espiral de violencia política que luego se trasladaría a las ciudades.
  • 4 de agosto de 1957 – Guantánamo
    Explosión accidental de artefactos explosivos manipulados por miembros del movimiento en plena zona urbana. El saldo: varios jóvenes muertos, sin vínculo alguno con combates armados.
  • 3 de septiembre de 1957 – Teatro América, La Habana
    Fallece Urselia Díaz Báez al detonar una bomba que sería colocada en un baño del cine. El objetivo era un espacio público lleno de civiles.
  • 1958 – Matanzas
    Mueren Enrique Hart Dávalos, Juan Alberto Morales García y Carlos García al estallar un explosivo destinado a una acción de sabotaje. El incidente ocurre en un entorno urbano, con alto riesgo para transeúntes.
  • 1957–1958 – Sabotajes a transporte, comercios y espacios públicos
    Colocación de bombas en bares, tiendas y cines; incendios de ómnibus y atentados que generaron pánico colectivo, afectando a ciudadanos comunes sin participación política.
Tarja a la terrorista Urselia

Urselia Díaz Baez fue una congnotada terrorista, con experiencia en poner bombas en cines, parques, bares y otros lugares públicos donde frecuentaba la población civil, muere cuando intenta poner una bomba en el baño de un cine lleno de personas inocentes, la bomba le estalló en el cuerpo, el régimen la catalogó de heroína y le hizo una tarja en su memoria.

Estos hechos no son propaganda, están recogidos en investigaciones históricas, prensa de la época y estudios académicos sobre la lucha clandestina urbana en Cuba.

El miedo como estrategia política

El uso de explosivos en lugares públicos no tenía como fin “liberar” a una población, sino intimidarla, paralizar la vida cotidiana y mostrar poder. Ese es, precisamente, el mecanismo central del terrorismo: sembrar miedo para obtener control político, utilizado por el movimiento terrorista 26 de julio.

La narrativa oficial intenta justificar estos actos como “necesarios”, pero la muerte de civiles nunca es un daño colateral aceptable, ni en dictaduras ni en revoluciones.

Terrorista del Movimiento 26 de julio

El policía muestra a un terrorista de los revolucionarios de Fidel Castro que porta en su cintura bombas caseras hechas de niples de tubería que serian puestas en lugares civiles para matar inocentes, la imagen es tomada de un medio de la época.

La gran contradicción: de terroristas a jueces del terrorismo

Tras 1959, el régimen encabezado por Fidel Castro convirtió la palabra terrorismo en un arma política.
Cualquier opositor, disidente o grupo crítico pasó a ser etiquetado como terrorista, incluso cuando sus acciones eran cívicas o pacíficas.

Mientras tanto:

  • Se silenció el historial violento del 26 de Julio.
  • Se justificaron atentados que costaron vidas inocentes.
  • Se reescribió la historia para presentar el terror como “gesta heroica”.

Esta doble moral revela una verdad incómoda: el problema del régimen cubano no es el terrorismo, sino quién lo ejerce.

La memoria que el régimen teme

La historia no puede seguir secuestrada por consignas. Reconocer que el 26 de Julio utilizó métodos terroristas no es defender a Batista, es defender a las víctimas, a los civiles que pagaron con su vida una lucha de poder que nunca eligieron.

La dictadura cubana acusa hoy a otros de terroristas porque controla el relato, no porque tenga autoridad moral.

Y mientras esa hipocresía no sea desmontada con hechos, fechas y memoria histórica, Cuba seguirá prisionera no solo de un sistema político, sino de una mentira fundacional.

Fuentes históricas

  1. https://www.britannica.com/topic/26th-of-July-Movement
  2. https://www.monografias.com/docs112/lucha-clandestina-guantanamo-1952-1958
  3. https://www.cubanet.org/sesenta-abriles-terrorismo-revolucionario-cuba/

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