México al borde del abismo: cuando el narcotráfico dicta la ley
Gobierno de México fracasa en su política de “abrazos y no balazos” y deja al país atrapado en una guerra no declarada
México vuelve a amanecer entre humo, bloqueos y miedo. La muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), detonó una reacción en cadena que exhibe una realidad incómoda.
El Estado perdió la iniciativa frente al crimen organizado. Incendios, narcobloqueos y parálisis en al menos 16 estados confirman que la violencia ya no es episódica, sino estructural.
El operativo —realizado en Jalisco con apoyo de inteligencia de Estados Unidos— abatió a uno de los capos más buscados del hemisferio.
Sin embargo, la respuesta criminal fue inmediata y coordinada, afectando rutas, comercios, vuelos, escuelas y servicios. La imagen es clara: México no enfrenta un problema de seguridad; enfrenta una crisis de gobernabilidad.
Un país sitiado
Desde Jalisco hasta Michoacán, Colima, Nayarit, Guanajuato, Tamaulipas, Baja California, Guerrero y Quintana Roo, los narcobloqueos demostraron capacidad logística, armamento de guerra y control territorial.
En México se decretó suspensión de clases, cancelación de vuelos en destinos turísticos clave como Puerto Vallarta y activación de protocolos de emergencia. La violencia no distingue horarios ni fronteras estatales; avanza como un sistema.
La política que falló
Aquí emerge el núcleo del problema: la estrategia de “abrazos y no balazos”, impulsada por el expresidente de México Andrés Manuel López Obrador y continuada por Claudia Sheinbaum, quien apostó a la contención social mientras el crimen se militarizaba.
El resultado es contundente: los cárteles se fortalecieron, diversificaron ingresos y elevaron su poder de fuego, mientras el Estado retrocedía en presencia y disuasión.
No se trata de celebrar la muerte de un capo. Se trata de reconocer que México llegó tarde a la reconstrucción de su autoridad.
Durante años, la falta de una estrategia integral —inteligencia sostenida, control financiero, cooperación internacional efectiva y presencia territorial permanente— dejó vacíos que el narcotráfico ocupó sin resistencia real.
Presión externa, respuesta interna insuficiente
Washington incrementó la presión al catalogar a cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y ofrecer recompensas millonarias.
La cooperación binacional fue clave para el golpe al CJNG. Pero la pregunta incómoda persiste: ¿por qué México necesita que otros empujen lo que su política interna dejó caer?
El costo social
El saldo no se mide solo en detenidos o armas aseguradas. Se mide en estudiantes sin clases, trabajadores atrapados, empresarios extorsionados y comunidades normalizando la violencia.
Cuando el transporte público se detiene y los conciertos se cancelan por “seguridad”, el mensaje es devastador: la vida cotidiana depende del humor del crimen.
México no está ante un episodio aislado, sino frente al espejo de una década de decisiones erradas. La consigna de “abrazos” no desarmó a nadie; desarmó al Estado.
Sin un giro profundo —legal, operativo y político— la violencia seguirá marcando la agenda. El futuro exige menos slogans y más autoridad democrática. Porque cuando el crimen gobierna, la paz es solo una ilusión.
Fuentes:
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