Amnistía, el giro político que empieza a redefinir a Venezuela
El Parlamento de Venezuela aprueba ley de Amnistía que busca reconciliación, pero marca límites claros a la violencia y los crímenes graves
La palabra amnistía ha vuelto al centro del debate nacional en Venezuela, esta vez en un contexto impensable hace apenas unos meses.
Tras la operación liderada por Estados Unidos que culminó con la captura de Nicolás Maduro, el tablero político comenzó a moverse con rapidez. Y uno de los primeros gestos concretos de ese nuevo escenario fue la aprobación unánime, por parte de la Asamblea Nacional, de una histórica ley de amnistía para presos políticos.
La norma abarca hechos ocurridos entre 2002 y 2025, incluyendo episodios como el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, el paro petrolero y diversas protestas antigubernamentales.
Sin embargo, el mensaje es claro: amnistía no significa borrón y cuenta nueva para todos.
Una amnistía con líneas rojas bien definidas
El artículo 9 de la legislación establece exclusiones tajantes. Quedan fuera de la amnistía delitos graves como violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, homicidio intencional, narcotráfico y corrupción.
También se excluye a quienes hayan promovido, financiado o participado en acciones armadas o de fuerza contra la soberanía nacional, incluso con apoyo de actores extranjeros.
En otras palabras: reconciliación sí, impunidad no. Una fórmula que busca enviar una señal tanto a las víctimas como a la comunidad internacional, en un país agotado por décadas de confrontación política.
El discurso oficial: perdón, convivencia y nuevo ciclo
Desde el Palacio de Miraflores, la presidenta encargada Delcy Rodríguez celebró la aprobación de la ley, acompañada por Jorge Rodríguez y el ministro de Interior Diosdado Cabello.
Rodríguez afirmó que la amnistía abre una puerta para “despojar a Venezuela del odio” y aprender a convivir democráticamente. Insistió en que el país debe saber “pedir perdón y también recibirlo”, y llamó a revisar casos no contemplados en la ley para avanzar en la justicia y la convivencia.
El mensaje apunta a un “nuevo momento político”, marcado por la transición tras la caída del antiguo régimen y por la necesidad de estabilizar el país con rapidez.
Liberaciones, emoción en las calles y presión social
Según la ONG Foro Penal, Venezuela registra actualmente 644 presos políticos, aunque más de 400 personas han sido excarceladas desde el inicio del proceso el pasado 8 de enero.
Uno de los casos más simbólicos fue la liberación del opositor Juan Pablo Guanipa, horas después de aprobada la ley.
En redes sociales circularon imágenes de familiares celebrando entre lágrimas, abrazos y oraciones. La aprobación de la amnistía también llevó al levantamiento de una huelga de hambre protagonizada por mujeres familiares de detenidos, quienes afirmaron que la lucha “empezó a dar frutos”.
Redes sociales: esperanza, pero también escepticismo
Como era de esperarse, la reacción digital fue intensa. Mientras muchos usuarios celebraron la amnistía como un primer paso hacia la normalización democrática, organizaciones y sectores opositores expresaron reservas.
El coordinador de Provea, Óscar Murillo, advirtió que la ley no refleja plenamente un espíritu de reconciliación. Por su parte, Primero Justicia calificó la norma de “insuficiente y sesgada”, mientras otras ONG señalaron que deja fuera numerosos casos de presos políticos.
En X, Instagram y Facebook, el consenso parece ser uno solo: la amnistía es un avance, pero no el final del camino. Más bien, el inicio de una etapa donde la credibilidad del nuevo liderazgo se medirá por hechos, no por discursos.
Posición de Primero Justicia sobre la insuficiente Ley de Amnistía:
1. Los presos políticos civiles y militares son inocentes y deben ser liberados plena e inmediatamente.
2. La ley aprobada hoy es insuficiente y sesgada; no podemos descansar ni ceder en los esfuerzos por la…— Primero Justicia (@Pr1meroJusticia) February 20, 2026
Un país ante una oportunidad histórica
La ley de amnistía nace en un contexto excepcional: la caída del poder que dominó Venezuela por años y la expectativa de un cambio real.
El desafío ahora es que esta herramienta no se convierta en un gesto simbólico, sino en el primer ladrillo de una justicia transicional creíble, equilibrada y orientada al futuro.
Porque si algo queda claro es que Venezuela no solo necesita pasar la página, sino escribir una nueva… y esta vez sin repetir los mismos errores.
Fuentes
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