Crisis: 67 años de colapso energético, escasez y falta de libertades en Cuba
La crisis cubana no es coyuntural ni reciente: es el resultado acumulado de décadas de un modelo político y económico que ha empujado a millones de ciudadanos al exilio
La palabra crisis se ha convertido en un estado permanente en Cuba. No describe un momento excepcional, sino una condición estructural que atraviesa la vida cotidiana de la isla desde hace más de seis décadas.
Crisis energética, crisis alimentaria, crisis económica y crisis de libertades forman un entramado que explica por qué millones de cubanos han optado por abandonar su país a lo largo de 67 años de dictadura comunista.
Una crisis energética crónica: el apagón como normalidad
La crisis energética en la isla no comenzó ayer ni puede explicarse únicamente por factores externos.
Desde 1959, el sistema eléctrico nacional ha estado marcado por la dependencia de aliados políticos, la falta de inversión, el deterioro tecnológico y una gestión estatal ineficiente.
Durante décadas, la Unión Soviética sostuvo artificialmente el modelo cubano con petróleo subsidiado.
La caída del bloque socialista en los años 90 reveló la fragilidad del sistema: apagones prolongados, industrias paralizadas y un colapso productivo que quedó grabado en la memoria colectiva como el Período Especial.
Lejos de corregir el rumbo, el Estado cubano repitió el esquema de dependencia con Venezuela en el siglo XXI. Cuando ese sostén también se derrumbó, la crisis volvió a intensificarse.
Hoy, con termoeléctricas obsoletas, escasez de combustible y mantenimiento mínimo, los apagones se han convertido nuevamente en parte del paisaje diario, afectando hospitales, escuelas, comercios y hogares.

A pesar de que la URSS y el campo socialista mantuvieron al régimen, desde combustible, comida y otros productos, la dictadura comunista nunca fue capaz de caminar sola durante estos 67 años en el poder.
Crisis alimentaria: del potencial agrícola a la escasez permanente
Paralela a la crisis energética se desarrolla una profunda crisis alimentaria. Antes de 1959, la isla, era un país con capacidad exportadora de productos agrícolas. Hoy depende en gran medida de importaciones para alimentar a su población.
La eliminación de la propiedad privada, el control estatal de la producción y los precios, y la ausencia de incentivos para el productor han reducido drásticamente la producción nacional.
La libreta de racionamiento, vigente desde hace más de 60 años, lejos de ser una solución transitoria, se ha convertido en símbolo de la incapacidad del sistema para garantizar lo básico.
La escasez de alimentos no responde a desastres naturales recurrentes, sino a decisiones políticas sostenidas en el tiempo, agravadas por la crisis energética que limita el transporte, la conservación y la distribución de productos.
La crisis de libertades: el factor que lo explica todo
Más allá de los apagones y la escasez, la crisis más profunda en la isla es la falta de libertades. Durante más de seis décadas, el país ha carecido de pluralismo político, libertad de prensa, sindicatos independientes y mecanismos reales de participación ciudadana.
La protesta social ha sido criminalizada, la disidencia reprimida y la crítica silenciada. Sin libertad política no existe control ciudadano sobre el poder, y sin libertad económica no hay posibilidad de corregir errores estructurales. El resultado es un sistema que se reproduce sin corregirse, incluso cuando fracasa.
El éxodo cubano: la consecuencia directa de la crisis
Ante este panorama, millones de cubanos han tomado una decisión histórica: irse. El éxodo cubano, uno de los más prolongados del hemisferio occidental, no es un fenómeno aislado ni reciente.
Es la respuesta humana a una crisis prolongada que niega oportunidades, bienestar y futuro.
Los isleños han cruzado mares en balsas, selvas y fronteras continentales, dejando atrás familias y raíces. No emigran por aspiraciones ideológicas, sino por supervivencia.
En ausencia de cambios estructurales, el exilio se ha convertido en la única alternativa para escapar del estancamiento.
Conclusión: una crisis estructural, no un accidente histórico
La crisis en la isla no puede entenderse como una suma de dificultades temporales. Es el resultado de un modelo que concentra el poder, limita las libertades y restringe la iniciativa individual.
La crisis energética, alimentaria y social son síntomas visibles de un problema más profundo: un sistema incapaz de generar bienestar y reacio a transformarse.
Mientras no se produzcan cambios reales que incluyan libertades políticas, apertura económica y respeto a los derechos fundamentales, la crisis seguirá definiendo la vida en la isla. Y Cuba continuará perdiendo su recurso más valioso: su gente.
Porque cuando un país no ofrece luz, comida ni libertad, la historia demuestra que su población termina buscando futuro lejos de casa. Y eso, más que un discurso, es un dato.
Fuentes de información:
- BBC Mundo – Crisis multidimensional en Cuba:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-cuba-crisis - Human Rights Watch – Informe sobre la crisis de derechos humanos en Cuba:
https://www.hrw.org/es/world-report/2024/country-chapters/cuba
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