Díaz-Canel baja el tono: cuando la retórica se queda sin combustible
El dictador cubano intenta un giro discursivo mientras Cuba se hunde en la quiebra económica y energética
El dictador cubano Miguel Díaz-Canel protagonizó este viernes un cambio abrupto en su discurso contra Estados Unidos y el presidente Donald Trump.
Tras varios días de silencio y de ataques verbales cargados de ideología y consignas, el gobernante designado por Raúl Castro optó por un mensaje más contenido, en el que por primera vez en días admitió la “disposición de Cuba para dialogar” con Washington.
El mensaje, publicado en la cuenta oficial de la Presidencia de Cuba en la red X, no pasó desapercibido. En un país acostumbrado a la confrontación permanente como herramienta política, el viraje no suena a diplomacia, sino a urgencia.
🇨🇺| Presidente @DiazCanelB:
Somos un país de paz. Incluso en medio de esta agresión y del bloqueo de todos estos años, hemos dicho que tenemos disposición para dialogar con el gobierno de Estados Unidos. Pero el diálogo no puede ser bajo presiones.
📎| https://t.co/rDBzl0LNEs pic.twitter.com/LU0ZEz7S0u
— Presidencia Cuba 🇨🇺 (@PresidenciaCuba) January 31, 2026
De los insultos al llamado al diálogo
Hace apenas una semana, Díaz-Canel calificaba a la administración de Donald Trump de “fascista, criminal y genocida”, tras la orden ejecutiva que refuerza las sanciones contra el suministro de petróleo a la isla.
Hoy, con un sistema energético colapsado y apagones que paralizan al país, el discurso cambia de forma notable.
“Somos un país de paz… tenemos disposición para dialogar con el gobierno de Estados Unidos, pero no bajo presiones”, dijo el dictador Díaz-Canel, repitiendo la narrativa del “bloqueo” mientras evita reconocer el fracaso estructural de su gestión.
El contraste es tan evidente que deja al descubierto una verdad incómoda para el régimen: la ideología no genera electricidad, ni llena los platos vacíos.
Retórica antimperialista para consumo interno
El pronunciamiento de Díaz-Canel se produjo durante el Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, escenario habitual para reciclar la retórica antimperialista.
Allí volvió a denunciar “la agresividad del imperio”, comparó a Trump con Hitler y aseguró que Cuba “no se rendirá”.
Sin embargo, el mensaje posterior difundido en redes mostró un matiz diferente: ya no se descarta el diálogo. Eso sí, envuelto en el lenguaje de resistencia que el régimen utiliza para no admitir debilidad ante su propia base política.
Negociar sin admitir el fracaso
Analistas internacionales interpretan este cambio de tono como un intento desesperado de ganar tiempo y oxígeno político. “Es la versión cubana del modelo venezolano: confrontar en público, negociar en privado”, afirmó un observador extranjero.
La presión internacional aumenta, el aislamiento se profundiza y la crisis energética amenaza con paralizar aún más una economía ya devastada.
Frente a ese escenario, el régimen ensaya una diplomacia forzada, sin reconocer décadas de mala administración, corrupción estructural y decisiones económicas que han llevado al país al colapso.
La propaganda ya no convence a nadie
Mientras el aparato propagandístico insiste en culpar exclusivamente a las sanciones externas, la realidad dentro de Cuba desmiente el relato oficial. La falta de combustible, los apagones prolongados y el empobrecimiento crónico son el resultado directo de un modelo fallido, no de un enemigo externo omnipotente.
El propio Díaz-Canel quedó expuesto en su cuenta de Facebook, donde una publicación realizada este viernes acumuló más de 6.000 reacciones negativas. La mayoría de los comentarios reflejan rechazo, hartazgo y una total falta de credibilidad hacia el dictador y el régimen comunista.

El dictador Miguel Díaz-Canel recibe más de 6000 comentarios negativos, donde los cubanos muestran su rechazo al régimen y a su gestión.
Un pueblo cansado y un régimen sin credibilidad
Las redes sociales se han convertido en el termómetro más honesto del clima social en la isla.
Lejos de los discursos oficiales, los cubanos expresan cansancio, frustración y desesperanza. Ya no creen en promesas, ni en consignas, ni en enemigos externos usados como excusa permanente.
La dictadura comunista atraviesa uno de sus momentos más críticos: sin legitimidad, sin resultados y sin un relato que sostenga el poder.
El tono más bajo de Díaz-Canel no es señal de moderación, sino de debilidad. Cuando un régimen baja la voz, no es por prudencia, sino porque el eco ya no responde.
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