activista cubana denuncia a quienes defienden el régimen de Cuba

“Cuba no es su causa: Cuba es su excusa”: la denuncia activista Avana De La Torre contra quienes defienden al régimen comunista

La activista cubana cuestiona el silencio de sectores internacionales ante la represión, los presos políticos y la crisis que vive la isla

Una contundente reflexión publicada en redes sociales por la activista cubana conocida como Avana De La Torre ha vuelto a colocar sobre la mesa un debate que durante décadas ha acompañado a la realidad política cubana.

¿Por qué algunos sectores internacionales defienden al Gobierno de La Habana mientras ignoran o minimizan las denuncias de quienes viven —o han vivido— las consecuencias de la represión dentro de la isla?

Bajo el título “CUBA NO ES SU CAUSA: CUBA ES SU EXCUSA”, la activista sostiene que muchos simpatizantes internacionales de la denominada Revolución Cubana no actúan necesariamente movidos por solidaridad con el pueblo cubano, sino por una profunda animadversión política e ideológica hacia Estados Unidos.

La publicación utiliza un lenguaje duro, directo y provocador para denunciar lo que considera una contradicción: la defensa de un sistema político desde países democráticos, mientras millones de cubanos enfrentan escasez, apagones, emigración masiva y restricciones a las libertades civiles.

Más allá de la intensidad del mensaje, la denuncia plantea una discusión de fondo que continúa generando fuertes reacciones en las redes sociales y que conecta con numerosos informes internacionales sobre la situación de los derechos humanos en Cuba.

“No defienden al pueblo cubano”: el núcleo de la denuncia

El argumento central expuesto por la activista conocida como Avana De La Torre es que determinados grupos comunistas, simpatizantes políticos y defensores internacionales del régimen cubano colocan la confrontación ideológica con Estados Unidos por encima de las necesidades y demandas de los propios cubanos.

Según la activista, existe una tendencia a romantizar la Revolución Cubana desde la distancia, manteniendo una imagen idealizada de un sistema que, ha impuesto durante décadas pobreza, represión política y falta de libertades.

La crítica resulta especialmente contundente cuando cuestiona a quienes defienden el modelo cubano sin experimentar directamente las consecuencias de vivir bajo ese sistema.

El mensaje plantea una pregunta incómoda: ¿puede alguien afirmar que defiende al pueblo cubano mientras ignora sistemáticamente las denuncias realizadas por activistas, opositores, periodistas independientes, familiares de presos políticos y ciudadanos que han decidido abandonar el país?

Para Avana De La Torre, la respuesta es clara. Su denuncia sostiene que muchos de estos sectores no defienden realmente a los ciudadanos cubanos, sino la permanencia del sistema político que gobierna la isla.

El conflicto ideológico: Cuba como símbolo político internacional

Durante más de seis décadas, Cuba ha ocupado un lugar singular dentro de la política internacional.

Para numerosos movimientos de izquierda en América Latina, Europa y otras regiones del mundo, la Revolución Cubana continúa siendo presentada como un símbolo de resistencia frente a Estados Unidos y de desafío al poder estadounidense en la región.

Sin embargo, esta visión choca frontalmente con los testimonios de sectores de la sociedad civil cubana y con los informes de organizaciones internacionales que han denunciado restricciones a la libertad de expresión, persecución contra opositores y activistas, detenciones arbitrarias y graves problemas en el sistema penitenciario.

Human Rights Watch ha documentado que el Gobierno cubano continúa reprimiendo el disenso y castigando la crítica pública.

En su informe más reciente sobre Cuba, la organización señala que cientos de críticos y manifestantes permanecen encarcelados y denuncia la utilización de detenciones arbitrarias para intimidar a activistas, periodistas independientes y opositores políticos.

Esta realidad alimenta precisamente la crítica expresada por Avana De La Torre: mientras algunos observadores internacionales continúan defendiendo al régimen bajo una narrativa antiimperialista, numerosas organizaciones independientes denuncian violaciones contra ciudadanos cubanos.

El antiamericanismo y la defensa automática del régimen

Uno de los aspectos más polémicos de la publicación es su afirmación de que el rechazo hacia Estados Unidos se ha convertido, para determinados sectores políticos, en una razón suficiente para defender al Gobierno cubano. Este fenómeno no es exclusivo del caso cubano.

En la política internacional, es frecuente que determinados gobiernos o movimientos ideológicos sean evaluados más por sus alianzas geopolíticas que por su comportamiento interno en materia de derechos humanos.

En el caso de Cuba, la confrontación histórica entre Washington y La Habana ha generado una narrativa profundamente polarizada. Por una parte, existen quienes responsabilizan principalmente al embargo estadounidense por la crisis económica de la isla.

Por otra, críticos del Gobierno cubano señalan que el embargo no puede utilizarse como explicación absoluta para justificar la ausencia de pluralismo político, la persecución contra opositores o la represión de manifestaciones pacíficas.

Human Rights Watch ha señalado que el embargo estadounidense continúa siendo utilizado por las autoridades cubanas como una explicación de los problemas del país y, al mismo tiempo, como un argumento político que puede servir para desviar la atención de las prácticas represivas internas.

Este contexto permite comprender mejor el argumento de Avana De La Torre: la activista denuncia que, para algunos sectores, la defensa de Cuba se ha convertido en una extensión de su oposición a Estados Unidos, independientemente de lo que denuncien los propios cubanos.

 

 

Las redes sociales: apoyo, indignación y una discusión profundamente dividida

Las publicaciones relacionadas con la situación política cubana suelen provocar intensas reacciones en las redes sociales.

El mensaje de Avana De La Torre se inserta precisamente en ese ambiente de confrontación donde confluyen experiencias personales, posiciones ideológicas y décadas de polarización política.

Entre las reacciones más frecuentes que suelen aparecer en este tipo de debates se encuentran los mensajes de cubanos que afirman sentirse identificados con la denuncia y que cuestionan la actitud de personas que defienden al régimen desde países donde disfrutan de libertad de expresión, derecho al voto, acceso a medios independientes y posibilidad de manifestarse contra sus gobiernos.

Otros participantes del debate defienden la Revolución Cubana y sostienen que los problemas del país deben analizarse principalmente a partir de las sanciones y restricciones económicas impuestas por Estados Unidos.

También existe un tercer grupo de voces que reconoce el impacto negativo del embargo, pero considera que este hecho no puede servir para ignorar las denuncias sobre represión política, presos de conciencia o restricciones a las libertades fundamentales.

Esta diversidad de opiniones demuestra que el debate sobre Cuba continúa siendo uno de los más polarizados de la política latinoamericana.

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre la discusión ideológica y los hechos denunciados por organizaciones internacionales: las denuncias sobre detenciones arbitrarias, persecución contra activistas y abusos penitenciarios han sido documentadas por entidades independientes de derechos humanos.

Presos políticos y represión: denuncias que trascienden las redes sociales

La indignación expresada por activistas cubanos en Facebook, X y otras plataformas digitales no ocurre en un vacío. Organizaciones internacionales han documentado durante los últimos años numerosos casos relacionados con la persecución del disenso en Cuba.

Human Rights Watch ha señalado que cientos de personas vinculadas a las históricas protestas del 11 de julio de 2021 permanecen privadas de libertad y que numerosos detenidos han denunciado golpizas, aislamiento, malas condiciones sanitarias y falta de atención médica.

La organización también ha recogido testimonios de antiguos detenidos que denunciaron vigilancia y restricciones después de haber sido excarcelados.

Estas denuncias adquieren una relevancia especial porque permiten trasladar el debate más allá de las posiciones ideológicas.

Ya no se trata únicamente de estar a favor o en contra de Estados Unidos, del embargo o del sistema socialista.

Se trata también de preguntarse qué ocurre con los ciudadanos que intentan expresar públicamente una opinión diferente al discurso oficial.

Amnistía Internacional y la denuncia de un patrón represivo

Amnistía Internacional también ha advertido sobre la continuidad de la represión contra personas críticas del Gobierno cubano.

En su evaluación sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, la organización denunció que durante 2025 continuaron las detenciones arbitrarias, el hostigamiento, la vigilancia y la criminalización contra activistas, opositores, artistas, periodistas y defensores de derechos humanos.

La organización recoge además denuncias relacionadas con condiciones penitenciarias, malos tratos y restricciones en el acceso a atención médica, alimentos y otros servicios básicos para personas privadas de libertad.

Particularmente preocupante resulta la situación denunciada por mujeres activistas y defensoras de derechos humanos.

Amnistía Internacional publicó en 2025 un informe específico sobre prácticas autoritarias y violencia estatal contra mujeres en Cuba, señalando denuncias relacionadas con detenciones arbitrarias, vigilancia, utilización del sistema judicial para silenciar voces críticas y otras formas de presión.

Estas denuncias refuerzan uno de los principales argumentos planteados por Avana De La Torre: escuchar al pueblo cubano implica también escuchar a quienes denuncian abusos, incluso cuando sus testimonios contradicen la narrativa política que determinados sectores desean preservar.

La crisis cotidiana que no puede esconderse detrás de la propaganda

Mientras continúa el debate político, la vida cotidiana de millones de cubanos está marcada por una profunda crisis económica.

Los apagones prolongados, la escasez de alimentos y medicamentos, la deteriorada infraestructura y la emigración masiva se han convertido en parte del panorama nacional.

Human Rights Watch ha advertido que la crisis económica continúa afectando gravemente el acceso de los cubanos a alimentos, atención médica y electricidad, mientras persisten protestas relacionadas con los apagones y el deterioro de las condiciones de vida.

Amnistía Internacional también ha denunciado el deterioro del acceso a alimentos y medicamentos, así como el impacto de los apagones sobre derechos fundamentales como la salud y la educación.

Esta situación plantea una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto resulta legítimo defender un modelo político sin reconocer al mismo tiempo el sufrimiento que denuncian quienes viven bajo ese modelo?

Para los críticos del régimen, esta es precisamente la contradicción que Avana De La Torre denuncia.

El derecho a criticar no debería depender de una ideología

Uno de los aspectos más importantes de esta discusión es la necesidad de separar la defensa de los derechos humanos de las preferencias ideológicas.

Es posible criticar el embargo estadounidense y, al mismo tiempo, denunciar la existencia de presos políticos.

Es posible cuestionar la política de Washington hacia Cuba y, simultáneamente, exigir libertad de expresión y elecciones libres.

También es posible reconocer los problemas provocados por las sanciones económicas sin utilizar ese argumento para justificar la persecución contra activistas o la represión de manifestaciones pacíficas.

El respeto a los derechos humanos no debería ser selectivo. Sin embargo, para muchos activistas cubanos, esa selectividad continúa siendo uno de los mayores problemas del debate internacional sobre Cuba.

Mientras las violaciones ocurridas en gobiernos considerados adversarios políticos reciben una fuerte condena internacional, denuncian que las violaciones atribuidas al régimen cubano son, en ocasiones, relativizadas o justificadas bajo el argumento de la confrontación con Estados Unidos.

“Escuchen a los cubanos”: una exigencia que gana fuerza

La esencia de la publicación de Avana De La Torre puede resumirse en una exigencia sencilla: escuchar a los cubanos antes de hablar en nombre de Cuba.

Escuchar a las madres que reclaman por sus hijos encarcelados. Escuchar a los presos políticos y a sus familiares. Escuchar a los periodistas independientes. Escuchar a los jóvenes que emigran.

Escuchar a quienes protestan por los apagones, la falta de alimentos y las precarias condiciones de vida. Y también escuchar a quienes continúan defendiendo el sistema político cubano.

El problema surge cuando una de esas voces pretende monopolizar la representación de todo un país. Cuba no puede reducirse a una consigna ideológica.

Cuba es una nación de millones de personas con experiencias, opiniones, sufrimientos y aspiraciones diferentes.

Cuba no debería ser una bandera para las guerras ideológicas

La denuncia de Avana De La Torre ha vuelto a poner en evidencia una de las grandes contradicciones que rodean el debate internacional sobre Cuba.

Para la activista, muchos defensores extranjeros del régimen no luchan realmente por el bienestar del pueblo cubano, sino que utilizan a Cuba como símbolo de su propia batalla ideológica contra Estados Unidos.

Se puede estar de acuerdo o no con la dureza de sus palabras. Se puede discutir su interpretación política.

Pero resulta cada vez más difícil ignorar que existen denuncias documentadas sobre represión, detenciones arbitrarias, abusos penitenciarios y restricciones contra quienes critican al Gobierno.

Los informes de organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional muestran que la discusión sobre Cuba no puede limitarse a consignas de izquierda o de derecha.

El centro del debate debería ser el ser humano. El cubano que quiere hablar sin miedo. El joven que desea construir su futuro sin verse obligado a emigrar. La madre que reclama la libertad de su hijo. El periodista que intenta informar. El activista que denuncia un abuso.

Y el ciudadano común que cada día enfrenta la incertidumbre de conseguir alimentos, medicamentos o electricidad.

Porque, en definitiva, defender verdaderamente a Cuba debería significar algo mucho más profundo que defender un gobierno o una ideología. Debería significar defender el derecho de los cubanos a decidir su propio futuro.

Y quizás esa sea la pregunta que permanece después de leer la contundente denuncia de Avana De La Torre:

¿Quién está realmente defendiendo al pueblo cubano y quién simplemente está utilizando a Cuba como un símbolo para defender sus propias batallas ideológicas?

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