Pérez-Oliva sale a vender Cuba en Rusia: promesas, incentivos y la desesperada búsqueda de inversionistas para salvar una economía en ruinas
Pérez-Oliva ofrece energía, refinerías, transporte e infraestructura mientras el país enfrenta su peor crisis económica y energética en décadas
La participación del viceprimer ministro cubano Pérez-Oliva en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF 2026) dejó una imagen difícil de ignorar: un gobierno desesperado por atraer capital extranjero, dispuesto a prometer oportunidades, ventajas fiscales e incentivos económicos.
Sin embargo, evita responder una pregunta fundamental que preocupa a cualquier inversionista serio: ¿qué garantías reales existen para proteger las inversiones en Cuba?
Durante el evento celebrado en Rusia, Óscar Pérez-Oliva Fraga presentó a la isla como el destino ideal para los empresarios rusos, ofreciendo un amplio catálogo de negocios en sectores estratégicos como energía, refinerías, transporte, infraestructura, turismo, minería, agricultura y biotecnología.
Sin embargo, detrás del discurso optimista se encuentra una realidad muy diferente: una economía en crisis permanente, un sistema energético colapsado, una producción nacional en mínimos históricos y un marco legal donde el Estado mantiene un control absoluto sobre los sectores estratégicos.
Una economía al borde del colapso busca oxígeno en Moscú
La ofensiva diplomática y económica desplegada por Pérez-Oliva no ocurre por casualidad.
Cuba atraviesa actualmente una de las peores crisis económicas desde la desaparición de la Unión Soviética.
Los apagones masivos se han convertido en parte de la vida cotidiana de millones de cubanos. La escasez de combustible afecta el transporte público y la producción industrial. La inflación continúa deteriorando el poder adquisitivo de la población y la emigración masiva refleja la pérdida de confianza de muchos ciudadanos en el futuro del país.
En este contexto, la búsqueda de inversión extranjera se ha convertido en una necesidad urgente para el régimen.
La paradoja resulta evidente: mientras durante décadas la propaganda oficial denunció al capitalismo y al inversionista extranjero como amenazas para la soberanía nacional, hoy las autoridades cubanas recorren foros internacionales intentando convencer a empresarios extranjeros de que coloquen su dinero en la isla.
Promesas sin respuestas
Durante su intervención, Pérez-Oliva aseguró que Cuba es el país de América Latina y el Caribe donde las empresas rusas pueden desarrollar sus actividades «con total confianza».
La afirmación llamó la atención de numerosos observadores económicos, especialmente porque el funcionario no abordó cuestiones esenciales para cualquier potencial inversionista.
Entre ellas destacan la falta de independencia judicial, la ausencia de mecanismos transparentes para resolver disputas comerciales, las restricciones cambiarias, la incapacidad de muchas empresas estatales para cumplir compromisos financieros y los antecedentes de incumplimientos contractuales reportados por diversos inversionistas extranjeros durante los últimos años.
Tampoco explicó cómo una economía que enfrenta graves dificultades para garantizar electricidad a su propia población podrá ofrecer estabilidad operativa a proyectos multimillonarios en sectores estratégicos.
El sector energético: la joya de una corona deteriorada
Uno de los principales atractivos ofrecidos por Pérez-Oliva fue precisamente el sector energético.
El funcionario aseguró que existen oportunidades para invertir en generación eléctrica, distribución, eficiencia energética y energías renovables.
La propuesta llega en un momento particularmente delicado. El sistema eléctrico cubano acumula años de deterioro, falta de mantenimiento e insuficiencia de inversiones. Las averías en centrales termoeléctricas se han vuelto frecuentes y los apagones afectan diariamente a gran parte del país.
Para muchos analistas, resulta llamativo que el mismo gobierno que durante décadas monopolizó el control absoluto del sector energético ahora busque con urgencia que empresas extranjeras asuman parte de la responsabilidad financiera y tecnológica de rescatar una infraestructura en estado crítico.
Rusia fortalece su presencia en la isla
Las declaraciones de Pérez-Oliva estuvieron acompañadas por el respaldo explícito del viceprimer ministro ruso Dmitri Chernishenko, quien reafirmó el compromiso de Moscú con la economía cubana.
Rusia anunció que continuará ampliando su presencia en sectores estratégicos y confirmó el interés de alrededor de 90 empresas rusas en exportar alimentos y desarrollar proyectos tecnológicos en la isla.
Estas iniciativas se suman a los acuerdos alcanzados en abril de 2026 durante la XXIII Comisión Intergubernamental Ruso-Cubana, donde ambas partes anunciaron inversiones superiores a los mil millones de dólares y autorizaron la participación rusa en instalaciones industriales cubanas.
El creciente protagonismo de Moscú evidencia la dependencia cada vez mayor de La Habana respecto a aliados políticos y económicos que puedan aportar recursos financieros en medio de la profunda crisis nacional.
Las redes sociales reaccionan con escepticismo y burlas
Las declaraciones de Pérez-Oliva provocaron numerosas reacciones en redes sociales, donde predominó el escepticismo.
Muchos usuarios cuestionaron que el gobierno intente vender oportunidades de inversión cuando no ha logrado resolver problemas básicos que afectan a la población.
«Si Cuba es tan buen negocio, ¿por qué los propios dirigentes no invierten su dinero allí?», escribió un internauta.
Otros recordaron los constantes apagones, la falta de combustible y el deterioro de la infraestructura nacional para poner en duda las promesas realizadas durante el foro.
También aparecieron comentarios irónicos sobre la aparente contradicción entre el discurso oficial de resistencia al capitalismo y la creciente necesidad de atraer empresarios extranjeros.
Algunos usuarios calificaron la estrategia como una «subasta de emergencia», mientras otros señalaron que el gobierno parece dispuesto a ofrecer cualquier incentivo con tal de conseguir recursos financieros que alivien la presión económica interna.
Una apuesta marcada por la urgencia
La participación de Pérez-Oliva en San Petersburgo refleja una realidad inocultable: el régimen cubano necesita inversiones extranjeras más que nunca.
La magnitud de la crisis económica, energética y productiva obliga a las autoridades a buscar socios capaces de aportar capital, tecnología y financiamiento.
Sin embargo, más allá de los discursos y las promesas realizadas en foros internacionales, persiste una interrogante fundamental que muchos inversionistas continúan formulándose:
¿Puede existir verdadera confianza empresarial en un sistema donde el Estado conserva amplios poderes de intervención y donde las reglas económicas pueden cambiar según las necesidades políticas del momento?
Mientras esa pregunta permanezca sin una respuesta convincente, las promesas de Pérez-Oliva seguirán siendo vistas por muchos como el reflejo de un gobierno que intenta vender oportunidades en un país que todavía no logra ofrecer las garantías que exigen los mercados internacionales.
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