La falsa conferencia “en vivo” de Díaz-Canel: propaganda sin respuestas en medio del descrédito
Díaz-Canel presentó un montaje comunicacional que expone la falta de propuestas, credibilidad y respaldo popular del régimen cubano
La más reciente comparecencia pública del dictador Miguel Díaz-Canel Bermúdez, anunciada como una conferencia “en vivo” con la prensa nacional y extranjera, terminó convirtiéndose en otro episodio de descrédito para el régimen cubano.
Lejos de aportar soluciones concretas a la profunda crisis económica, social y energética que atraviesa el país, el evento dejó al descubierto una puesta en escena cuidadosamente controlada, marcada por la ausencia de transparencia y un evidente desgaste político.
Desde los primeros minutos, la presentación generó dudas. El lenguaje corporal del mandatario —gestos tensos, balanceo constante y una voz visiblemente alterada— reflejaba un alto nivel de nerviosismo, impropio de un supuesto diálogo abierto.
Sin embargo, fue un detalle aparentemente menor el que terminó por encender las redes sociales y desmontar la narrativa oficial.
El detalle que delató el montaje
La periodista oficialista Arleen Rodríguez Derivet, quien fungió como moderadora del encuentro, apareció en pantalla con un reloj que marcaba una hora incompatible con la versión gubernamental de que la transmisión ocurría en directo durante la mañana.
El reloj indicaba alrededor de las cinco de la tarde, lo que contradice el horario anunciado y refuerza la sospecha de que la conferencia fue grabada y editada previamente.
Este elemento, rápidamente detectado por los usuarios en redes sociales, se convirtió en símbolo de lo que muchos calificaron como un “show pregrabado”, diseñado para simular espontaneidad donde solo hubo control absoluto.
En cuestión de minutos, el detalle del reloj desplazó cualquier mensaje político que el régimen intentó posicionar.
Prensa internacional ausente y preguntas a la carta
Otro punto clave de la polémica fue la ausencia de medios internacionales independientes. Aunque el Gobierno aseguró la presencia de prensa extranjera, en la sala solo participaron corresponsales de medios alineados con La Habana, como RT (Rusia) y Xinhua (China).
La agencia estatal Prensa Latina fue presentada como medio “internacional”, una maniobra que provocó burlas y críticas entre periodistas y analistas.
La no comparecencia de agencias como EFE, AFP o AP reforzó la percepción de que las preguntas estaban previamente asignadas y cuidadosamente filtradas.
Para muchos observadores, el formato evidenció que el régimen de Díaz-Canel sigue apostando por escenarios cómodos y predecibles, evitando cualquier confrontación real con el periodismo independiente.
Discurso sin soluciones y credibilidad en mínimos históricos
Más allá del formato cuestionado, el contenido de la comparecencia confirmó lo que gran parte de la población ya anticipaba: ninguna propuesta concreta para enfrentar la crisis.
Díaz-Canel repitió argumentos conocidos, responsabilizó factores externos y apeló a la retórica política, sin presentar medidas verificables que alivien el colapso energético, la inflación descontrolada o el deterioro de los servicios básicos.
Esta falta de soluciones tangibles profundiza la crisis de credibilidad del régimen, cuya aceptación popular se encuentra en niveles históricamente bajos. Cada intervención pública parece reforzar la percepción de un liderazgo agotado, desconectado de la realidad y sostenido más por el control que por el consenso.
Redes sociales: rechazo, ironía y hartazgo
Las reacciones en redes sociales fueron inmediatas y masivas. Miles de cubanos utilizaron plataformas como Facebook, X y Telegram para expresar su rechazo, con consignas como “Abajo la dictadura”, “Fuera Díaz-Canel” y “Ni en vivo ni con soluciones”.
Otros usuarios ironizaron sobre el reloj, señalando que “el tiempo avanza, pero el régimen sigue estancado”.
La avalancha de comentarios negativos evidenció el profundo hartazgo social y la pérdida de temor a expresar el descontento, incluso frente a eventos cuidadosamente diseñados para proyectar control y normalidad.
Un régimen atrapado en su propia escenografía
La supuesta conferencia “en vivo” terminó siendo un reflejo fiel del momento político que vive Cuba: un poder que simula diálogo, pero evita la verdad; que promete resistencia, pero no ofrece soluciones; y que insiste en la propaganda mientras su legitimidad se erosiona día tras día.
Para Díaz-Canel, el problema ya no es solo la crisis del país, sino la creciente incredulidad de un pueblo que ya no compra el espectáculo.
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