Rusia ataca brutalmente a Ucrania en pleno invierno

Ucrania bajo fuego en pleno invierno: Rusia castiga a Kiev mientras el silencio de la izquierda retumba

Apagones, frío extremo y advertencias ignoradas: el régimen ruso intensifica su ofensiva energética ante la pasividad cómplice de gobiernos progresistas

La guerra en Ucrania vuelve a mostrar su rostro más cruel. Un nuevo ataque masivo de Rusia contra infraestructuras críticas dejó a amplias zonas de Kiev sin electricidad, agua potable ni calefacción, en momentos en que la temperatura cae hasta los 13 grados bajo cero.

No se trata de un daño colateral: es una estrategia calculada para quebrar la resistencia civil en medio del invierno.

Las autoridades locales confirmaron que la orilla oriental del río Dniéper fue la más afectada. El alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, informó que 5.635 edificios residenciales quedaron sin calefacción, muchos de ellos apenas días después de haber recuperado el suministro tras un ataque anterior.

En cerca del 80 % de estos inmuebles, la energía había sido restablecida recientemente, lo que evidencia un patrón de sabotaje sistemático.

Además del corte eléctrico, la población de esa zona de la capital quedó sin acceso a agua potable, agravando una situación humanitaria que roza lo inaceptable bajo cualquier estándar internacional.

 

 

Un ataque anunciado y deliberado

Este bombardeo es el tercer ataque masivo en apenas diez días contra la infraestructura energética de Kiev. Desde el 9 de enero, Rusia ha intensificado sus ofensivas con misiles balísticos y drones, coincidiendo con la ola de frío más severa del invierno.

El presidente Volodímir Zelenski había advertido públicamente que Moscú preparaba un nuevo golpe contra el sistema energético de Ucrania para profundizar la crisis humanitaria y forzar concesiones políticas mediante el sufrimiento civil.

Las alertas de la Fuerza Aérea ucraniana en Telegram confirmaron, horas antes del ataque, la aproximación de proyectiles hacia la capital.

Pese a que Ucrania recibió recientemente una partida clave de misiles antiaéreos para reforzar su defensa, la magnitud y frecuencia de los ataques demuestran que el Kremlin mantiene intacta su estrategia de terror.

 

 

“El ataque ruso involucró un número significativo de misiles balísticos y de crucero. Más de 300 drones de ataque. Nuestras fuerzas de defensa aérea interceptaron un número significativo de objetivos”, escribió el presidente Volodomir Zelenski en su cuenta de facebook.

“El día antes de este ataque, finalmente recibimos los misiles necesarios, que ayudaron significativamente. Cada paquete de apoyo importa. Los misiles para Patriots, NASAMS y otros sistemas de defensa aérea son críticamente necesarios”, agregó.

“La tarea directa de todo nuestro sistema diplomático es asegurar que Ucrania tenga suficientes capacidades de defensa aérea. Y los socios no deben dejar de cumplir con esto: los misiles de defensa aérea son una verdadera protección para la vida humana”, indicó el mandatario.

Reacciones en redes: indignación y denuncia

Las redes sociales estallaron tras conocerse el ataque. Ciudadanos ucranianos y usuarios internacionales denunciaron lo que califican como crímenes de guerra encubiertos, dirigidos deliberadamente contra la población civil.

Mensajes como “Esto no es una operación militar, es castigo colectivo”, o “¿Dónde están ahora los defensores selectivos de los derechos humanos?” se multiplicaron en X (antes Twitter), señalando el contraste entre la brutalidad rusa y la tibieza de ciertas reacciones diplomáticas.

Especialmente duras fueron las críticas contra gobiernos de izquierda en América Latina y Europa que guardan silencio frente a estas atrocidades, mientras condenan con vehemencia acciones de gobiernos de derecha en otros contextos.

Ese doble rasero moral erosiona la credibilidad del discurso progresista internacional y deja a Ucrania prácticamente sola frente a un agresor que no oculta su desprecio por el derecho internacional.

Repercusiones y un invierno decisivo

Las consecuencias de estos ataques van más allá del corto plazo. La destrucción reiterada de infraestructura básica amenaza con provocar desplazamientos internos, colapsar servicios médicos y aumentar la mortalidad civil por hipotermia.

Además, refuerza la urgencia de un mayor apoyo militar y humanitario por parte de los aliados occidentales.

Mientras Rusia utiliza el frío como arma de guerra, el silencio o la ambigüedad de ciertos actores políticos se convierte en una forma indirecta de complicidad. Ucrania no solo libra una batalla territorial, sino también una lucha por desnudar la hipocresía de quienes prefieren mirar hacia otro lado.

Fuentes de la información:
https://www.bbc.com/mundo

https://www.dw.com/es

 

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