escuelas al campo

En 1966, se inició en Cuba el experimento de “la escuela al campo”. El proyecto consistía en enviar a todos los estudiantes de enseñanza media a campamentos en el campo, durante 45 días cada curso, para trabajar en labores agrícolas. Al final del periodo los estudiantes regresaban a sus escuelas en la ciudad.

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Después vinieron las ESBEC, Escuelas Secundarias Básicas en el Campo. Centros educacionales construidos en el campo donde los estudiantes becados, lejos de sus hogares, combinaban diariamente el trabajo y el estudio durante todo el curso.

Oficialmente el objetivo de este modelo de enseñanza revolucionario era lograr una formación integral de los alumnos mediante la combinación del estudio y el trabajo desde la adolescencia. Muchos opinan que en realidad se buscaba separar a los adolescentes de sus familias para moldearlos mejor como “hombres nuevos”, fieles la revolución y de una forma muy sutil adoctrinarlos y prepararlos como soldados desde temprana edad. De cierta forma otro Peter Pan pues se buscaba quitar la potestad de los padres y eliminar el rol de la familia.

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Prisiones con trabajo forzado

Algunos recuerdan las escuelas en el campo como prisiones sin tapias. Muchos jóvenes escapaban de estas escuelas para regresar a sus hogares. La presión  de estar alejados de sus familiares, y tener que cumplir con las norma del campo fue para muchos algo que no pudieron manejar y terminaron desertando poniendo fin a sus  estudios. Las normas establecidas para las labores agrícolas eran las  misma de un trabajador habitual. Si no cumplías la norma no tendrías pase ese fin de semana para ir a casa. También fueron  consideradas estas escuelas al campo como antros de promiscuidad y violencia, donde hubo violaciones, corrupción de menores y hasta asesinatos.

Otros recuerdan estas escuelas como el lugar donde conocieron al primer amor, donde se independizaron de sus padres, y donde conocieron la amistad franca y desinteresada de la adolescencia.

Lo cierto es que estas historias de adolescentes, tristes o alegres, ya no volverán a repetirse. Ante la enorme crisis financiera que enfrento el país , el gobierno finalmente optó por cerrar las ESBEC. Este modelo cubano de estudio y trabajo permanente siempre fue económicamente inviable y, como los otros “logros de la revolución”, solo se podía mantener gracias a los enormes subsidios soviéticos que desaparecieron con la URSS. Fracasó desde sus inicios, aunque a los dirigentes de la revolución les haya costado más de cuarenta años reconocerlo.

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Ahora muchos de los edificios construidos para albergar estas escuelas permanecen abandonados y otros han sido convertidos en prisiones. Así termina sus días las escuelas al campo donde nos formamos muchos de los de mi generación.

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Fuente: CUBANET

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