revolución cubana

Muchos extranjeros han comprado propiedades a nombre de cubanos en los últimos años en La Habana. Y en toda cuba. Puesto que  aún no está permitido que lo hagan por sí mismos. Los precios se han multiplicado. En el barrio del Vedado abundan las mansiones y departamentos en restauración.

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 Al menos 30 movimientos guerrilleros surgieron en América Latina desde que triunfó la revolución cubana hasta fines de los años ochenta. Actualmente no queda ninguno, salvo el ELN de Colombia, convertido en organización delictual.

De esta revolución cubana aún quedan,  muchos, discursos vacíos, promesas y consignas que de tanto repetirse, sin nunca realizarse, han perdido su sentido.

Toda persona que se opuso a la revolución cubana fue ajusticiado en juicios sumarios y confinados  con cadenas perpetuas. donde cualquier cosa podría suceder en aquel encierro.

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Los cubanos suelen discutir sobre cuándo la revolución perdió su encanto. Algunos dicen que a comienzos de los setenta, tras el caso Padilla, con la sovietización del llamado Quinquenio Gris, cuando hasta los edificios se diseñaron con los planos de Jruschov y se instaló el concepto de “diversionismo ideológico” para todo aquel que pensara o deseara algo fuera de la norma establecida. Según otros, fue en 1989 con la Causa Número 1 que terminó con el fusilamiento del general Ochoa, uno de los tipos más respetados de la revolución y la caída de la URSS. Lo que vino después, el Periodo Especial, a los cubanos no se les olvidó más. Desapareció el petróleo y era tan breve el tiempo

En lugar de hablar de apagones, hablaban de “alumbrones”. Hasta gatos salían a cazar para comer.

El petróleo y la comida volvieron a Cuba con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. Chávez vio en Fidel la figura de un padre, de un modelo, de un guía. Quiso seguir sus pasos y revivir a su manera el sueño de revolución que agonizaba agregándole el apellido de “bolivariana”. Compro Gobiernos en toda América Latina mientras el precio del crudo estaba por las nubes y los sumó al llamado socialismo del siglo XXI, cuando lo cierto es que el capitalismo ya había triunfado y lo suyo no era más que la triste caricatura de un hecho histórico que se apagaba. La revolución ya no tenía artistas, ni intelectuales, ni poesía, ni fe.

La Iglesia revolucionaria cubana está colmada de sacerdotes profesionales que ya perdieron la fe y de gestos que, desprovistos de significado, hoy parecen morisquetas. Nadie vive ahí ni de la tarjeta de abastecimiento mensual ni del sueldo que el Estado paga. Algunos lo resumen así: “Aquí unos hacen como que trabajan y otros hacen como que les pagan”.La mayor parte de la economía nacional se desarrolla fuera de esa estructura socialista.

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Quienes trabajan para una empresa estatal lo hacen principalmente para tener acceso a los bienes que pasan por ahí: los camioneros al petróleo, los panaderos a la harina, los albañiles al cement. Luego lo roban como hormigas y lo venden en el mercado negro. Es una costumbre adquirida, de modo que ningún cubano juzga a otro por hacerlo. Si hubiera que describir el grueso del funcionamiento de la economía cubana, habría que decir que se trata de un capitalismo salvaje, desregulado y libre de impuestos.

El proceso de degradación no es nuevo, pero ahora se encuentra en una etapa terminal.

Nadie habla de socialismo. Es notorio el renacer de una nueva burguesía. Aunque las condiciones de vida de la inmensa mayoría siguen siendo muy precarias, ese pequeño grupo que está protagonizando los cambios viaja, tiene Internet en sus casas.

A estas alturas es un régimen político en el que nadie cree. Lo mató el orgullo, el autoritarismo, la burocracia. El iluminismo, la arrogancia, el control. Quiso ser el mundo nuevo y devino un mundo viejo. Desde hace tiempo su objetivo no es la justicia, sino la supervivencia.

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El ser humano puede renacer tras el fracaso, pero la renuncia a toda ilusión lo mata para siempre. La tarea de mantener vivo el espíritu de una comunidad, de hacer que cada hombre sea también responsable de los otros, y lograr que la libertad de cada individuo no sea enemiga de la libertad de los demás sigue en pie. Para hacerla creíble es requisito indispensable atreverse a pensar de nuevo. Dejar atrás sin complejos aquella izquierda fracasada y pervertida. Terminar con ese matrimonio envenenado, para poder enamorarse auténticamente otra vez.

Fuente: EL PAÍS

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