EE.UU. interceptó al tanquero Bertha que violaba las sanciones en el Caribe
El Departamento de Guerra de EE.UU. dio a conocer la interceptación de un tanquero que se había dado a la fuga anteriormente
La política de EE.UU. hacia el Caribe y América Latina no es un simple tablero de ajedrez diplomático: es una confrontación abierta que tiene un impacto directo en la economía, la política y hasta en el suministro de combustible para países como Cuba y Venezuela.
En medio de un panorama global convulsionado, este martes las fuerzas estadounidenses abordaron un tercer buque petrolero en el océano Índico, acusándolo de violar el bloqueo de crudo impuesto por Washington sobre operaciones vinculadas con esas naciones.
La embarcación —identificada como Bertha, con bandera de las Islas Cook— fue rastreada desde el mar Caribe hasta aguas del Índico, donde tropas estadounidenses llevaron a cabo “un derecho de visita, interdicción marítima y abordaje” sin incidentes, según difundió el Pentágono en redes sociales.
Este tercer incidente se suma a operaciones similares contra los tanqueros Aquila II y Veronica III, todos parte de un conjunto de cerca de 16 buques sancionados que presuntamente intentaron eludir la cuarentena marítima establecida desde diciembre de 2025.
— Department of War 🇺🇸 (@DeptofWar) February 24, 2026
El combustible como oxígeno político del régimen
Durante décadas, el suministro de petróleo ha sido uno de los principales salvavidas del sistema cubano.
Estos tanqueros no representan hospitales con electricidad estable ni transporte público eficiente para la gente; representan oxígeno político para una élite que ha demostrado incapacidad crónica para gobernar y producir.
Cada cargamento que llega permite prolongar un modelo agotado, mantener el control social y postergar cualquier cambio real.
La llamada “cuarentena” marítima aplicada por EE.UU. desde diciembre de 2025 busca precisamente cortar ese flujo. En el marco de la Operation Lanza del Sur, ya han sido interceptados varios buques —entre ellos el Aquila II, el Veronica III y ahora el Bertha— que intentaron eludir las sanciones mediante falsificación de coordenadas y cambios de identidad.
El mensaje es claro: no habrá impunidad para quienes sostienen económicamente a la dictadura cubana.
Una política orientada al cambio, no al castigo del pueblo
Lejos de castigar al ciudadano común, la estrategia de EE.UU. apunta a debilitar las estructuras que han mantenido a Cuba en crisis permanente.
El régimen ha tenido más de seis décadas para ofrecer soluciones y solo ha producido apagones, colapso del transporte, salarios simbólicos y una emigración masiva. En ese escenario, permitir que continúe entrando combustible sin restricciones equivaldría a prolongar el sufrimiento.
Las reacciones en redes sociales reflejan esta lectura histórica. Miles de usuarios, especialmente dentro de la diáspora cubana, respaldan las medidas de EE.UU. señalando que “el problema de Cuba no es el embargo, sino 67 años de mala gestión y represión”.
Otros comentarios subrayan que “cada tanquero detenido es un paso menos para que el régimen siga sobreviviendo sin rendir cuentas”. La narrativa dominante no es de confrontación con Washington, sino de esperanza en que la presión internacional acelere un cambio que desde dentro ha sido bloqueado sistemáticamente.
Presión internacional frente a un conflicto de vieja data
Bajo la administración del presidente Donald Trump, EE.UU. ha reforzado su postura de no tolerar redes ilícitas que financien a gobiernos autoritarios en el hemisferio.
La interdicción de estos tanqueros es una señal de coherencia con esa política: cortar recursos a quienes los usan para perpetuar un sistema fallido.
Cuba no enfrenta hoy una crisis reciente ni accidental; enfrenta las consecuencias acumuladas de casi siete décadas de decisiones erradas.
En ese contexto, las acciones de EE.UU. buscan crear las condiciones externas necesarias para que, finalmente, el cambio en la isla deje de ser una promesa lejana y se convierta en una posibilidad real para un pueblo que lleva demasiado tiempo esperando.
Fuentes
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