Nuevo “experimento” económico en Cuba: el programa para “corregir distorsiones” despierta escepticismo
Régimen de Cuba hace nuevo relanzamiento económico en medio de la crisis
A casi un mes de cumplirse 67 años del régimen comunista en Cuba, el gobierno ha introducido un renovado plan económico bajo el nombre de “Programa para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”.
Anunciado en la Mesa Redonda con la presencia de figuras como el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga y el ministro de Economía Joaquín Alonso Vázquez, el plan busca proyectar una recuperación nacional, pero llega en un contexto marcado por la pobreza creciente, hospitales colapsados y una emergencia humanitaria persistente.
Según las autoridades cubanas, este programa comenzó a gestarse en diciembre de 2023 tras un diagnóstico oficial de numerosas “distorsiones” en la economía y en la sociedad cubana.
A través de una estructura compleja —con diez objetivos generales, cientos de acciones concretas y múltiples indicadores—, el régimen promete estabilización macroeconómica, diversificación de ingresos en divisas, reforma del sistema productivo estatal y no estatal, así como control más estricto de la moneda extranjera.
¿Qué dicen las autoridades?
El primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz ha detallado que el programa ha sido revisado en tres versiones, debatido entre ministerios, gobernadores y hasta municipios.
En su última rendición de cuentas, afirmó que, pese a dificultades, algunas provincias ya registraron superávit presupuestario, mientras la recaudación tributaria supera metas previstas.
A su vez, el Parlamento cubano ha comenzado a analizar el impacto real de estas medidas: sus miembros evaluarán los avances, los retos y las prioridades en sesiones enfocadas precisamente en los 10 grandes objetivos del plan.
Los medios oficiales —como Prensa Latina— reportan avances, especialmente en control fiscal y disciplina presupuestaria, una farsa que ha generado indignación entre la población, que ve como el régimen de Cuba miente descaradamente.
Al mismo tiempo, el presupuesto oficial para 2025 prevé un superávit en cuenta corriente, según documentos del Estado.
Críticas y voces expertas
Sin embargo, no todo es optimismo desde fuera del poder. Economistas independientes han sido particularmente duros con el planteamiento gubernamental.
El economista cubano Pedro Monreal, exiliado, ha criticado el programa en su cuenta de X argumentando que carece de “solidez técnica” y no identifica fuentes reales de financiamiento para la mayoría de las acciones propuestas.
Según él, el plan parece más una lista fragmentada que una estrategia coherente; de hecho, lo ha comparado con un “árbol de Navidad burocrático”, donde cada ministerio “cuelga su propia decoración” sin una visión unificada.
3/4 El punto de referencia inevitable sobre “distorsiones” debería ser las auto infligidas por el “ordenamiento”, particularmente el error de secuencia que condujo a un déficit de oferta de 60 mil millones CUP que disparó los precios por encima del “diseño” (Murillo en oct. 2021) pic.twitter.com/K3JhBy5Pv2
— Pedro Monreal (@pmmonreal) November 22, 2025
Además, Monreal señala otra debilidad grave: el documento oficial mezcla objetivos, metas e indicadores de forma poco clara, lo que dificulta el seguimiento técnico riguroso y pone en duda la viabilidad real del plan.
También advierte que faltan indicadores sobre pobreza y desigualdad, pese a que existen metodologías reconocidas para cuantificarlos.
Otra crítica potente tiene que ver con el momento del anuncio: fue publicado cuando el huracán Melissa amenazaba la isla, lo que ha llevado a algunos analistas a sugerir que el Gobierno aprovechó la distracción social para lanzar el programa con poca exposición pública.
El contraste entre el discurso oficial y la realidad cotidiana resulta obvio: la inflación, la escasez y el colapso de servicios fundamentales persisten, mientras el gobierno presenta “objetivos generales” y cronogramas sin mostrar resultados tangibles para la población.
Reacciones populares y callejeras
En redes sociales, el plan también ha generado desconfianza. Muchos cubanos consideran que este nuevo programa es solo una maniobra para ganar tiempo, mientras el régimen continúa sin resolver los problemas más urgentes: hospitales deteriorados, falta de medicamentos, bajas condiciones de vida para la mayoría.
Voces en Facebook y X critican la retórica vacía, denunciando que los anuncios de “corrección” nunca se traducen en mejoras reales.
Para algunos, es otro “show televisivo” que no mejora el día a día: la población teme que las promesas de estabilización sean simplemente discursos para calmar ánimos.
Riesgos estructurales: ¿una estrategia condenada al fracaso?
Los críticos del plan identifican riesgos profundos que podrían limitar cualquier impacto real:
- Falta de financiamiento transparente: sin explicar de dónde proviene el dinero para los cientos de acciones, muchas medidas podrían quedarse en papel.
- Dualidad económica: la apertura parcial al dólar y el control estricto pueden reforzar la segmentación social, beneficiando solo a quienes tienen acceso a divisas.
- Austeridad que golpea a los vulnerables: recortes de subsidios y aumento de tarifas podrían castigar más a los sectores más pobres.
- Visión centralizada persistente: aunque se plantea redimensionar las empresas estatales y fomentar el no estatal, el control sigue siendo abrumadoramente estatal.
- Control reforzado: las medidas digitales y fiscales apuntan a una vigilancia más estricta del Estado sobre las finanzas de ciudadanos y empresas.
- Desigualdad estructural no abordada: sin reformas profundas que cambien el modelo económico, las “distorsiones” pueden reciclarse, pero no resolverse.
¿Una estrategia seria o un espectáculo mediático?
El “Programa para corregir distorsiones y reimpulsar la economía” representa un intento evidente del régimen cubano por mostrar que tiene un camino para enfrentar la crisis.
Pero la retórica oficial —llena de tecnicismos, cronogramas y objetivos— choca frontalmente con la realidad dura que viven muchos cubanos.
Las críticas de economistas como Pedro Monreal, sumadas a la desconfianza popular, asoman un gran interrogante: ¿este es un plan real de transformación o un experimento destinado a consolidar poder y ganar tiempo sin comprometer las bases del modelo socialista que ha sido su talón de Aquiles durante décadas?
Mientras tanto, el pueblo observa si lo que el Gobierno promete en documentos se traducirá en mejoras reales en su día a día, o si será solo otro capítulo más del “teatro económico” de la revolución.
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