El Movimiento 26 de Julio: La semilla del terror y la miseria en Cuba
“Del sabotaje con bombas a la dictadura más longeva de América Latina, cómo el Movimiento 26 de Julio sumió a Cuba en la represión, el hambre y la ruina”
26 de julio el comienzo de la decadencia para Cuba
El 26 de julio de 1953 marcó el inicio de uno de los capítulos más oscuros de la historia cubana. Bajo el liderazgo de Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) surgió como una organización insurgente con métodos violentos y una ideología totalitaria.
Aunque se ha tratado de romantizar como una gesta libertadora, lo cierto es que este movimiento no sólo inauguró una era de terrorismo interno, sino que también sirvió como plataforma para implantar una de las dictaduras más brutales y longevas del hemisferio occidental.
Hoy, más de seis décadas después, Cuba sigue pagando el precio de aquel camino elegido con bombas, sangre y represión.
Un movimiento con métodos terroristas
Contrario al relato heroico promovido por la propaganda oficial, el M-26-7 fue responsable de colocar bombas en cines, bares, estaciones eléctricas y espacios públicos donde acudían personas comunes e indefensas.
Estas acciones no solo atentaban contra el gobierno de Fulgencio Batista, sino también contra la seguridad de la población civil, que vivía con miedo ante los estallidos sorpresivos.
Los actos de sabotaje, lejos de representar una lucha limpia por la libertad, fueron tácticas de terror diseñadas para desestabilizar, imponer miedo y crear una atmósfera de caos.
Este comportamiento terrorista sembró la violencia como medio legítimo para alcanzar el poder, estableciendo el tono de lo que sería la futura “Revolución”.

El Movimiento 26 de Julio, fue un movimiento terrorista que hizo sabotajes en lugares públicos, causando el terror, mutilaciones y muertes de civiles, la dictadura castrista siempre ha querido romantizar ese movimiento que solo causó terror y muerte.
Del asalto al Moncada a la imposición del régimen
Tras el fallido asalto al Cuartel Moncada en 1953, y el posterior encarcelamiento de Fidel Castro, el movimiento 26 de julio tomó fuerza en el exilio y regresó a Cuba con el apoyo de otros sectores inconformes.
Pero una vez en el poder en 1959, el discurso de libertad rápidamente fue sustituido por un sistema autoritario.
Fidel Castro desmanteló todos los pilares de una sociedad democrática: se cerraron los medios de comunicación independientes, se persiguió a los disidentes, se abolieron los partidos políticos contrarios y se implantó un sistema de partido único que perdura hasta hoy.
El país quedó dividido entre “revolucionarios” y “contrarrevolucionarios”, una narrativa que justificó la represión constante contra quienes no comulgaban con el régimen.
Derechos humanos: el gran ausente
Desde los primeros años del castrismo, la lista de derechos humanos eliminados ha sido extensa: libertad de expresión, de asociación, de prensa, de religión, de movimiento, de propiedad y de participación política.
Las cárceles se llenaron de presos políticos, los fusilamientos se hicieron parte del paisaje judicial y la delación se convirtió en herramienta cotidiana de control.
La vigilancia del Estado penetró todos los aspectos de la vida personal. Las organizaciones de masas creadas por el gobierno –como los CDR (Comités de Defensa de la Revolución)– actuaron como células de espionaje vecinal, sembrando la desconfianza entre ciudadanos y destruyendo el tejido social cubano.

El régimen de los Castro llevo a cabo fusilamientos masivos y juicios sumarios sin respeto a los derechos humanos.
Miseria estructural y fracaso económico
Con la excusa de un supuesto modelo “socialista”, el gobierno de Castro destruyó la economía cubana. Nacionalizó tierras y empresas sin ofrecer compensación, ahuyentó la inversión extranjera y desincentivó la producción nacional.
El resultado fue una economía dependiente de subsidios, primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela, países que también colapsaron por políticas similares.
Hoy, Cuba enfrenta una de las crisis económicas más profundas de su historia. El desabastecimiento es generalizado, el sistema de salud colapsa, la educación se ha politizado hasta el adoctrinamiento y la infraestructura del país se encuentra en ruinas.
De igual forma, el hambre y la pobreza extrema no son hechos aislados, sino condiciones estructurales en una nación sumida en el atraso.
El mito del “bloqueo” como justificación perpetua
Uno de los argumentos más repetidos por el régimen cubano ha sido la existencia de un “bloqueo” económico impuesto por Estados Unidos.
Sin embargo, esta narrativa omite el hecho de que Cuba comercia con más de 70 países y que el embargo estadounidense no prohíbe la compra de alimentos, medicinas ni productos humanitarios.
Lo que realmente ha impedido el progreso es la ineficiencia del modelo comunista y la negativa del gobierno a permitir libertades económicas y políticas.
Mientras otros países de la región han avanzado en materia de tecnología, emprendimiento y desarrollo, Cuba se mantiene atada a una economía centralizada y obsoleta, donde el Estado sigue controlando hasta el último grano de arroz que entra o sale del país.
Movimiento 26 de julio un legado de destrucción
El Movimiento 26 de Julio no liberó a Cuba; la encadenó a una dictadura que ha durado más de seis décadas. Lo que comenzó con atentados y bombas culminó en un sistema que ha generado hambre, represión, éxodo masivo y pobreza extrema.
La excusa del embargo y la constante invocación de enemigos externos no pueden ocultar el rotundo fracaso de un proyecto político que prometió justicia social y solo trajo miseria.
Hoy, el pueblo cubano sigue luchando por los mismos derechos que le fueron arrebatados en nombre de una revolución que traicionó sus propias promesas. Y mientras el régimen celebra cada 26 de julio con desfiles y discursos vacíos, la mayoría del pueblo recuerda esa fecha como el inicio de su sufrimiento.
El Movimiento 26 de Julio, lejos de ser una cruzada por la libertad, fue un movimiento de corte terrorista que colocó bombas en sitios civiles, instauró una dictadura y llevó a Cuba al colapso económico, social y moral.
Su legado es de pobreza, represión y atraso, sostenido por una propaganda que se escuda en un bloqueo que nunca justificó la tragedia del pueblo cubano.
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