EE.UU. coloca buques de asalto cerca de Cuba

EE.UU. despliega dos buques de guerra al norte de Cuba y eleva la presión sobre el régimen comunista

Una maniobra estratégica de EE.UU. tras la captura de Nicolás Maduro

EE.UU. ha reubicado dos buques clave de su Armada —el USS Iwo Jima y el USS San Antonio— a escasas millas de la costa norte de Cuba, en un movimiento que no pasa desapercibido en el actual tablero geopolítico del Caribe.

La decisión se produce pocos días después de la operación relámpago que culminó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, un golpe que ha sacudido a sus aliados regionales, especialmente al régimen comunista cubano.

Ambas embarcaciones son unidades de asalto anfibio con capacidad para desplegar infantería de marina, aeronaves y equipamiento militar pesado, lo que convierte su presencia en un mensaje inequívoco de disuasión y control estratégico.

Del Caribe a las puertas de Cuba: un mensaje que habla sin palabras

Aunque el grueso del contingente militar estadounidense comenzó a retirarse tras la exitosa operación en Venezuela, el reposicionamiento de estos buques sugiere una nueva fase: menos visible, pero igual de contundente.

Según informó The Washington Post, las naves permanecen bajo el mando del Comando Sur de EE.UU., con capacidad de redespliegue inmediato si la situación regional lo exige.

Analistas coinciden en que situar estos buques frente a Cuba no es una casualidad logística, sino una señal directa a La Habana, histórico aliado del chavismo y actor clave en el sostenimiento político y de inteligencia del régimen venezolano.

Contexto regional: vigilancia activa y presión calculada

Fuentes del Pentágono confirmaron que el número de tropas estadounidenses en la región se redujo “en unos pocos miles”, quedando una fuerza aproximada de 12.000 efectivos. Este repliegue parcial no implica relajación, sino una reconfiguración táctica tras cumplir los objetivos principales.

Un funcionario de defensa estadounidense fue claro: “La misión principal ha sido completada”, pero advirtió que EE.UU. sigue “equilibrando prioridades de seguridad nacional”.

 

 

En paralelo, la administración Trump evalúa si será necesario un despliegue terrestre limitado en Venezuela, enfocado —según versiones oficiales— en la protección de infraestructura petrolera estratégica.

Reacciones en internet: alerta, especulación y nerviosismo en La Habana

Las redes sociales reaccionaron de inmediato al conocerse la ubicación de los buques. Usuarios, analistas y activistas interpretaron el movimiento como una advertencia silenciosa al régimen cubano.

Comentarios en X y otras plataformas apuntaron a que EE.UU. mantiene “el dedo en el mapa” del Caribe y que Cuba vuelve a estar bajo observación directa.

Desde cuentas afines al castrismo, la reacción fue defensiva: denuncias de “provocación imperial” y llamados a la “resistencia”, un discurso ya conocido que suele aparecer cuando el régimen se siente acorralado.

Consecuencias potenciales para la dictadura comunista de Cuba

La presencia naval de EE.UU. al norte de Cuba incrementa el aislamiento estratégico del régimen de La Habana.

No solo refuerza la vigilancia sobre movimientos militares y de inteligencia, sino que también limita el margen de maniobra de un gobierno que durante años negó cualquier implicación directa en la seguridad de Venezuela.

Además, este despliegue podría traducirse en mayor presión diplomática, nuevas sanciones selectivas y un escrutinio internacional más intenso sobre el papel de Cuba como exportador de control político y represión en la región.

Para una economía colapsada y un régimen sostenido por la propaganda, la cercanía de activos militares estadounidenses actúa como recordatorio incómodo: el margen para seguir operando en las sombras se reduce.

Un Caribe bajo control estratégico de EE.UU.

La operación que llevó a la captura de Maduro evidenció la magnitud del poder desplegado por EE.UU.: más de 150 aeronaves, incluyendo F-18 y EA-18, lanzadas desde múltiples puntos, con apoyo directo desde el mar. El USS Iwo Jima y el portaaviones USS Gerald R. Ford desempeñaron roles centrales.

Hoy, aunque los reflectores se han atenuado, el tablero sigue activo. Mantener buques de asalto anfibio frente a Cuba confirma que EE.UU. no ha cerrado el capítulo caribeño, sino que lo mantiene bajo vigilancia permanente.

En un contexto regional aún volátil, el mensaje es claro: el Caribe sigue siendo una prioridad estratégica, y cualquier actor que amenace la estabilidad —incluida la dictadura comunista cubana— está bajo observación constante.

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