Un abuelo denuncia entramado de corrupción en la notaría de Bauta para quitarle su casa

Abuelo denuncia escándalo de corrupción en Notaría de Bauta: le quieren quitar su casa

La historia de un abuelo de 92 años que expone la podredumbre institucional del régimen cubano

En Cuba ya no queda espacio para la sorpresa, pero sí para la indignación. Un abuelo de 92 años, casi ciego y con apenas fuerzas para sostener su bastón, se ha convertido en el rostro de una nueva historia de abuso y corrupción en las instituciones del Estado.

Esta vez, el escenario es la Notaría de Bauta, en la provincia de Artemisa, donde —según denuncia su familia— se elaboró un poder falso para despojar al abuelo de su única vivienda.

La denuncia, compartida en redes por la opositora y artista Yamilka Lafita, conocida en redes sociales como Lara Crofs, no es un caso aislado: es el reflejo de una sociedad donde la corrupción tiene firma oficial y donde la justicia parece reservada para quienes tienen conexiones o dinero para comprarla.

Una trama digna de una película… si no fuera tan cruel

La nieta del anciano, Yenisey González, relató en su cuenta de Facebook una historia que no debería ocurrir en un país que presume de tener “un sistema de justicia revolucionario”. Según González, la Notaría de Bauta habría emitido un poder notarial fraudulento que revocó el documento anterior —en el que ella figuraba como copropietaria de la vivienda— para colocar a un nuevo apoderado, desconocido por la familia.

El detalle grotesco: el documento supuestamente fue firmado por el abuelo en persona, aunque el propio afectado asegura no haber acudido jamás a esa notaría.

“¿Ustedes creen que yo, después de perder a mi esposa y a mi hija, voy a regalar mi casa?”, declaró el abuelo en un video que rápidamente se viralizó. Su voz temblorosa y su indignación sincera son el mejor testimonio de la vulnerabilidad a la que están expuestos los ancianos cubanos.

Cuando la notaría se convierte en cómplice del robo

El caso deja al descubierto algo más grave que un error administrativo: un sistema institucional sin controles ni ética. La notaría, que debía velar por la legalidad y la protección de una persona anciana, se convirtió en la herramienta del fraude.

“En lugar de protegerlo, el notario procede a revocar el poder anterior y el nuevo acto ni siquiera se registra en el sistema”, explicó Yenisey González.

Todo apunta a un patrón: funcionarios que utilizan su posición para manipular registros y favorecer operaciones inmobiliarias ilegales, en un país donde una casa puede valer más que la vida de quien la habita.

 

El silencio de las instituciones y la rabia del pueblo

Mientras el caso continúa sin resolución, las redes sociales han estallado en solidaridad y furia. “Qué falta de respeto y consideración a este abuelito”, escribió una usuaria. Otro fue más directo: “Corrupción en vivienda, eso está cuadrado para vender la casa. Vaya a la fiscalía provincial”.

El clamor popular no pide caridad, pide justicia, una palabra que en Cuba se pronuncia cada vez con menos esperanza. La familia del anciano ha presentado una denuncia formal por falsificación de documentos públicos, pero, como suele ocurrir, el expediente parece dormir en algún escritorio de la burocracia estatal.

Un síntoma de una enfermedad más profunda

El caso del abuelo es solo una muestra de la degradación moral de las instituciones cubanas. Notarías, oficinas de vivienda, bufetes colectivos y departamentos de planificación física están plagados de corrupción estructural, donde el poder del dinero sustituye cualquier principio legal o humano.

En el país donde se predica la “justicia social”, un anciano de 92 años tiene que grabar un video pidiendo que no le roben su casa. Es el retrato más cruel de una nación donde la impunidad ha sustituido al Estado de derecho.

Un país que se roba a sí mismo

El escándalo de la Notaría de Bauta no es un hecho aislado: es parte del sistema. Mientras los funcionarios públicos se protegen entre sí, los ciudadanos —especialmente los más vulnerables— son abandonados a su suerte. Este abuelo no solo defiende su techo: defiende su dignidad, y con ella, la de todo un pueblo que ya no cree en las promesas vacías del régimen.

Si en Cuba robarle la casa a un abuelo puede hacerse con un simple papel, entonces el problema ya no es la corrupción: es la deshumanización total del sistema.

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