régimen cubano pretende vender electricidad directamente a quien pueda comprarla

Energía en venta, libertad ausente: el último parche del régimen cubano

El régimen cubano presenta como “histórica” una medida que evidencia la improvisación de un poder que evita reformas reales, se victimiza y se encierra, mientras el país sigue a oscuras

El régimen cubano anunció recientemente la autorización para que empresas y personas puedan vender directamente la energía eléctrica que generen —principalmente a partir de fuentes renovables— tanto a terceros como a la estatal Unión Eléctrica.

La medida, presentada con tono triunfalista en la televisión oficial, llega en medio de una crisis energética crónica que afecta a la isla desde hace años y que se traduce en apagones interminables, paralización productiva y malestar social creciente.

Según explicó Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, en el programa Mesa Redonda, hasta ahora los generadores privados o institucionales solo podían vender su energía al sistema estatal.

Con la nueva disposición, se abre la posibilidad de comercializarla directamente con otros consumidores, ya sean empresas, industrias o instituciones “con capacidad para adquirirla”.

El régimen cubano intenta vender la iniciativa como un paso audaz dentro de un supuesto programa integral para aumentar la generación eléctrica mediante fuentes renovables.

Sin embargo, el anuncio deja al descubierto una realidad incómoda: el Estado reconoce implícitamente su incapacidad para garantizar un servicio básico y, en lugar de asumir responsabilidades estructurales, opta por medidas parciales que no atacan el problema de fondo.

 

 

Medidas desesperadas, no soluciones reales

Lejos de impulsar una reforma profunda del modelo energético —y del modelo político y económico en general—, el régimen cubano continúa apostando por parches coyunturales.

La apertura limitada a la venta directa de energía no viene acompañada de garantías claras, marcos legales transparentes ni libertades económicas reales. Todo sigue condicionado al control estatal, a permisos discrecionales y a un entorno donde el emprendimiento existe solo mientras no desafíe el poder central.

En el mismo anuncio oficial, las autoridades mencionaron otros esfuerzos, como el incremento de la producción nacional de petróleo a partir de pozos existentes, mediante “distintas vías” de financiamiento y negociaciones gestionadas por CUPET junto a compañías extranjeras.

También se habló, de manera vaga, de decisiones enfocadas al “ahorro energético”, sin detallar medidas concretas.

El patrón se repite: promesas difusas, lenguaje burocrático y ninguna mención a reformas que incluyan libertad económica, seguridad jurídica o apertura democrática.

El régimen cubano prefiere encapsularse, victimizarse frente a factores externos y evitar cualquier negociación que implique ceder control político.

Reacciones en redes: escepticismo y hartazgo

Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar. Numerosos cubanos cuestionaron la medida, señalando que solo beneficiará a un grupo reducido con acceso a capital, tecnología y conexiones con el Estado.

Otros denunciaron que el Gobierno pretende trasladar su responsabilidad a ciudadanos y empresas, mientras mantiene intacto el monopolio y la falta de libertades.

Comentarios como “ahora también tenemos que generar nuestra propia electricidad porque el Estado no puede” o “sin libertad económica ni democracia, esto es otro negocio controlado por ellos” reflejan un sentimiento extendido de cansancio y desconfianza.

Para muchos, el anuncio no es una solución, sino otra prueba de que el régimen cubano administra la crisis para sobrevivir políticamente, no para sacar al país del colapso.

Un problema estructural que exige algo más que propaganda

La crisis energética cubana no es técnica, es estructural. Está ligada a décadas de mala gestión, centralización extrema, corrupción y ausencia de libertades del régimen cubano.

Mientras el régimen cubano se niegue a sentarse a negociar una salida real que incluya democracia, Estado de derecho y apertura económica genuina, cualquier medida seguirá siendo cosmética.

Cambiar quién puede vender electricidad no cambia el hecho esencial: sin libertad, sin instituciones sólidas y sin un modelo abierto al mundo, Cuba seguirá apagada, por dentro y por fuera.

Fuentes:
– Cubadebate, información oficial difundida en Mesa Redonda
https://www.cubadebate.cu
– Reuters, cobertura sobre la crisis energética en Cuba
https://www.reuters.com

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