Apagones en Cuba: La crisis energética se profundiza pese a la propaganda oficial
Un inicio de agosto marcado por los apagones
El mes de agosto comenzó en Cuba bajo el mismo panorama que se ha vuelto rutina para millones de ciudadanos: apagones constantes, incertidumbre energética y un deterioro progresivo en la calidad de vida.
A pesar del discurso triunfalista del régimen, la realidad energética del país refleja un sistema al borde del colapso.
La Guiteras entra y sale del sistema
La Central Termoeléctrica (CTE) Antonio Guiteras, considerada la más importante del país, volvió a salir de servicio esta semana tras nuevas averías en su caldera.
Esto ocurre apenas días después de haber sido sometida a reparaciones que no resistieron el desgaste de una infraestructura obsoleta. El propio director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, reconoció que “se arregla un número de tubos, pero otros que estaban bien luego fallan”, evidenciando la fragilidad del sistema.
Un intento de distraer: la maquinaria propagandística del régimen
En medio del malestar social provocado por los prolongados apagones, el régimen activó su aparato propagandístico.
Medios oficiales y perfiles progubernamentales en redes sociales —las llamadas “ciberclarias”— destacaron las labores de los trabajadores en la Guiteras, a quienes se calificó de “héroes”. El objetivo: distraer la atención del colapso estructural y apelar a la emotividad popular.
Una mejoría fugaz que no resuelve el problema
Este viernes se anunció el retorno temporal de la Guiteras al sistema eléctrico, un logro que fue amplificado con entusiasmo por el aparato oficialista.
Sin embargo, la entrada de una sola central no puede ocultar la magnitud del déficit energético nacional. Los ciudadanos lo saben: cuando se repara una planta, otra falla o entra en mantenimiento, prolongando un ciclo de apagones que no tiene visos de acabar.
Apagones generalizados: un país en penumbra
Según el último parte de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE), para este sábado el déficit de generación alcanzará los 1744 MW. Cinco centrales térmicas están fuera de servicio, ya sea por averías o mantenimientos.
Además, 75 generadores diésel permanecen inactivos por falta de combustible, y la patana flotante ubicada en Regla también quedó fuera de servicio por el mismo motivo, sumando un déficit adicional de 698 MW.
Parques solares: inversión sin impacto real
El gobierno ha presumido la instalación de 24 nuevos parques solares, pero su aporte al sistema es limitado y dependiente de la luz solar del mediodía.
La falta de tecnologías de acumulación impide que su producción sea útil durante la noche, cuando la demanda también es elevada.
Mientras tanto, la reciente salida de la patana turca de La Habana, con capacidad de 240 MW, por “razones comerciales”, refleja la falta de pagos a proveedores y profundiza la crisis.
Una crisis provocada por años de mala gestión
Los apagones actuales no son producto de una situación puntual. Durante décadas, el sistema eléctrico cubano ha sido víctima de abandono, improvisación y decisiones políticas desacertadas.
La “revolución energética” promovida por Fidel Castro forzó la importación masiva de electrodomésticos y motos eléctricas chinas sin que se ampliaran las capacidades de generación para sostener la nueva demanda.
A ello se sumó la dependencia del petróleo venezolano y una política energética centrada en inversiones ideológicas —como los parques solares sin baterías— en lugar de soluciones estructurales como nuevas plantas térmicas.
Una población cansada y escéptica
A diferencia de otros momentos, gran parte de la ciudadanía ya no cree en promesas ni en discursos edulcorados.
La experiencia diaria ha demostrado que los arreglos duran poco, los planes no se cumplen y los apagones persisten. Incluso quienes alguna vez confiaron en el sistema, hoy reconocen que la crisis energética es otro síntoma de un modelo que no logra sostener ni las necesidades básicas.
Los apagones, reflejo de un sistema colapsado
Cuba vive hoy una de sus peores crisis energéticas en décadas. Los apagones no son una anomalía ni un problema temporal: son el resultado de años de negligencia, desinversión y decisiones ideológicas.
Mientras el régimen apuesta por la propaganda, los cubanos enfrentan la oscuridad con resignación y creciente descontento. Y a menos que ocurra un cambio estructural en el modelo de gestión, los apagones seguirán siendo parte cotidiana de la vida en la isla.
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